La agresión, los ataques violentos y la muerte persiguen a los comunicadores por los cuatro puntos cardinales del país.
Cargando, por favor espere...
¿Qué es la historia? ¿Qué es la política? ¿Existe una relación entre ambas? Si existe, ¿hasta qué punto ocurre la relación? ¿La historia debe cumplir o cumple una función social o política?, y ¿la historia sirve de algo?
Las anteriores forman parte del gran número de cuestiones que los historiadores se plantean en el curso de su carrera. Desde que el hombre comenzó a desarrollar su intelecto y a interrogarse sobre su pasado, la historia cobró un sentido, que era precisamente conocer su origen, pero, ¿para qué? ¿Qué sentido tenía conocer el pasado? El objetivo principal de los antiguos historiadores fue justificar la ascendencia de un individuo o una colectividad con la intención de justificar la posición social o política de uno u otra. En otras palabras, la historia perseguía un fin político. Esto se puede observar tanto en la Ilíada –en la que Homero nos muestra un “catálogo de naves” con extrapolaciones posteriores y la estirpe de los caudillos aqueos– como en las Historias, de Heródoto –en las que el autor se esfuerza en la historia del linaje de los medos y los griegos-.
En El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, Carlos Marx anotó que “la tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos”. Sólo que la resurrección de los muertos puede servir para glorificar las nuevas luchas o para parodiar las antiguas –todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen dos veces (…), una vez como tragedia y la otra como farsa”. En el Prefacio a la contribución de la crítica a la economía política, el mismo Marx escribió que “así como no se juzga a un individuo por la idea que él tenga de sí mismo, tampoco se puede juzgar (una) época por la conciencia de sí misma (…).
Ahora bien, hemos atestiguado en múltiples ocasiones cómo los políticos han evocado la historia nacional con un fin particular: legitimar su discurso y por ende sus propuestas políticas. Se adscriben como herederos de ciertas figuras como Benito Juárez, Francisco I. Madero y Lázaro Cárdenas. De este ejemplo resulta claro que así como se valen de la política los historiadores, los políticos se sirven de la historia. Desde la antigüedad, la historia y la política se relacionan a niveles casi inseparables, aunque los historiadores profesionales deseen extinguir este vínculo bajo el pretexto de que pervierte el rigor científico de su disciplina.
Sin embargo, del dicho al hecho hay mucho trecho. Los políticos pueden evocar a las figuras que gusten y manden, pero la simple enunciación de este parentesco histórico no significa que, en los hechos, representen el mismo papel que el prócer de la Reforma, el “apóstol” de la democracia y el autor de la expropiación petrolera o que continúen su legado. La misma regla aplica para los que deliran con la inminencia de la tan llevada y traída “Cuarta Transformación” nacional. En este caso, la nueva escena de la historia mexicana ofrece un aspecto cómico. En estos momentos, los vivos conjuran a los muertos para ocultarse a sí mismos el contenido limitado de su lucha. Aquí, “la frase desborda el contenido”.
Pero –parafraseando a Marx–, la revolución social que reclama nuestro país “no puede sacar su poesía del pasado, sino solamente del porvenir. No puede comenzar su propia tarea antes de despojarse de toda veneración supersticiosa por el pasado. Las anteriores revoluciones necesitaban remontarse a los recuerdos de la historia universal para aturdirse acerca de su propio contenido”. La revolución que reclama México “debe dejar que los muertos entierren a sus muertos, para cobrar conciencia de su propio contenido. (…)”, aquí, el contenido desborda la frase.
La agresión, los ataques violentos y la muerte persiguen a los comunicadores por los cuatro puntos cardinales del país.
Los comunicadores en México no sólo enfrentan hoy amenazas, campañas de desprestigio, demandas judiciales y estigmatizantes discursos oficiales, sino también desapariciones forzadas y ataques mortales.
La no renovación del Tratado entre México, EE. UU. y Canadá impactará en el desarrollo de México.
Ese castigo multidimensional ha sido la venganza imperial contra la osadía de los cubanos que, al triunfo de su Revolución en 1959, adoptaron el socialismo para salir del subdesarrollo.
Este breve texto quiere presentar un panorama claro de la situación actual de la IA en el capitalismo.
La escuela pública debe ser defendida y fortalecida.
Lo que nos ha enseñado la historia de la filosofía es que el desarrollo del pensamiento va dejando huella.
Hoy viene a la Tribuna este poeta casi olvidado.
La CDMX espera una ocupación hotelera de 61.63 por ciento.
Semar prevé variaciones de hasta 1.05 metros sobre el nivel normal del mar y corrientes peligrosas en la costa de Chiapas.
Carlos Slim comprará el 30 por ciento del yacimiento de crudo KAN.
Usuarios en redes sociales reportaron que el movimiento también se sintió en la Ciudad de México. También hay deslizamientos de tierra en Guatemala.
Esperan que la economía crezca entre 0 y 1 por ciento este año.
Estos acuerdos afectan el bienestar de la fuerza laboral y frenan la reasignación eficiente del talento.
Las finanzas públicas presentaron un subejercicio equivalente al 1.2 por ciento del PIB.
EE. UU. impulsa alianza internacional para combatir a la “extrema izquierda”
Temen habitantes de Magdalena Contreras por desgajamiento en San Bernabé
"Por México", convocan a marcha nacional pacífica contra Israel
Mientras el mundo grita GOL, Irán entierra a sus muertos
Avanza expansión petrolera de Grupo Carso en el Golfo de México
Escrito por Victoria Herrera
Maestra en Historia por la UNAM y la Universidad Autónoma de Barcelona, en España.