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Política
Sin aulas no hay educación
La escuela pública debe ser defendida y fortalecida.


El año pasado leí un artículo de Gabriel Zaid titulado “Educar sin aulas”, donde sostiene la tesis de que la educación formal ha terminado por convertirse en una fábrica de credenciales desvinculadas del aprendizaje real. Ante ello, reivindica la educación fuera de la escuela, la que nace de la experiencia no mecánica, la lectura, la convivencia y el trabajo. En ese punto coincido con él. Sin embargo, su postura termina por privilegiar la capacidad de producir y demostrar resultados sobre la formación escolar, subordinando el valor de la educación a su utilidad práctica.

Pensemos en un joven que acaba de graduarse de la preparatoria y le pide a Zaid un consejo sobre si vale la pena continuar sus estudios para obtener un nuevo grado académico. Probablemente le respondería que no se aprende a nadar frente a un pizarrón, sino echándose al agua. Añadiría que, si tiene suerte, encontrará buenos maestros; pero que la verdadera desilusión llegará cuando descubra que el mundo está lleno de profesionistas titulados que terminan trabajando en una actividad diferente a lo que estudiaron. Bajo esta lógica, resulta razonable concluir que lo mejor es “educarse por uno mismo”, es más barato y permite incorporarse lo antes posible al mercado laboral.

Este razonamiento supone que todos los individuos cuentan con las mismas condiciones para convertir esa libertad en una posibilidad real. Sin embargo, la pregunta no es si es posible aprender sin aulas, sino quién puede hacerlo. Cuando la educación se analiza únicamente desde la perspectiva de la experiencia individual, se ocultan las desigualdades materiales que consideran a la escuela como una opción prescindible para unos y la principal vía de acceso al conocimiento para otros. Son millones los jóvenes que, al concluir el bachillerato, se enfrentan a su realidad: ingresar, como primera opción, a una universidad pública; si no obtienen un lugar, se ven obligados a trabajar y estudiar simultáneamente para costear una institución privada; o se incorporan al ejército industrial de reserva. Por eso, en última instancia, las condiciones económicas y materiales determinan la forma en que el sistema educativo se organiza, se imparte y se desarrolla. La pedagogía no existe al margen de esas condiciones; por el contrario, suele quedar subordinada a ellas. De ahí que la enseñanza adquiera el carácter mecánico y acrítico que Zaid plantea con acierto.

La propuesta de educarse más allá de las aulas siempre será valiosa, por lo menos bajo el precepto de Juan José Arreola, quien aconsejaba que todo deber del conocimiento nace de la libertad de conocer, de descifrar el mundo, y no de la obligación de entenderlo mecánicamente. En ese sentido, la educación escolar conserva plena vigencia como un sistema cuya función social consiste en democratizar y socializar el conocimiento. Frente a ello, el autodidactismo y la educación digital, aunque valiosos, resultan todavía insuficientes para sustituirla.

La escuela pública debe ser defendida y fortalecida. No porque sea perfecta, sino porque es el principal espacio de acceso al conocimiento para quienes menos tienen. La tarea no consiste en abandonarla, sino en transformarla. Como señaló Irma Villalpando en su artículo El valor de la escuela: respuesta a Gabriel Zaid, la crítica no debería dirigirse contra la existencia misma de la escuela, sino contra su incapacidad para convertirse en una institución más inteligente, más incluyente y con capacidad genuina de movilidad social.

En estas fechas de graduaciones y cierres de ciclo escolar conviene recordar que la educación pública, la educación en las aulas, se mantiene como una de las herramientas más importantes para reducir las desigualdades. Mejorarla no es un asunto burocrático ni administrativo, es una necesidad política y social que beneficia, sobre todo, a quienes históricamente han tenido menos oportunidades.


Escrito por Gerardo Almaráz

Autor del libro Vestigios (Esténtor, 2022), actualmente es becario del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA, Oaxaca), 2025 en el área de poesía.


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