Más de 11 mil grabaciones se realizaron en 574 colonias de la capital; Roma Norte, Juárez y Ciudad Jardín fueron las locaciones más utilizadas.
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El cine silente tuvo en Serguei Eisenstein a su mejor exponente, dado que sus películas son consideradas como obras maestras. Antes de dedicarse al séptimo arte, Eisenstein había estudiado arquitectura e ingeniería, y en 1918 se unió al Ejército Rojo; su padre, también arquitecto, había abandonado a la familia años atrás, participó en el Ejército Blanco, es decir, en las fuerzas contrarrevolucionarias que buscaban derrocar al poder soviético.
Serguei participó en la guerra civil, primero como soldado y luego como propagandista del nuevo orden socialista. Fue en esos primeros años de actividad política cuando conoció el teatro japonés kabuki. Sin embargo, Eisenstein, con mucha inquietud no sólo por la lucha, sino por el arte, comenzó a involucrarse en el cine. Serguei buscó desarrollar una estética que sirviera al proletariado a través del cine. Por esta razón, el cineasta soviético narró –en sus filmes‒ la problemática social, la lucha revolucionaria del pueblo ruso y los pueblos que conformaron la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).
La huelga (1925) fue su primer largometraje; a esta obra le siguieron El acorazado Potemkin (1925); Octubre: los diez días que estremecieron al mundo (1925); en 1930 filmó en nuestro país Que viva México, patrocinado por un grupo de financiadores estadounidenses ‒encabezados por Upton Sinclair‒; Eisenstein trabajó varios meses en México; su idea era hacer un filme que mostrara la realidad mexicana a través del celuloide: desde el mundo prehispánico hasta la Revolución. Nunca pudo terminar esta obra, que duró décadas sin estrenarse. Fue en 1979 cuando se presentó en el Festival de cine de Moscú.
En 1938, Eisenstein filmó Alexander Nevski, una cinta épica sobre la hazaña del héroe ruso que en el Siglo XIII derrotó a los invasores teutones. Se acercaba la Segunda Guerra Mundial, y el gobierno soviético apoyó y difundió esta película, pues se preparaba para la agresión nazi. En 1942, el cineasta soviético rodó Iván el Terrible, dividida en tres partes (la primera fue bien acogida por el gobierno soviético, pero las otras partes fueron confiscadas y ocultadas mucho tiempo). Fue hasta 1958 cuando esas partes se estrenaron en la URSS.
Cabe destacar que Serguei Eisenstein fue un cineasta revolucionario en dos aspectos: en el sentido de que su trabajo de creación cinematográfica mostró al mundo una forma innovadora de hacer el montaje; el cineasta soviético fue un maestro del montaje. Aquí hago una reflexión necesaria para mis lectores. Es probable que este cine primigenio ‒considerando todo el cine silente hecho en Estados Unidos, Europa, Asia, América Latina y otras partes del mundo‒ parezca un cine muy elemental que, ahora, al compararlo con el actual, las diversas obras parezcan ‒válgame la comparación‒ pinturas rupestres de la edad prehistórica; y aun así, resulta asombrosa la capacidad artística de aquellos hombres prehistóricos que plasmaron la vida en la Tierra, por ejemplo, en las Cuevas de Altamira; pues, a pesar de que sus pigmentos, sus técnicas para plasmar las imágenes sobre las rocas eran muy primitivas, las imágenes son verdaderamente deslumbrantes y llegan realmente a conmover la sensibilidad de los hombres y mujeres actuales, pues los animales pintados y todas las figuras que se plasmaron en esas cuevas tienen un asombroso sentido estético. Con esta perspectiva podemos ver al cine silente. Así es el cine de Eisenstein.
La segunda razón por la que se puede ubicar como revolucionario al cineasta soviético es su postura político-ideológica: Serguei no creaba arte cinematográfico para complacer a las clases explotadoras o engordar una fortuna personal; Eisenstein filmó para difundir al mundo la gran importancia de la Revolución Rusa de 1917, encabezada por Lenin. Su cine no fue, como en el caso del expresionismo alemán, una crítica a la sociedad que estaba gobernada por la socialdemocracia, corriente política que ‒al no tener una concepción científica del desenvolvimiento social‒ terminó en un terrible fracaso; crítica que sólo expresaba la angustia, la desesperanza, pero no daba un verdadero aliento hacia un cambio social revolucionario. Eisenstein comprendió la grandeza de Lenin y de la gran gesta histórica representada por la Revolución de Octubre. Fue, por tanto, pionero del Realismo Soviético.
Más de 11 mil grabaciones se realizaron en 574 colonias de la capital; Roma Norte, Juárez y Ciudad Jardín fueron las locaciones más utilizadas.
El Expresionismo mostraba algo más complejo y de calado más interno: la angustia social, el sobrecogimiento moral y anímico de una sociedad en crisis.
El cine silente podría parecer algo arcaico para los espectadores del mundo actual.
Estas primeras producciones –casi todas de corta duración– eran cine documentalista que llamaba la atención de un público creciente.
Ven y mira es una narración fílmica que logra captar con profunda nitidez y elocuencia lo que sufrió el pueblo soviético durante La Segunda Guerra Mundial.
Liberación fue criticada en Occidente, acusándola de constituir una serie de películas “propagandísticas” que pretendían opacar las versiones cinematográficas estadounidenses y europeas sobre la Segunda Guerra Mundial.
Liberación está dividido en cinco filmes que fueron dirigidos por el realizador soviético Yuri Ozerov.
La Ascensión nos narra cómo dos combatientes partisanos soviéticos robaron una oveja a un colaboracionista de los nazis.
Pocas veces, una cinta como Cuando vuelven las cigüeñas (1954), del soviético Mijail Kalatazov, logra ser una obra de arte de alto contenido artístico y, sobre todo, reflejar el arte cinematográfico de forma realista y poética.
En pleno auge de la Guerra Fría, el filme soviético Aquí los crepúsculos son más apacibles (1972), del realizador Stanislav Rostotki, da un ejemplo del buen cine realizado en aquel país durante décadas.
La balada del soldado es una historia de gran aliento humano; narra la vida y el amor que se mueven en el ámbito de la muerte y la destrucción. La balada del soldado es una joya de la cinematografía mundial.
Las cintas que abordan historias ocurridas durante la Segunda Guerra Mundial son tal vez las más numerosas de toda la filmografía global.
Adeudos, pagos irregulares, esquemas de contratación que evitaban responsabilidades laborales y despidos son sólo algunas de las irregularidades.
La cazadora roja es un filme ruso (2015) del realizador ruso Sergey Mokritskiy, que nos relata la vida de la francotiradora soviética Ludmila Pavlichenko.
Las plataformas streaming de cine y espectáculos tienen una cantidad abrumadora de películas, series y documentales disponibles que se caracterizan por contenidos insulsos.
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Escrito por Cousteau
COLUMNISTA