Los compañeros narra las andanzas del profesor Sinigaglia (Marcello Mastroianni), quien es un activista de la lucha sindical, que está huyendo de la persecución política por sus actividades en el seno de la lucha obrera.
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Pocas veces, una cinta como Cuando vuelven las cigüeñas (1954), del soviético Mijail Kalatazov, logra ser una obra de arte de alto contenido artístico y, sobre todo, reflejar el arte cinematográfico de forma realista y poética. Fue ganadora de la Palma de Oro en 1958 durante el Festival de Cannes y otros premios internacionales. Muchos críticos de cine internacional, desde entonces, han manifestado la admiración por la célebre cinta.
¿Cuál es el secreto de Cuando vuelven las cigüeñas que ha permitido que, después de más de sesenta y cinco años de haberse filmado, cautive todavía a los espectadores? Definir esto no resulta sencillo, pues toda auténtica obra de arte cinematográfico no sólo debe reunir los factores esenciales (actuación de los protagonistas, fotografía, montaje, efectos especiales, escenografía, etc.) para constituirse como tal, sino que estos factores deben conjugarse con verdadero sentido de armonía y profundo sentido estético.
Confieso que, en mi vida, he visto Cuando vuelven las cigüeñas cuando menos cuatro veces y en todas esas ocasiones me ha quedado la muy agradable sensación de que el director soviético Kalatazov tuvo un momento de su vida de enorme inspiración al filmarla; pues, supo –tal vez en buena parte de forma instintiva– realizar una película llena de secuencias poéticas. La historia de Verónica (Tatiana Samoilova) y de Boris (Aleksey Batálov), pareja de jóvenes rusos que, debido a que éste debe enlistarse en el ejército soviético para defender a su patria durante la Segunda Guerra Mundial, se separa de su novia y muere heroicamente en el frente de batalla.
Verónica pierde a sus padres durante un bombardeo aéreo del ejército alemán y se va a vivir a casa de los padres de Boris; dadas las difíciles condiciones del asedio militar, Verónica se relaciona con el primo de Boris, Mark; se casa con él, pero paulatinamente descubre que éste es un ser envilecido; que sobornó a las autoridades para no ir a la guerra; aquí hay una buena crítica a la corrupción y descomposición de ciertos sectores de la burocracia soviética (décadas después, ese sector de la burocracia, con sus errores y su traición, provocaría la caída del socialismo en la URSS); Mark era infiel, oportunista, convenenciero y cobarde.
Verónica comienza a detestar a Mark y la ruptura con él se da cuando éste le roba un regalo de Boris –una ardilla de peluche– para entregarlo a una mujer veleidosa y corrompida como él mismo. Verónica, que es enfermera, escucha en un hospital cómo el padre de Boris –que es el médico jefe– cuestiona a un soldado convaleciente que lanza alaridos de dolor, pues acaba de recibir una carta informándole que su novia lo traicionó. Verónica escucha y, en un arrebato de vergüenza y dolor, decide arrojarse a las vías del tren, pero ve cómo un niño está a punto de ser atropellado por un carro y lo salva, salvándose ella misma, pues decide esperar a su querido Boris.
La guerra termina y, en la estación del ferrocarril, arriban los soldados triunfantes; todo es felicidad y Verónica espera ansiosa con un ramo de flores, pero Estepan –amigo de Boris– le informa que él murió salvando la vida de un compañero. Ella se ahoga en llanto, Estepan sube a la locomotora y ante un maremagnum de personas –soldados con sus familiares–, da un discurso tan conmovedor que hace reaccionar a Verónica. Escenas maravillosas, cuando ésta se sacude su llanto y regala flores a muchos, con los que comparte su gran momento de felicidad. La cinta presenta una muy buena actuación de Tatiana, una fotografía cuya sobriedad es altamente estética, un montaje excelente, unos close-ups de primera con gran expresividad de los rostros; todo esto determina un gran resultado: el cine se vuelve poesía visual.
Los compañeros narra las andanzas del profesor Sinigaglia (Marcello Mastroianni), quien es un activista de la lucha sindical, que está huyendo de la persecución política por sus actividades en el seno de la lucha obrera.
En El Gatopardo, Visconti utiliza de forma más discreta el cine coral, es decir, emplea escenas en donde las masas son parte importante de la trama histórica.
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Ladrón de bicicletas ganó premios cinematográficos importantes en aquellos años de la posguerra.
El documental de Yuval Abraham y Rachel Szor, centrado en el conflicto en Gaza, se convirtió en el único largometraje documental de la competencia principal del festival.
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En esta película, Chaplin nos muestra que el arte cinematográfico puede ser un poderoso vehículo para la “humanización” de millones de seres humanos.
Las películas de Chaplin reflejan el sufrimiento de los descamisados, los parias.
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El filme nos muestra, cómo los colonizadores europeos tienen esclavizados a los aborígenes, cómo matan al menor intento de inconformarse contra el maltrato.
Escrito por Cousteau
COLUMNISTA