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¿Ya perdió EE. UU. la guerra en Irán?
Irán tiene la posibilidad de destruir grandes centros urbanos, sedes de grandes capitales de todo el mundo.


 Las entrevistas que hace Glenn Diesen en su canal de YouTube son muy variadas y enfocan diversos aspectos de la guerra instrumentada por el imperialismo contra Irán; se analizan desde los factores económicos, pasando por los históricos, geopolíticos y geoestratégicos, hasta los militares.

Tales entrevistas no pretenden justificar la agresión del imperialismo y del sionismo contra la nación persa; por el contrario, su perspectiva es –sin ubicarse como narrativa desde el enfoque de lucha antiimperialista en pro de China– un constante señalar los errores del imperialismo norteamericano; tampoco se orienta desde el materialismo dialéctico, aunque es abiertamente crítico respecto de los objetivos expoliadores del hegemonismo estadounidense.

Hay una entrevista muy reciente realizada por el periodista y politólogo noruego al profesor de la Universidad de Chicago, John Mearsheimer, en la que éste desglosa con objetividad las razones por las que él considera que Estados Unidos (EE. UU.) está perdiendo la guerra que inició hace 13 días contra Irán. Los factores mencionados por el profesor norteamericano ya han sido señalados por otros analistas; sin embargo, el valor de las opiniones del mismo radica no sólo en su objetividad, sino que son emitidas por un catedrático norteamericano, a quien no pueden acusar de ser antiestadounidense (incluso, Mearsheimer, cuando opina, habla en 1ª persona del plural, por ejemplo: “estamos bombardeando” “hemos perdido nuestros radares”, etc.).

Mearsheimer señala que Irán no tiene, en estos momentos, después de varias jornadas de enfrentamiento militar, ninguna razón para solicitar un acuerdo de paz, dado que tiene a su favor sus misiles que han resultado muy eficaces para dañar las bases militares estadounidenses en el Golfo Pérsico y tienen la posibilidad de dañar la infraestructura petrolera de las monarquías del Golfo, aliadas de EE. UU., con misiles y drones, donde se produce más del 20 por ciento del petróleo mundial.

Irán tiene la posibilidad de destruir grandes centros urbanos, sedes de grandes capitales de todo el mundo; y algunas de las ciudades más famosas son el epicentro del turismo mundial. Incluso –señala Mearsheimer– Irán puede destruir las plantas desalinizadoras existentes en los países del Golfo, aliados de EE. UU., las cuales proporcionan hasta (como el caso de Riad) el 90 por ciento del agua dulce que consumen, y que son vitales para la vida humana, la agricultura y otras actividades. “¿Calculó –pregunta Mearsheimer– todo esto el gobierno de Donald Trump?”; cuando se refiere a la declaración del Secretario de guerra estadounidense, Pete Hegtseth, que anunció: “este martes –10 de marzo– subiremos la escalada contra Irán como nunca se ha visto”, al respecto el académico advierte: “Irán puede destruir a ciudades e infraestructura de todos los países del Golfo, ¿Podrá y querrá realmente subir la escalada bélica EE. UU.? Eso no va a funcionar, eso es muy peligroso para los intereses de EE. UU.”

Mearsheimer pone el índice de fuego sobre la política belicista de EE. UU. cuando afirma que antes de iniciar la agresión contra Irán fueron muchas las voces de advertencia hacia Trump de que la guerra no daría resultados favorables. Trump y su equipo de halcones pensaron que “decapitando al régimen iraní habría cambio de gobierno; y, si la decapitación no funcionaba, el castigo y sufrimiento infligidos iba a ser tan fuerte, que los iraníes pedirían misericordia. Sin embargo, ni una cosa ni otra ocurrió”. Trump ignoró estas advertencias.

El experto revela que, nunca y en ningún lugar, un bombardeo aéreo ha sido suficiente para ganar una guerra; hace falta el despliegue de tropas por tierra. Para Mearsheimer, Netanyahu, primer ministro israelí (y mayor carnicero de los sionistas), llevó a Trump a una aventura, hacia donde creyeron que ganarían fácilmente esta guerra.

En mi opinión, amigo lector, lo que está determinando tan malos resultados a EE. UU. y su aliado en Medio Oriente es que el imperialismo, en su inexorable caída, está buscando salvarse de su decadencia; y para lograr este cometido se ve obligado a mentir a su pueblo, y lo peor –como coinciden Glenn Diesen y Mearsheimer– se engañan ellos mismos: se creen sus mentiras. Los líderes de los imperios decadentes, como frecuentemente nos ha mostrado la historia, pierden la noción de la realidad objetiva; y eso es también parte de su decadencia. 


Escrito por Cousteau

COLUMNISTA


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