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Sextante
El cine expresionista alemán
El Expresionismo mostraba algo más complejo y de calado más interno: la angustia social, el sobrecogimiento moral y anímico de una sociedad en crisis.


A diferencia de Estados Unidos (EE. UU.), donde el cine de las primeras décadas del Siglo XX expresaba la pujanza de una sociedad capitalista ascendente y próspera, en Alemania, que había perdido en la Primera Guerra Mundial y producto de esa derrota los vencedores (Reino Unido, Francia y EE. UU.) le impusieron una serie de sanciones territoriales, económicas y militares (debió ceder 15 por ciento de su territorio europeo, conceder todas sus colonias en África, China y el Pacífico), se le impuso el pago de indemnización de 132 mil millones de marcos en oro; también se le impuso pagar en especie con ganado, carbón, químicos y barcos. Y, en cuanto a su ejército, sólo podía tener 100 mil soldados ‒sin tanques ni aviones ni artillería pesada‒. Estas sanciones se establecieron en el Tratado de Versalles, firmado el 28 de junio de 1919. La burguesía alemana consideró estas restricciones como “humillantes”.

En ese contexto surgió el gobierno al que se conoce como “República de Weimar”, encabezado por la socialdemocracia alemana; un gobierno inepto, lleno de políticos ambiciosos que, bajo la careta de “izquierda”, llevó a Alemania a una profunda crisis económica y social; la hiperinflación se desbordó, crecieron notablemente la pobreza, el desempleo, la falta de atención a las necesidades del pueblo, y, por ende, se incrementó la inconformidad y el desaliento. Esa atmósfera decadente y opresiva fue el caldo de cultivo en el que se desarrolló la corriente del Expresionismo alemán.

El Expresionismo era, en apariencia, una respuesta estética a la corriente pictórica que dominó al arte europeo ‒particularmente en Francia‒ desde mediados y hasta finales del Siglo XIX: el Impresionismo. Algunos especialistas señalan que mientras el Impresionismopresentaba directamente ‒sensorialmente‒ a la realidad, el Expresionismo mostraba las hondas inquietudes de los artistas, su parte subjetiva y profundamente emocional. Sin embargo, el Expresionismo mostraba algo más complejo y de calado más interno: la angustia social, el sobrecogimiento moral y anímico de una sociedad en crisis, donde resultan insuficientes las esperanzas de remontar la situación.

Los grandes cineastas del Expresionismo fueron Friedrich Wilhelm Murnau, George Wilhelm Pabst y Fritz Lang. Cada uno de estos directores realizó su obra en las condiciones del cine mudo; pero su arte, aún hoy, sigue siendo admirado, aunque haya pasado más de un siglo.

Murnau filmó Nosferatu en 1922, la historia del vampiro de Transilvania, basada en la novela de Bram Stoker, cinta que muestra al vampiro y el daño ejercido sobre la población de una ciudad. Pero es una metáfora, pues Nosferatu es el mal desempeño del gobierno, incapaz de impedir que crezca una epidemia, incompetente para impedir la muerte de personas inocentes. Nosferatu es el trauma colectivo, el fracaso de la tecnología; el final de la cinta nos muestra la quiebra de la razón autoritaria y el triunfo del bien a través de una mujer virtuosa, quien se sacrifica para matar a la bestia.

Murnau filmó la película Amanecer (1927) en EE. UU.; sin embargo, el realizador no se dejó llevar por la vorágine comercial y en muchos sentidos enajenante del cine hollywoodense; pues en esta cinta efectúa una crítica a la “nueva mujer”, producto de la sociedad más avanzada del capitalismo mundial. La “nueva mujer” es la antítesis de la esposa fiel y compañera auténtica de los matrimonios bien avenidos. Además, Murnau critica a las grandes ciudades gringas llenas de lujos, de rascacielos, centros nocturnos y todo tipo de espectáculos, pero vacías en el fondo, llenas de vicios y vulgar hedonismo. 


Escrito por Cousteau

COLUMNISTA


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