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Economía
Aumentan los despidos en Alemania
Los despidos en Alemania no son más que una expresión de las tendencias del capitalismo causadas por la competencia.


En días recientes, diversos medios de comunicación anunciaron la reestructuración de la producción del Grupo Volkswagen, que implicará el despido de hasta 100 mil trabajadores y el cierre de al menos cuatro plantas productivas en Alemania. Esta cifra se suma a los 35 mil puestos eliminados por el mismo grupo y otras empresas del sector en 2024. La Asociación Alemana de la Industria Automotriz proyecta que se perderán otros 125 mil empleos en el sector para 2035. La apuesta del Grupo alemán, antes pionero en la industria automotriz, es invertir en automatización e Inteligencia Artificial para reducir costos y recuperar su cuota de mercado, sobre todo en materia de autos eléctricos, donde China ha tomado la delantera.

Para explicar este fenómeno debemos recordar lo que ya decía Marx sobre la competencia. En el capitalismo, la competencia impulsa el desarrollo de las fuerzas productivas, pero también tiende a hacer desaparecer a las empresas que no logran adaptarse a los niveles de innovación que exige el mercado. La búsqueda de mercados obliga a las empresas a reducir precios y, consecuentemente, los costos. Así, se ven forzadas a introducir mejores máquinas y tecnología más sofisticada, en detrimento de la contratación de mano de obra. Un ejemplo claro de esta tendencia es la llamada Industria 4.0 o fábricas inteligentes, cuyo potencial productivo más acabado son las fábricas oscuras, donde la producción es casi totalmente automatizada y el trabajo humano es mínimo.

El retraso de Volkswagen en la carrera de los coches eléctricos no es gratuito. Durante varias décadas, Volkswagen, BMW y Mercedes-Benz fueron las pioneras indiscutibles del motor de combustión interna. Sin embargo, cambiar su producción a motores eléctricos implicaba abandonar gran parte del capital fijo invertido en plantas y maquinaria para motores de gasolina y diésel. Esta inercia, conocida en la teoría económica como trampa del incumbente, refleja la dificultad de los grandes oligopolios para reorientar sus inversiones cuando su modelo de negocios sigue siendo rentable. Por ello, los grandes fabricantes presionaron al Estado alemán y a la Unión Europea para retrasar cualquier regulación que exigiera una transición acelerada a los motores eléctricos. El factor petrolero también influyó, pues, aunque Alemania importa casi todo el petróleo que consume, los precios comparativamente bajos de los combustibles fósiles, en relación con el alto costo de la electricidad, hicieron que los coches eléctricos fueran menos atractivos para el consumidor. En resumidas cuentas, la industria alemana estaba profundamente integrada en la cadena de valor del petróleo, por lo que había más intereses por mantener la producción de vehículos de combustión interna.

Aun así, el gobierno tomó medidas para incentivar la producción y el consumo de automóviles eléctricos. Sin embargo, no pudo continuar subvencionando el precio de este tipo de vehículos por carecer de recursos en sus arcas públicas. En 2023, por ejemplo, se reasignaron 60 mil millones de euros de fondos de reserva para la pandemia de Covid-19 hacia el Fondo para el Clima y la Transformación, pero el gobierno de Olaf Scholz tuvo que suprimir el bono ecológico porque carecía de fondos necesarios para mantenerlo.

Por el contrario, en el caso de China, el Estado diseñó una estrategia a largo plazo para dominar la cadena de valor de los vehículos eléctricos: la extracción y transformación de minerales, la producción de baterías, motores y demás componentes. Esta planificación estatal, que responde a una lógica distinta a la del capitalismo de mercado, permitió a China no sólo ensamblar, sino también desarrollar tecnología propia a partir de la experiencia productiva acumulada.

En resumidas cuentas, los despidos en Alemania no son más que una expresión de las tendencias del capitalismo causadas por la competencia. Ésta obliga a que se desarrollen las fuerzas productivas y aquellos capitales que quedan rezagados eventualmente tienen que nivelarse tecnológicamente, so pena de desaparecer. Incluso y si temporalmente tienen el apoyo de sus gobiernos para mantener sus niveles de beneficios sin modificar su planta productiva, al final terminan sometiéndose a la competencia capitalista internacional. Finalmente, no hay que olvidar que los más afectados son los trabajadores que van a ser despedidos por el impetuoso desarrollo del capitalismo. 


Escrito por Ollin Vázquez

Maestra en Economía por la UNAM.


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