Las películas de Chaplin reflejan el sufrimiento de los descamisados, los parias.
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El Chico (1921); en esta película, Chaplin nos muestra que el arte cinematográfico puede ser un poderoso vehículo para la “humanización” de millones de seres humanos. Un día, en un callejón arrabalero, el vagabundo Charlot, con sus viejos zapatones, pantalón un tanto abombado, saco raído y su inconfundible bombín, encuentra a un bebé recién nacido que fue abandonado por su madre (Edna Purviance) en el automóvil robado de una familia adinerada.
Cuando los maleantes que hurtaron el automóvil, se percatan del llanto del bebé que estaba en el asiento trasero: lo abandonan en el callejón. Charlot lo recoge e intenta deshacerse del pequeño; sin embargo, se cerciora de la condición de abandono del bebé cuando descubre una nota dejada por su desventurada madre entre la ropa del niño. Charlot decide criarlo. Ya a la edad de cinco años, el pequeño John (Jackie Coogan) ayuda a su padre adoptivo con el sustento diario, dado que Charlot se dedica a vender y colocar vidrios en las casas. Pero, John rompe cristales para que su padre obtenga trabajo.
Cuando John se enferma, el médico que lo atiende nota que Charlot no es el padre y lo denuncia ante las autoridades encargadas de los niños huérfanos, que deben ser entregados a una institución dedicada a cuidar de ellos. El chico es una obra que tuvo, desde su estreno, inmensa aceptación del púbico cinéfilo y concurrente de las salas cinematográficas de aquella época; debido a que, en esta cinta, el genio de Chaplin supo combinar magistralmente una trama humorística con el drama y mostrar a un hombre del pueblo profundamente humanista.
A más de cien años de estrenado El Chico, la magia del cine de Chaplin todavía cautiva a millones de seres humanos, que podemos apreciar que, bajo la hilarante vida de Charlot y de su hijo adoptivo, el pequeño John, se esconde la tragedia de los niños pobres, y se muestra la gran solidaridad humana de esos seres aparentemente insignificantes, pero que tienen un corazón mucho más grande que los personajes más encumbrados económica y socialmente.
Ahí está otra de las claves del humanismo de Chaplin. Su biógrafo, Jeffrey Vance, señaló a este respecto, en un ensayo sobre la cinta El chico: “permanece como una importante contribución al arte del cine, no sólo por el innovador uso de secuencias dramáticas en un largometraje cómico, sino por lo que revela de su creador. ‘Sin duda, cuando Chaplin define la cinta en su inicio, como una película con una sonrisa y, puede, alguna lágrima, tiene su credo artístico y vital, en mente’”.
La magia del cine de Chaplin también destaca porque, como pocos, supo hacer cine universal, es decir, un cine que puede ser visto y entendido bien por espectadores de diferentes edades, género, nivel cultural, nacionalidad, procedencia social, etc.
¿Por qué Chaplin tuvo esa enorme sensibilidad para reflejar el drama humano, los sufrimientos y alegrías de los desposeídos de forma tan profunda y conmovedora? Son varios los biógrafos y especialistas de la obra de Chaplin que coinciden en que lo determinante en la cosmovisión y la sensibilidad de este genio del arte fue su vida misma, sobre todo su infancia.
Chaplin fue un niño que padeció abandono, dado que su padre había sido alcohólico y su madre sufrió demencia. Esta situación lo obligó a vivir en asilos para huérfanos; cuando no estaba en los orfanatos, se ganaba la vida realizando espectáculos en la calle. El chico es una remembranza de sus días infantiles y es un homenaje al hijo que murió a los pocos días de haber nacido.
El mundo pasa ahora por tiempos oscuros, dado que la niñez mundial vive no sólo la matanza de los palestinos a manos de los sionistas (más de 20 mil niños han sido asesinados y decenas de miles mutilados). En el orden social capitalista persisten las hambrunas; las principales víctimas son niños: y qué decir de la explotación laboral infantil prevaleciente en todo el mundo. Las nuevas generaciones de seres humanos deben inspirarse en el humanismo de El Chico.
Las películas de Chaplin reflejan el sufrimiento de los descamisados, los parias.
Los cineastas latinoamericanos, africanos, asiáticos o árabes están obligados a occidentalizarse si quieren “triunfar” internacionalmente.
El filme nos muestra, cómo los colonizadores europeos tienen esclavizados a los aborígenes, cómo matan al menor intento de inconformarse contra el maltrato.
Con El Acorazado Potemkin también se sentaron las bases del realismo que inspiraría a otras corrientes del cine como el Neorrealismo italiano, el cinema novo brasileño, la Nueva ola francesa, etc.
Antes de dedicarse al séptimo arte, Eisenstein había estudiado arquitectura e ingeniería, y en 1918 se unió al Ejército Rojo.
Más de 11 mil grabaciones se realizaron en 574 colonias de la capital; Roma Norte, Juárez y Ciudad Jardín fueron las locaciones más utilizadas.
El Expresionismo mostraba algo más complejo y de calado más interno: la angustia social, el sobrecogimiento moral y anímico de una sociedad en crisis.
El cine silente podría parecer algo arcaico para los espectadores del mundo actual.
Estas primeras producciones –casi todas de corta duración– eran cine documentalista que llamaba la atención de un público creciente.
Ven y mira es una narración fílmica que logra captar con profunda nitidez y elocuencia lo que sufrió el pueblo soviético durante La Segunda Guerra Mundial.
Liberación fue criticada en Occidente, acusándola de constituir una serie de películas “propagandísticas” que pretendían opacar las versiones cinematográficas estadounidenses y europeas sobre la Segunda Guerra Mundial.
Liberación está dividido en cinco filmes que fueron dirigidos por el realizador soviético Yuri Ozerov.
La Ascensión nos narra cómo dos combatientes partisanos soviéticos robaron una oveja a un colaboracionista de los nazis.
Pocas veces, una cinta como Cuando vuelven las cigüeñas (1954), del soviético Mijail Kalatazov, logra ser una obra de arte de alto contenido artístico y, sobre todo, reflejar el arte cinematográfico de forma realista y poética.
En pleno auge de la Guerra Fría, el filme soviético Aquí los crepúsculos son más apacibles (1972), del realizador Stanislav Rostotki, da un ejemplo del buen cine realizado en aquel país durante décadas.
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Escrito por Cousteau
COLUMNISTA