La corrupción en EE. UU. es de añeja data.
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Fidel Alejandro Castro Ruz nació el 13 de agosto de 1926 en Birán, antigua provincia de Oriente. En 1945 ingresó a la Universidad de La Habana donde se graduó en 1950. El 26 de julio de 1953, con un grupo de aproximadamente 120 hombres, intenta tomar por asalto al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba. Muchos combatientes fueron asesinados y el resto apresados, entre ellos Fidel. Fue sentenciado a 15 años de prisión en Isla de Pinos, pero salió en libertad 22 meses después gracias a una amnistía. Viajó al exilio en México donde conoció a Ernesto Ché Guevara.
El dos de diciembre de 1956 regresó a Cuba al mando de 82 expedicionarios en el yate Granma, los rebeldes fueron sorprendidos en la zona Alegría de Pío y prácticamente aniquilados. El 18 de diciembre de 1956, los sobrevivientes lograron reunirse nuevamente en Sierra Maestra para comenzar la lucha. La guerra duró apenas dos años y Fidel entró triunfante en La Habana el ocho de enero de 1959. En abril de 1961, ante la inminencia de la invasión mercenaria patrocinada por la CIA, declaró el carácter socialista de la revolución durante una concentración popular en La Habana.
Dirigió personalmente las tropas que derrotaron, en menos de 72 horas, a los invasores en Playa Girón. El 13 de marzo de 1968 planteó la “ofensiva revolucionaria” y anunció la nacionalización de todos los establecimientos que aún estaban en manos de propietarios privados.
Lideró una revolución que transformó a Cuba en un baluarte de la justicia social y la independencia nacional, desafiando el bloqueo económico impuesto por Estados Unidos durante décadas. Fidel Castro es un símbolo de la lucha anticolonial y antiimperialista, una figura emblemática que desafió el orden global establecido y defendió los intereses de las clases populares hasta su último aliento. Le rendimos un homenaje a 100 años de su natalicio.
Marcha triunfal del Ejército Rebelde
Jesús Orta Ruiz Indio Naborí
¡Primero de Enero!
Luminosamente surge la mañana.
¡Las sombras se han ido! Fulgura el lucero
de la redimida bandera cubana.
El aire se llena de alegres clamores,
se cruzan las almas, saludos y besos,
y en todas las tumbas de nobles caídos revientan las flores
y cantan los huesos.
Pasa un jubiloso ciclón de banderas
y de brazaletes de azabache y grana,
mueve el entusiasmo balcones y aceras,
grita desde el marco de cada ventana.
A la luz del día se abren las prisiones
y se abren los brazos: se abre la alegría
como roja rosa en los corazones
de madres enfermas de melancolía.
Jóvenes barbudos, rebeldes diamantes,
con trajes de olivo vienen de las lomas,
y por su dulzura, los héroes triunfantes
parecen armadas y bravas palomas.
Vienen vencedores del hambre y el frío
por el ojo alerta del campesinado
y el amparo abierto de cada bohío...
Vienen con un triunfo de fusil y arado.
Vienen con sonrisa de hermano y amigo,
vienen con pureza de vida rural,
vienen con las armas que al ciego enemigo
quitó el Ideal.
Vienen con el ansia del pueblo encendido,
vienen con el aire y el amanecer,
y, sencillamente, como el que ha cumplido
un simple deber.
No importan los días de guerra y desvelo,
no importa la cama
de piedra o de grama,
sin otra techumbre que ramas y cielo.
No importa el insecto, no importa la espina,
la sed consolada con parra del monte,
la lluvia, los vientos, la mano asesina
siempre amenazando en el horizonte.
¡Sólo importa Cuba, sólo importa el sueño
de cambiar la suerte!
¡Oh, nuevo soldado que no arruga el ceño,
ni viene asombrado de tutear la muerte!
Los niños lo miran pasar aguerrido
y piensan, crecidos por la admiración,
que ven un rey mago rejuvenecido
y con cinco días de anticipación.
Pasa fulgurante Camilo Cienfuegos,
alumbran su rostro cien fuegos de gloria.
Pasan capitanes, curtidos labriegos
que vienen de arar en la Historia…
Con los invasores pasa el Ché Guevara,
alma de Sarmiento que trepó el Turquino,
San Martín quemante sobre Santa Clara,
Maceo del Plata, Gómez argentino...
Pasan lindas reinas sin otras coronas
que su sacrificio: cubanas marciales,
gardenias que un día se hicieron leonas
al beso de doña Mariana Grajales...
Ya entre los mambises del bravío Oriente,
sobre un mar de pueblo, resplandece un astro,
ya vemos la cálida frente;
el brazo pujante, la dulce sonrisa de Castro...
Lo sigue radiante su hermano Raúl,
y aplauden al paso del héroe ciudades quemadas,
ciudades heridas que serán curadas
y tendrán un cielo sereno y azul.
Fidel fidelísimo, retoño martiano,
asombro de América, titán de la hazaña
que desde las cumbres quemó las espinas del llano
y ahora riega orquídeas, ¡flores de montaña!
Y esto que las hieles se volvieran miel,
se llama... ¡Fidel!
Y esto que la ortiga se hiciera clavel,
se llama…¡Fidel!
Y esto que la patria no sea un cuartel,
se llama…¡Fidel!
Y esto que la bestia fuera derrotada por el bien del hombre,
esto que la sombra se volviera luz,
esto tiene un nombre, sólo tiene un nombre:
FIDEL CASTRO RUZ.
Canto a Fidel
Carilda Oliver Labra
Ese que para en la Tierra
aunque la Luna lo hinca,
ese de sangre que brinca
y esperanza que se aferra;
ese clavel en la guerra,
ese que en valor se baña,
ese que allá en la montaña
es un tigre repetido
y dondequiera ha crecido
como si fuese de caña.
Ese Fidel insurrecto
respetado por las piñas,
novio de todas las niñas
que tienen el sueño recto.
Ese Fidel –Sol directo
sobre el café y las palmeras–;
ese Fidel con ojeras
vigilante en el Turquino
como un ciclón repentino,
como un montón de banderas.
Por su insomnio y sus pesares,
por su puño que no veis,
por su amor al veintiséis,
por todos sus malestares,
por su paso entre espinares
de tarde y de madrugada,
por la sangre del Moncada
y por la lágrima aquella
que habrá dejado una estrella
en su pupila guardada.
Por el botón sin coser
que le falta sobre el pecho,
por su barba, por su lecho
sin sábana ni mujer
y hasta por su amanecer
con gallos tibios de horror
yo empuño también mi honor
y le sigo a la batalla
en este verso que estalla
como granada de amor.
Gracias por ser de verdad,
gracias por hacernos hombres,
gracias por cuidar los nombres
que tiene la libertad.
Gracias por tu dignidad,
gracias por tu rifle fiel,
por tu pluma y tu papel,
por tu ingle de varón.
Gracias por tu corazón.
Gracias por todo, Fidel.
Se acabó
Nicolás Guillén
Te lo prometió Martí
y Fidel te lo cumplió;
ay, Cuba, ya se acabó,
se acabó por siempre aquí,
se acabó,
ay, Cuba, que sí, que sí,
se acabó
el cuero de manatí
con que el yanqui te pegó.
Se acabó.
Te lo prometió Martí
y Fidel te lo cumplió.
Se acabó.
Garra de los garroteros,
uñas de yanquis ladrones
de ingenios azucareros:
¡a devolver los millones,
que son para los obreros!
La nube en rayo bajó,
ay, Cuba, que yo lo vi;
el águila se espantó,
yo lo vi;
la coyunda se rompió,
yo lo vi;
el pueblo canta, cantó,
cantando está el pueblo así:
–Vino Fidel y cumplió
lo que prometió Martí.
Se acabó.
¡Ay, qué linda mi bandera,
mi banderita cubana,
sin que la manden de afuera,
ni venga un rufián cualquiera
a pisotearla en La Habana!
Se acabó.
Yo lo vi.
Te lo prometió Martí
y Fidel te lo cumplió.
Se acabó.
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Escrito por Redacción