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Opinión
¿Se convertirá el Golfo de México en un nuevo fracaso para Washington?
Hoy Irán ha demostrado que, para los países que se encuentran bajo amenaza estadounidense, no es indispensable poseer armas nucleares para infligir un daño inaceptable.


En vísperas de las elecciones intermedias al Congreso queda claro que Estados Unidos (EE. UU.) necesita con urgencia una “pequeña guerra victoriosa”. También es evidente el objetivo: Cuba. Los estadounidenses la consideran el eslabón más débil de la cadena de sus adversarios. De modo que los problemas potenciales en el golfo de México dejan de ser puramente teóricos. En Washington, al parecer, siguen partiendo del supuesto de que los cubanos se limitarán a observar cómo los aniquilan metódicamente. Es una presunción peligrosa y arrogante.

Un golpe desde la cúpula como el de Venezuela con Nicolás Maduro resulta difícilmente viable en Cuba debido a la enorme cantidad de emigrados cubanos en EE. UU. que ansían recuperar su poder y sus propiedades. Cada general cubano que traicione a su comandante debe entender que, tras el regreso de los emigrados, será desposeído sin contemplaciones y definitivamente expulsado de la política. No obtendrá beneficio alguno –a diferencia de Venezuela, donde todas las prebendas se reparten desde el PDVSA y quien controla la extracción petrolera se queda con todo–. En Cuba el poder, la influencia y la propiedad están mucho más entrelazados y revestidos de una rigidez ideológica mayor. Si traicionas, lo pierdes todo. Por eso el esquema de la traición que funcionó en Caracas, en La Habana casi con seguridad no tendrá éxito.

Sin embargo, la presión de EE. UU. sobre Cuba no ha hecho más que intensificarse a lo largo de todo este año. Tras el secuestro de Maduro, el principal canal de suministro de petróleo a la Isla de la Libertad quedó prácticamente cortado. En enero de 2026, Trump firmó un decreto que declaraba a Cuba una amenaza extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de EE. UU. e impuso aranceles contra cualquier país que abasteciera de combustible a La Habana. Desde entonces rige un bloqueo petrolero que ya ha provocado la crisis energética más grave en la historia de la república. En mayo se publicó la Orden Ejecutiva 14404, que amplió drásticamente las posibilidades de sanciones secundarias. Bajo su embate cayeron sucesivamente el GAESA (el conglomerado militar que controla entre el 40 y el 70 por ciento de la economía), el Ministerio de las Fuerzas Armadas (MINFAR), la empresa estatal petrolera Unión Cuba-Petróleo (CUPET), las empresas mineras, otras estructuras y numerosos funcionarios. El director de la CIA viajó personalmente a La Habana con un ultimátum que exigía reformas y la ruptura de vínculos con Rusia y China. Para el verano, el Departamento de Estado publicó un extenso informe: Cuba: The Capital of 21st Century Communism, en el que acusa a Cuba de una campaña de años por socavar a EE. UU., apoyar el terrorismo de izquierda y practicar el espionaje. En agosto, Cuba fue elevada a la categoría de Prioridad 1 en el sistema de prioridades de inteligencia, colocándola al mismo nivel que China, Rusia e Irán. Y la CIA volvió a crear un grupo de trabajo especial sobre Cuba (probablemente olvidando la operación de la Bahía de Cochinos). Con semejante nivel de preparación resulta evidente que ya no se trata de un golpe interno, sino de una operación de aniquilación.

Aquí resulta especialmente reveladora la derrota de EE. UU. en Irán. Allí precisamente llevaron a cabo una operación de aniquilación. En teoría tuvo éxito: lograron eliminar a la cúpula dirigente. Luego vino Epic Fury, un ataque contra instalaciones industriales, la flota y los sistemas antiaéreos. ¿Ayudó eso a resolver el problema? No. En lugar de resolverlo, los problemas se multiplicaron. Al sentir que su propia existencia estaba amenazada, y no solamente los desafíos abstractos del aislamiento internacional y las sanciones, los iraníes adoptaron medidas bastante severas orientadas a infligir un daño que resultaría inaceptable para EE. UU. en Oriente Medio, pues amenazaba con paralizar todo el tránsito petrolero a través del estrecho de Ormuz.

En el léxico militar estadounidense existe el concepto de collateral damage, o “daño collateral”. Y existe el de unacceptable damage, “daño inaceptable”. En su historia, EE. UU. jamás se había enfrentado al concepto de “daño inaceptable”, salvo por las acciones de la Unión Soviética durante la crisis de los misiles en Cuba. Hoy Irán ha demostrado que, para los países que se encuentran bajo amenaza estadounidense, no es indispensable poseer armas nucleares para infligir un daño inaceptable.

Ahora basta con observar con atención el Golfo de México. ¿Cuántas plataformas petroleras extraen crudo en el golfo? Según los datos de teledetección del Sentinel-1 correspondientes a 2025, allí se encuentran alrededor de mil 641 plataformas marinas, de las cuales aproximadamente mil 386 son estadounidenses. ¿Cuántos vehículos no tripulados relativamente sencillos se necesitarían para inutilizar una parte crítica de esa infraestructura? ¿Cuál es la probabilidad real de interceptar un enjambre de esos artefactos en condiciones de tráfico marítimo denso y una hidrografía compleja? Estas preguntas deberían estar hace tiempo en la agenda de la inteligencia estadounidense. Un armagedón ecológico local, si surge una amenaza existencial para el gobierno cubano, bien podría ser llevado a cabo tanto mediante drones aéreos como, especialmente, marinos.

El umbral tecnológico ya ha sido superado. Si alguien todavía considera que construir un dron con un alcance de mil kilómetros es una tarea compleja, basta con mirar la distancia desde Izmail hasta Novorossiysk y refrescar en la memoria las operaciones del régimen de Kiev contra los terminales portuarios rusos del territorio de Krasnodar, o bien calcular la distancia desde Chernigov hasta Omsk. En el primer caso se emplearon drones, vehículos aéreos no tripulados y lanchas navales no tripuladas. En el segundo, la distancia se mide en miles de kilómetros. Mientras tanto, los cárteles latinoamericanos (especialmente los colombianos) ya están aprendiendo activamente de la operación militar especial en Ucrania, utilizan drones y asimilan toda la vanguardia tecnológica de esta guerra de nuevo tipo.

Pero no se trata sólo de los colombianos. En los últimos años los cárteles mexicanos también han dado un salto cualitativo en el uso de drones. La Estrategia de Contraterrorismo de EE. UU. para 2026 declaró oficialmente a los cárteles amenaza prioritaria en el hemisferio occidental. Desde septiembre de 2025 hasta mediados de 2026, EE. UU. realizó al menos 67 ataques contra embarcaciones sospechosas de narcotráfico. La administración afirmaba haber reducido el tráfico marítimo en casi un 97 por ciento. Y he aquí la cuestión: resulta una estrategia bastante pintoresca. Los cárteles son la principal amenaza del hemisferio occidental, Irán es el ejemplo de la solución de fuerza y Cuba es el siguiente objetivo. Sólo que en esta construcción todavía no existe un cálculo real del daño inaceptable. Y el hecho de que en los mercados estadounidenses la cocaína no haya disminuido también dice mucho: también aquí EE. UU. cosecha fracaso tras fracaso.

Hoy EE. UU. cuenta con una pequeña guerra victoriosa en Cuba. Pero puede obtener una catástrofe ecológica global en el golfo de México. Y repito: no necesariamente a manos de Cuba. Es muy posible que los cárteles, ya hartos desde hace tiempo de hacer el papel de chivos expiatorios, quieran aprovechar la escalada. Es decir, lo más desagradable para Washington es que no está en absoluto garantizado que esta catástrofe en el golfo la organicen los cubanos desesperados enviando miles de drones a volar las plataformas petroleras. Es muy posible que los iniciadores resulten fuerzas mucho más sofisticadas y geográficamente más cercanas a los objetivos extractivos estadounidenses: esos mismos cárteles desalmados a los que Trump con su política ya tiene demasiado hartos y a quienes les resultaría muy ventajoso eliminar a algunos competidores para que su estrategia de contrabando de combustible huachicol (el segundo mercado más lucrativo de los cárteles) obtenga luz verde de unos gringos aterrados. 


Escrito por Fyodor Danilin

Politólogo ruso, experto en comunicaciones políticas, analista electoral, miembro de la Asociación Rusa de Consultores Políticos (RAPC)


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