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Poesía
La versión más antigua del Diluvio
Poema de Atrahasis o del “muy sabio”


En Cuando los dioses hacían de hombres (1989), los eruditos Jean Bottero y Samuel Noah Kramer publicaron su traducción del Poema de Atrahasis o del Muy Sabio. El manuscrito más antiguo de esta obra está firmado y datado y su copista (su autor, evidentemente, se desconoce) respondía al nombre de Kasap-Aya (o Nur-Aya) y llevó a cabo su trabajo bajo el reinado del cuarto sucesor de Hammurabi, Ammi-saduqa (1646-1626 a. C.). Es muy probable que el poema haya sido creado durante el siglo anterior.

Dicho poema no es una traducción del sumerio, ni tampoco un nuevo arreglo de una obra pensada y redactada en dicha lengua; todo, en ella, pone de manifiesto que se trata de una composición original, típicamente paleobabilonia. Fue dado a conocer a través de los restos de una de las copias descubierta entre los escombros de la Biblioteca de Assurbanipal (668-627 a. C.); pero sólo en 1956 el asiriólogo danés J. Laessoe al poner en orden los fragmentos encontrados, demostró que estábamos ante el “Génesis” más antiguo que se conoce y que, desde un punto de vista religioso, abarcaba toda la “historia” primitiva de la humanidad, desde el momento en que ésta salió de las manos de su creador hasta el final del Diluvio y el inicio del “tiempo histórico”. Se pudieron reconstruir, aproximadamente, las dos terceras partes del poema, que en su versión más antigua contaba exactamente con “1245 líneas”, de acuerdo con el cómputo cuidadosamente señalado al final de su copia por el diligente Kasap-Aya. Esta obra todavía presenta muchos pasajes que resultan enigmáticos en sí mismos o por las lagunas que los rodean. Aunque se hayan perdido irremediablemente pasajes enteros del poema, podemos dar por segura la comprensión del conjunto del texto y de la mayoría de los episodios. 

 

La versión paleobabilonia del Diluvio:

En la asamblea de los dioses, harto de ver cómo fracasan sus planes para destruir a la humanidad y cómo han fallado la peste, la plaga, la sequía y la hambruna, Enlil propone enviarles el mayor de los cataclismos: el diluvio; pero Enki. Tras recordar que había creado a los hombres en beneficio de los dioses, se opone al diluvio:

 

De este modo yo os liberé de vuestra pesada carga,

Imponiendo vuestra labor a los hombres.

Vosotros, entonces, les concedisteis el rumor de la

pululación,

después, incluso, de haber inmolado a un dios

para concederles el “alma”.

¿Y ahora, reunidos, ordenáis

su eliminación?

¿Llegaréis a decidir

su vuelta a la nada?

¿Por qué me queréis ligar con un juramento?

¿Acaso puedo yo alzar la mano contra mis criaturas?

Y ese Diluvio del que habláis,

¿Qué es? ¡Yo lo ignoro!

¿Soy yo quien lo tiene que producir?

¡No, ésa es tarea de Enlil!

¡Que sea él, él, quien tome las decisiones y dé las órdenes:

Y, entonces, que Sullat y Hanis

Partan encabezando el fatal cortejo;

Que Nergal arranque los soportes
de las compuertas celestes;

Que Ninurta vaya a hacer que se desborden
            las presas de aquí arriba!

Acordado el Diluvio, El muy sabio acude 

a Enki para consultarle y éste le responde a través

de un sueño premonitorio que rápidamente le explica.

 

El Muy Sabio abrió entonces la boca

y se dirigió a su señor:

“¡Explicame el sentido de este sueño,

para que comprenda su contenido

y capte las consecuencias”.

 

Y Enki, habiendo abierto la boca,

se dirige a su servidor:

“Dices que quieres comprender este sueño.

¡Pues bien, recuerda exactamente

el mensaje que aquí te entrego!:

“¡Pared, escúchame bien!

¡Empalizada, recuerda todo lo que te voy a decir!

¡Derriba tu casa para construirte un barco!

¡Abandona tus bienes, para salvar tu vida!

 

El barco que tienes que construir con los lados iguales,

¡téchalo, para que, al igual que sucede con el apsû,

el Sol no vea su interior!

¡Estará cerrado por todos los lados,

y su equipación deberá ser sólida

y su calafateado grueso y resistente!

Después, yo haré que lluevan

profusión de pájaros y canastos de peces”

¡Enki, entonces, abrió la clepsidra y la llenó,

Ajustándola para la llegada del Diluvio, siete días después!

Una vez que el Muy Sabio hubo recibido estas instrucciones,

reunió a los ancianos

y habiendo abierto la boca,

se dirige a ellos:

“Mi dios ya no está de acuerdo con el vuestro:

¡Enki y Enlil están enfadados!

¡Ello me obliga a abandonar vuestra ciudad, pues soy devoto de Enki!

Así, se ha decidido lo siguiente:

por ello, no permaneceré más tiempo en vuestra ciudad,

mis pies no pisarán por más tiempo

el territorio de Enlil.

 

Se desconoce la continuación de los preparativos,

narrada en las tres líneas siguientes. Finalmente, se aprecia

cómo el Muy Sabio comenzaba a cargar el barco:

 

Todo el oro que tenía,

toda la plata que tenía,

a los animales “puros”,

a los más gordos,

los captura y los embarca.

Pájaros emplumados del cielo,

rebaños,

bichos de la estepa:

a todos, él los embarca.

Y cuando la Luna desapareció,

invita a los suyos a un banquete 

 

Después de haber embarcado a su familia,

se comió, entonces, copiosamente,

y se bebió abundantemente.

Él, sin embargo, no dejaba de entrar y de salir,

sin llegar nunca a sentarse o a ponerse en cuclillas,

Él estaba así de desesperado y de mareado.

 

Después, el tiempo cambia de aspecto

y Adad resonaba entre las nubes:

Tan pronto como se escuchó el gruñido del dios,

Se añadió betún para obturar la escotilla,

y, apenas se había cerrado ésta,

Adad atronó entre las nubes,

mientras un viento furioso, con un primer golpe,

rompía las amarras y soltaba el barco.

 

¡La tempestad golpeaba la Tierra,

Interrumpiendo su rumor igual que se rompe un cacharro!

¡Y, desencadenado el Diluvio,

transcurre la Maldición

al igual que la guerra sobre los hombres!

¡Nadie veía ya a nadie:

nada resultaba discernible en esta carnicería!

El Diluvio mugía como un toro,

e, igual que un águila que chilla,

el viento aullaba.

Las tinieblas eran profundas,

el Sol había desaparecido.

Las personas morían como moscas.

 

El estruendo del Diluvio

asustaba, incluso, a los dioses.

¡Enki había perdido la razón

al ver cómo eran arrancados sus hijos

ante sus ojos!

Nintu, la gran Señora,

ponía de manifiesto su horror en sus labios,

mientras los Anunnaku, los grandes dioses,

seguían débiles por culpa del hambre y la sed.

Ante este espectáculo, la diosa estalla en sollozos,

la comadrona divina, Mammi, la experta:

“¡Que desaparezca este día (gritaba),

que regrese a las tinieblas!

Pero, ¿cómo yo, en la asamblea de los dioses,

he podido, junto con ellos,

adoptar esta decisión final?

Enlil, mediante un discurso tan hábil

como el de la famosa Tiruru,

ha convertido mis palabras en vanas!

Sin embargo, yo, en persona,

he escuchado la llamada de socorro de los hombres:

¡Mi progenie, sin que yo haya podido hacer nada,

ha ido cayendo como moscas!

(…)

Así se lamentaba también Nintu... 

“¡Cómo! ¿Se ba producido, entonces, este Diluvio?

Los hombres han llenado el mar

igual que se llena el río de pequeñas moscas.

¡Como trozos de madera,

helos aquí, amontonados sobre la playa!

¡Como trozos de madera arrojados,

helos aquí, apilados sobre la orilla!

Al verlos, yo derramaba lágrimas:

¡Ahora, ya acabé de lamentarme por ellos!

¡El llanto calmó su corazón!

Así gemía Nintu,

Suspirando sin emoción.


Escrito por Redacción


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