Historia
Los pueblos de América Latina contra el imperio
La derecha se ha fortalecido ante el progresivo desgaste de aquellos gobiernos que en su momento pudieron plantar cara al imperio.
La lucha por la imposición del libre mercado en América Latina ha sido una constante histórica que se prolonga hasta nuestros días. En algunas ocasiones, esta ofensiva se ha hecho de la mano de los militares, como ocurrió con las sangrientas dictaduras del cono sur articuladas en la Operación Cóndor o gobiernos autoritarios como México. En ellas, la represión, la tortura y la desaparición forzada fueron acciones para allanar el camino de las reformas de mercantilización y valorización del capital. Ante esto, han sido las luchas populares las que han puesto la resistencia, resultando en miles de personas desaparecidas, que arriesgaron todo en la defensa del pueblo trabajador.
Desde la Revolución cubana, el imperialismo estadounidense reforzó drásticamente su influencia en la región para acorralar al naciente Estado socialista, y para que éste no sirviera como ejemplo vivo a los oprimidos de esta parte del hemisferio. A pesar de esto, Cuba demostró que era posible enfrentar al coloso del norte, nacionalizar los recursos, alfabetizar masivamente, ofrecer salud pública, entre otras cosas. Ese ejemplo, implicaba una amenaza existencial para las élites locales y de Estados Unidos (EE. UU.).
Por eso la Alianza para el Progreso, que impulsó Kennedy en 1961, se enmarca en esa estrategia de contención. Buscaba modernizar el capitalismo en América Latina mediante ayuda económica social y política que EE. UU. daba a los países de la región. De este modo, América Latina no ha dejado de ser fundamental para la estabilidad del imperio. Además de proporcionar materia prima, usa nuestro territorio como patio trasero estratégico para ensayar políticas económicas y contener potencias rivales como China.
A principios del Siglo XXI se dio una oleada de gobiernos que en diferentes grados hicieron tambalear la idea del dominio absoluto de Norteamérica. Uno de los momentos más interesantes fue el revés que se dio a la propuesta de G. W. Bush del Área de Libre Comercio de las Américas. Brasil, Argentina y Uruguay encabezados por la Venezuela de Chávez dieron muestras de lo que se logra con la unidad regional, rechazando una propuesta que condenaría a toda la región a una dependencia más desastrosa. Esto pudo ser posible no sólo por el empuje de personajes como Hugo Chávez, que fue muy importante, sino por el respaldo popular que se demostró en Mar del Plata. EE. UU. no logró imponer sus intereses y América Latina salió reforzada. Para los mexicanos, con la representación de Fox, no fue sino una muestra más del sometimiento a los intereses extranjeros.
Hoy, la correlación de fuerzas no es la misma. La derecha se ha fortalecido ante el progresivo desgaste de aquellos gobiernos que en su momento pudieron plantar cara al imperio. Fueron las limitaciones de las dirigencias mismas las que no lograron mantener unida y organizada a las masas. Llegó un punto en que se hizo necesario radicalizarse y optaron por seguir conviviendo con el capital sin tocar sus intereses. Venezuela, uno de los focos de resistencia más importantes en la región, fue sometida. EE. UU. se ha hecho del control de sus recursos naturales, ha reanudado relaciones con Israel y ha abandonado a Cuba en medio de un endurecimiento del bloqueo.
La imposición de las políticas de Libre Mercado se ha logrado por la fuerza, ante un debilitamiento de la organización popular, atomizada por el individualismo que promueve el capitalismo. La región enfrenta un momento difícil, pero se puede recuperar en la medida en que se reorganicen los pueblos. El imperio estadounidense parece fuerte, pero también está lleno de derrotas cuando los pueblos se levantan con dignidad y con un proyecto propio como en Vietnam, Rusia e incluso en China. La clave está en formarnos con conciencia crítica y luchar de manera colectiva. No debería ser un sueño, sino una tarea.
Escrito por Diego Martínez
Sociólogo por la UNAM.