La derecha se ha fortalecido ante el progresivo desgaste de aquellos gobiernos que en su momento pudieron plantar cara al imperio.
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Las enseñanzas del libro El socialismo y la lucha política, de Gueorgui Plejánov (Rusia, 1856-1918), surgen del análisis profundo que “el primer marxista en la historia rusa” realizó de los aspectos fundamentales sobre la lucha revolucionaria de su época, los cuales conforman una doctrina que mejora y potencia las capacidades de sus lectores; entre esos temas destaca la comprensión política de las relaciones entre los revolucionarios con lo que hoy se denomina “la derecha”. Hoy, cuando sus crímenes amenazan al género humano, cuando en el mundo se expresan voces que advierten sobre el despiadado fortalecimiento de la derecha y, particularmente, en Latinoamérica, resulta útil retomar las lecciones que la compleja lucha de clases mostró a Plejánov.
Como perlas de su meticulosa argumentación científica, encontramos caracterizaciones políticas de la misma clase social que hoy ha evolucionado al moderno fascismo con los mismos atributos que Plejánov nos explicó, pero ahora radicalizados hasta el borde de la más irracional posibilidad: la extinción. Y francamente, esa argumentación luce, además, poderosa ahora.
Al analizar la posibilidad de que los revolucionarios rusos, sin haber definido claramente su propio partido proletario que sustentara las ideas más avanzadas de su tiempo, se alíen con “personajes influyentes y encumbrados” burgueses para formar gobiernos, advierte que “…sólo pueden ser socialistas sinceros por una ‘casualidad afortunada’. Pero en cuanto a la mayor parte de esos personajes, no puede haber la menor garantía de que no quieran utilizar el poder conquistado para fines que no tienen la menor relación con los intereses de la clase obrera”. Y si se aparta del objetivo socialista, a esta coalición “se la puede considerar no sólo estéril, sino también perniciosa para el desarrollo social del país”. Las amargas derrotas de los gobiernos de la “izquierda” latinoamericana han consistido en una desdichada comprobación de las ideas de Plejánov.
“El primer marxista ruso” recuerda a sus compañeros y excompañeros que “ahí donde el ‘fantasma rojo’ apenas llegó a tomar formas amenazantes, los ‘liberales’ se dispusieron a lanzarse en brazos de la más descarada dictadura militar”. Esos “liberales” europeos del Siglo XIX eran tan parecidos a tantos políticos “izquierdistas” latinoamericanos modernos…
La “clase dominante adapta la organización social a las condiciones más ventajosas de su existencia y elimina cuidadosamente de aquélla todo lo que de una u otra manera puede debilitar su influencia”. Desgraciadamente, la historia posterior y contemporánea ha comprobado cientos de veces esta lección de Plejánov de la manera más trágica: la exactitud y el esmero de las bombas sionistas sobre Gaza están allí para recordárnoslo hoy en día.
Plejánov examina cómo el papel progresista de la clase dominante llega a su fin. “De representante del progreso se convierte en enemiga jurada del mismo y, por supuesto, utiliza el aparato estatal para su propia defensa. El poder político se torna en sus manos el instrumento más poderoso de la reacción”. Es lo que hoy llamamos derechización, con la militarización incluida. Han trascendido ya descarados planes de reactivar y profundizar el Plan Cóndor en nuestra América, y esta vez de la peor manera. Sobre estos planes flota el espíritu de Plejánov para llamarnos a la reflexión.
“Enceguecidos por los intereses de su clase, sus representantes (burgueses) en el terreno de la ciencia ya perdieron hace tiempo la aptitud para la investigación objetiva y científica de los problemas sociales”. Cada vez más percibimos, a través de los controlados medios de comunicación, discursos que fomentan el odio, cuyo origen se encuentra en ilustres personajes manipulados por el imperialismo norteamericano (Kaiser, Laje, Márquez, Bellolio, etc.) y el sionismo, ya introducido en Latinoamérica.
Pero lo más estremecedor quizá es encontrar, ya tan temprano como 1883, cuando Plejánov escribió este libro, las advertencias de cómo dentro del movimiento revolucionario podía hallarse la fuente maligna: “Y mientras nuestro movimiento siga bajo la bandera de teorías atrasadas o erróneas, sólo tendrá significación revolucionaria en algunos aspectos, pero no en todos ellos. Mientras, sin que lo adviertan sus defensores, contendrá los gérmenes de la reacción, que la privarán incluso de esa significación parcial en un futuro más o menos próximo…” Bernstein condujo hacia Hitler, no hay que olvidarlo.
La derecha se ha fortalecido ante el progresivo desgaste de aquellos gobiernos que en su momento pudieron plantar cara al imperio.
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Escrito por Luis Miguel López Alanís
Periodista y escritor. Autor del libro “Ecos de los organizadores”.