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Sextante
El Gatopardo
En El Gatopardo, Visconti utiliza de forma más discreta el cine coral, es decir, emplea escenas en donde las masas son parte importante de la trama histórica.


El Gatopardo, de Luchino Visconti (1963) es una adaptación de la famosa novela homónima de Giuseppe Tomasi de Lampedusa al cine; narra la historia del aristócrata siciliano Fabrizio Corbera, Príncipe de Salina y su familia, testigos de las luchas por la Unificación de Italia y, en las cuales, Sicilia representaba un botín para los distintos bandos que se disputaban el control de Italia. Fabrizio (interpretado por el famoso actor norteamericano Burt Lancaster), después de la intervención de los llamados “camisas rojas” de Giuseppe Garibaldi (ejército al servicio de la burguesía del Piamonte, la región más industrializada de Italia, cuya clase dominante encabezó la unificación de Italia, cuando se hallaba dividida en varios reinos y ducados, lo que obstaculizaba el desarrollo tanto del capitalismo como de la misma burguesía), vive los avatares por los intentos del gobierno piamontino para convencerlo de pertenecer al gobierno que busca aliarse con la clase dominante de Sicilia.

Con la vieja sabiduría adquirida a través de 25 siglos dominada bajo distintas potencias ⎼desde la Roma Imperial⎼, la clase gobernante de Sicilia llega a la conclusión de que “hay que cambiar para que todo permanezca igual”, frase célebre del autor Lampedusa que refleja, condensada y precisamente, las medidas de los poderosos gobernantes en casi todos los países del mundo para impedir los verdaderos cambios revolucionarios; es decir, cambiar aparentemente de forma para que, en lo esencial, todo permanezca igual; en México, por ejemplo, después de 1968, la “izquierda” del país logró la “reforma electoral”, hubo “cambios”; pero todo continuó igual.

Podemos opinar lo mismo cuando, en el año 2000, el Partido Acción Nacional llegó al poder y con él, “la democracia”, sostuvieron los politólogos; desafortunadamente, para el pueblo pobre y trabajador, las estructuras económicas, políticas y sociales permanecieron inmóviles; con la llegada de la “Cuarta Transformación” hace ocho años, al pueblo mexicano le vendieron la idea de que el triunfo del obradorismo representaba un cambio radical de la sociedad, lo que resultó en un engaño de grandes proporciones, porque la sociedad mexicana no ha cambiado en lo fundamental; persisten las abismales diferencias sociales: parasita una clase minoritaria que cada vez se enriquece más, mientras el 90 por ciento de la población padece pobreza o sufre pobreza extrema, que han crecido apresuradamente. Esa postura, basada en la concepción lampedusiana de la política, se conoce como “gatopardismo”.

El filme de Visconti es una buena mezcla de cine político, histórico y costumbrista. La mano maestra del gran realizador italiano nos lleva por los caminos del buen cine que combina una excelente fotografía con las sobresalientes actuaciones de Lancaster, Alain Delon y Claudia Cardinale. Por cierto, Alain Delon, interpreta a Tancredi Falconeri, sobrino de Fabrizio, joven militar que lucha primero en las filas de Garibaldi, pero al poco tiempo se encuentra a las órdenes del Rey Víctor Manuel II de Saboya, mostrando ese oportunismo consustancial de los políticos burgueses, que bien aplican el “gatopardismo” en su propio provecho.

En El Gatopardo, Visconti utiliza de forma más discreta el cine coral, es decir, emplea escenas en donde las masas son parte importante de la trama histórica. Sin embargo, la intervención de las masas ya no es como en una de sus primeras, La Tierra tiembla, en la que las imágenes resultan tan elocuentes y conmovedoras, aunque en esos primeros filmes del Neorrealismo intervenían sólo actores amateurs que otorgaban a las escenas el toque inconfundible e insustituible del realismo.

Ese realismo conservaba su magia, su estética y una gran fuerza que conmovía las conciencias de millones de espectadores. En El Gatopardo, Visconti contrapone el cine coral, donde las masas ostentan la mejor parte (escenas en las que los “camisas rojas” de Garibaldi se enfrentan a las fuerzas sicilianas), con escenas donde las masas son simple decoración (cuando el pueblo hace valla a la nobleza siciliana y ésta entra en la Iglesia). En esto no hay ninguna casualidad, pues se nota ya la evolución del Neorrealismo Italiano hacia un cine más conciliador con la clase “gatopardista”. 


Escrito por Cousteau

COLUMNISTA


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