En El Gatopardo, Visconti utiliza de forma más discreta el cine coral, es decir, emplea escenas en donde las masas son parte importante de la trama histórica.
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Como reflejo de la realidad material, el cine de arte y realista puede ser un poderoso vehículo del conocimiento y, en ese sentido, ayudar a la educación de millones de seres humanos. Los compañeros (I Compagni, 1963), de Mario Monicelli, es una comedia fuertemente influida por el neorrealismo italiano.
Los compañeros narra las andanzas del profesor Sinigaglia (Marcello Mastroianni), quien es un activista de la lucha sindical, que está huyendo de la persecución política por sus actividades en el seno de la lucha obrera. Viaja como polizón en un tren; baja del mismo en una fría noche invernal en un barrio de Turín y se refugia en un local, que es utilizado por los obreros de una fábrica textil para realizar sus asambleas. Esa noche, mientras él duerme, los trabajadores se reúnen y discuten la manera de convencer al patrón para que la factoría acepte la reducción de la jornada laboral de 14 a 13 horas y amplíe el tiempo destinado para la comida; la explotación de los obreros es tal, que los accidentes de trabajo se han incrementado drásticamente debido al cansancio provocado por la larga jornada laboral.
Sinigaglia se aparece repentinamente en la asamblea e influye para fortalecer y orientar correctamente la lucha: los obreros tienen miedo, pues ya han fracasado en otros intentos para obligar a los patrones: por ejemplo, intentaron hacer sonar la sirena una hora antes e irse todos a descansar, pero al obrero responsable de “poner el cascabel al gato”, Pautasso (Folco Lulli), el que activó la sirena, sus compañeros lo dejan solo, pues todos los obreros desisten de marcharse al ver al supervisor gritando y preguntando “¿quién hizo sonar la sirena?”. Sinigaglia debe tocar una flauta antigua en bares y restaurantes para sobrevivir, y vive en casa de un obrero, Raúl (Renato Salvatori), quien desconfía del profesor; pero a medida que avanza la lucha, se convierte en el más firme y seguro seguidor de Sinigaglia.
Al ver las burlas y la falta de seriedad en las negociaciones con los representantes del patrón, los obreros estallan la huelga; los patrones hacen venir esquiroles de otra población al ver que la lucha se prolonga; cuando llega el tren cargado de esquiroles, el profesor intenta convencer a los rompehuelgas de que se solidaricen con sus hermanos de clase y regresen a su poblado; pero los esquiroles han pasado semanas sin trabajar y tienen hambre al igual que sus familias, por lo que la pelea estalla; el profesor, con un palo en mano para defenderse y siguiendo al viejo apotegma “palo dando y a Dios rogando”, advierte: “¡Discutámoslo!, ¡razonemos!, ¡convenzámoslos!”, mientras asesta garrotazos a diestra y siniestra. Resulta conmovedora la escena en esta parte de la narración: lo que ocurre con Mustafá, un obrero siciliano que pide permiso a la directiva de los huelguistas para trabajar; así que la directiva y el profesor deciden visitarlo en su casa para reconvenirlo por su posición; pero cuando ven la miseria en que vive su familia, los huelguistas, “desarmados” ante esa brutal realidad, deciden no impedirle trabajar.
Una escena que me parece con mayor sentido ideológico en el filme de Monicelli se desarrolla cuando una prostituta, hija de un obrero, al encontrar al profesor en un bar, se le ofrece porque ve su fallido intento de tocar la flauta, y éste no lo rechaza. Ella le cuenta: “mi padre pretendía que yo siguiera en la hilandería, 16 horas con las manos en el agua, y acabar en el hospital, como tantas idiotas que conozco. Pero yo cambié de oficio. ¿Hice mal?, ¿perjudico a alguien?”. El profesor le contesta: “has hecho muy bien…yo también cambié de oficio”. La prostituta lo inquiere nuevamente: “¿Por qué?”; Sinigaglia le contesta: “por egoísmo… porque me gusta. Y cuando algo te gusta, no es sacrificio. Y también porque querría que, un día, las muchachas como tú no se vean obligadas a hacer lo que haces tú”.
Los compañeros es una cinta que guarda –a más de 60 años de haberse filmado– toda su frescura; y su denuncia de la situación de la clase obrera es plenamente vigente, pues en muchos lugares del planeta hay jornadas largas; y en donde las jornadas laborales son más cortas, la intensificación del trabajo fomenta la sobreexplotación, las condiciones insalubres producidas por enfermedades y accidentes, el trabajo infantil, el desempleo y todos los padecimientos de la clase trabajadora.
En El Gatopardo, Visconti utiliza de forma más discreta el cine coral, es decir, emplea escenas en donde las masas son parte importante de la trama histórica.
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El gran dictador es una obra maestra de sátira sociopolítica cinematográfica.
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Las películas de Chaplin reflejan el sufrimiento de los descamisados, los parias.
Los cineastas latinoamericanos, africanos, asiáticos o árabes están obligados a occidentalizarse si quieren “triunfar” internacionalmente.
El filme nos muestra, cómo los colonizadores europeos tienen esclavizados a los aborígenes, cómo matan al menor intento de inconformarse contra el maltrato.
Escrito por Cousteau
COLUMNISTA