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Esténtor Político
Reforma electoral: ¿ayuda real a la democracia mexicana?
La reforma, está hecha a modo y busca concentrar más poder y transformarse en una herramienta que ahorque más a los partidos políticos y, a mediano o largo plazo, convertirse en un partido único.


La reforma electoral de la Presidenta se topó con pared en la Cámara de Diputados y en la de Senadores porque, aunque afirme que “ya cumplió” y cante a los cuatro vientos que es una “victoria”, el haberla presentado y que se apruebe o no ya es lo de menos; la verdad sea dicha: Morena no pudo “convencer” con argumentos ni con prebendas para que el Partido del Trabajo y el Verde Ecologista aprobaran lo que el partido oficial quería.

La reforma presentada oficialmente en San Lázaro, en manos de la presidenta de la Cámara de Diputados, la panista Kenia López Rabadán, aún lleva implícita la pregunta de si realmente está pensada para ayudar a la democracia del país y a que los mexicanos ejerzan mejor su voto.

Si partimos de que la reforma tiene dos puntos de principal interés para Morena y Claudia Sheinbaum: la reducción o disminución de 25 por ciento en el financiamiento a partidos políticos y recortes al Instituto Nacional Electoral y la eliminación de diputados y senadores, no es muy difícil concluir que el más beneficiado será el partido en el poder; y los más perjudicados, los partidos de “oposición”; pero sobre todo porque, desde la Presidencia de la República, se está buscando, hasta por debajo de las piedras, sacar y ahorrar dinero, porque ya no les alcanza para sus “megaobras” o su esquema asistencialista.

Si analizamos detalladamente la reforma, está hecha a modo y busca concentrar más poder y transformarse en una herramienta que ahorque más a los partidos políticos y, a mediano o largo plazo, convertirse en un partido único; los cambios en la propuesta no se basan en un verdadero y claro diagnóstico sobre cómo está la democracia mexicana, ni se propone cómo atacar los riesgos actuales o futuros; de tal forma que permita asegurar ejercicios democráticos transparentes.

Cuando se plantea reducir el financiamiento a los partidos, no se sabe el mecanismo para lograrlo, incluso menos qué pasará con ese dinero “ahorrado”, es decir, si mejorará a los partidos o cómo estos se relacionarán con sus militantes y la sociedad; todo parece que el fin sólo es ahorrar para engordar el “cochinito de Morena” y moverlo a su libre albedrío. Eliminar a los plurinominales no es mala propuesta, algo criticado desde la década de los 70; pero no se aclara la nueva forma de elegir a esos representantes y si realmente está innovando o sólo quita “privilegios” a otros partidos que hoy no favorecen a Morena.

Entonces, vistas así las cosas, sin diagnóstico real de la reforma y sólo con cambios favorables a Morena, no se ofrece una transformación real para fortalecer la democracia mexicana; por ejemplo, los cambios cosméticos no explican cómo se evitará que el crimen se inmiscuya en las elecciones, impedirles que “financien” campañas electorales que luego cobrarán con candidatos que coloquen; y no se explica el voto electrónico.

No hay que olvidar que a Morena le urgían estos cambios para el proceso electoral de 2027 y así cerrar más la puerta al acceso al poder político y fortalecer al partido oficial y garantizar los beneficios de ese poder con más autoritarismo y mayor abuso; la competencia democrática con los partidos políticos parece ya no gustarle mucho a Morena y se vuelve más peligrosa, cuando su discurso político de “primero los pobres” es cada vez más hueco y falso.

La reforma electoral, según analistas y politólogos, es una propuesta con tintes políticos para reducir la competencia electoral en 2027 y minar a los partidos y opositores hacia 2030; y desde luego, “ahorrar” y concentrar dinero para esparcirlo entre sus adeptos para controlarlos y manipularlos, precisamente, y que voten por Morena sin rechistar ni reclamar que no hay transformación en el país, que no hay bienestar en la vida de los 130 millones de mexicanos: basta ver la crisis de salud, inseguridad, la mala educación y el galopante desempleo.

Los cambios para mostrar una verdadera democracia deberán esperar más tiempo; y estos sólo se darán cuando el pueblo esté educado, organizado y consciente de que sus gobernantes deben salir del pueblo; cuando él realmente gobierne, habrá una verdadera democracia. Por el momento, querido lector, es todo.


Escrito por Miguel Ángel Casique

Columnista político y analista de medios de comunicación con Diplomado en Comunicación Social y Relaciones Públicas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).


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