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Opinión
Autoexplotación: un mecanismo de persistencia de la economía informal en México
En México, más de la mitad de la población trabaja de forma informal.


En México, la informalidad persiste no porque los trabajadores informales estén fuera del capitalismo, sino porque el capitalismo los necesita. Los trabajadores independientes sobreviven alargando su jornada laboral, utilizando mano de obra familiar, convirtiendo sus hogares en lugares de producción y absorbiendo costos que el capital y el Estado se niegan a pagar. Quizá el mecanismo principal que explica la persistencia de este fenómeno es la autoexplotación. 

Algunas estadísticas que nos ayudan a dimensionar el problema mayúsculo en que nos encontramos son los siguientes. En México, más de la mitad de la población (55 por ciento) trabaja de forma informal. Es decir, no cuenta con ningún tipo de protección social, contrato de trabajo ni derechos laborales como vacaciones, reparto de utilidades o pensión después de la jubilación. La llamada economía informal contribuye con un 25 por ciento de la riqueza anual producida en el país; es decir, uno de cada cuatro pesos de valor agregado anual proviene de la economía informal. De ésta, el sector de subsistencia, de producción doméstica o no capitalista (llamado otras modalidades de informalidad por el Inegi), produce 11 de cada 100 pesos de nuevo valor que se generan en México, una cifra nada despreciable. Además, este último sector, emplea a 27 de cada 100 trabajadores, es decir, gente que es autoempleada y no tiene un jefe inmediato ni un empleador. Ellos se emplean a sí mismos, creando sus propios negocios o actividades productivas que les permiten obtener ingresos para alimentar y reproducir a su familia.

¿Pero cuál es el mecanismo por el que estas personas sobreviven si no son explotadas directamente por un patrón en la producción capitalista tradicional? Sabemos que, en las relaciones capitalistas de producción, el mecanismo esencial es la explotación de los trabajadores asalariados. Pero si muchos de los trabajadores informales no tienen patrón, ¿quién los explota? La respuesta no está en la típica dinámica fabril, sino en el mercado y en la propia operación del hogar como sitio de producción. Porque el capitalismo no los subsidia; al contrario, los expolia mediante mecanismos distintos de la explotación, a través del mercado, donde todos convergen en una competencia descarnada por el valor.

Poco se ha teorizado sobre este fenómeno y los mecanismos tan importantes que lo ponen en movimiento y que tienen tantas repercusiones en la formación social contemporánea. Porque se habla mucho de informalidad y de autoempleo, pero no se profundiza, ni se clarifica rigurosamente, cuál es la relación que guarda con la producción capitalista dominante ni la forma en que persiste.

El filósofo Alan Carter señala que el mecanismo mediante el cual se transfiere excedente de los trabajadores no asalariados hacia la cúspide de la pirámide social es la explotación de mercado. Dado que los productores tienen que enfrentarse entre sí mediante el intercambio de los productos de sus diversas actividades productivas, es ahí donde unos pierden lo que otros ganan, principalmente por el diferencial de productividad, lo que generalmente está relacionado con los niveles de tecnificación en la producción. Sin embargo, esta explicación es externa a la unidad de producción, es entonces una explicación exógena y no inmanente de la producción informal.

Hay otros autores que discrepan de este planteamiento y se inclinan por el mecanismo de la autoexplotación. ¿Pero cómo se define este concepto? Se refiere básicamente al grado de intensidad con que el productor independiente desempeña su trabajo durante la jornada laboral. Marx afirma que los valores de uso pueden incrementarse ya sea mediante medidas tendientes a aumentar el excedente de manera absoluta, como un aumento de la extensión de la jornada laboral, o mediante medidas encaminadas a incrementar la plusvalía relativa, mediante la introducción de tecnología que lograra hacer al trabajador más eficiente. Una tercera vía es la intensidad del trabajo, es decir, el grado de esfuerzo que el trabajador o el productor pone en su actividad creadora de mercancías.

El concepto de autoexplotación surge científicamente en los estudios agrarios. Es el economista Alexander Chayanov quien lo introduce para explicar la persistencia de comunidades agrarias y campesinas en la rusia zarista ante el avance de las relaciones capitalistas en el campo.

Con el advenimiento del capitalismo en la mayoría de los países pobres, la población flotante de las zonas rurales migra a las zonas urbanas, pero no logra su absorción en la economía capitalista propiamente dicha, por lo que queda varada en un limbo productivo que simplemente reproduce las relaciones patriarcales y domésticas, ahora en un contexto urbano.

En el trabajo de campo realizado por el autor del presente artículo entre productores informales en la Ciudad de Mexico no se encontró un mecanismo único y puro. Lo que apareció fue una combinación: competencia desigual, falta de crédito productivo, trabajo familiar no remunerado y jornadas extendidas.

Para entender el concepto de autoexplotación, imaginemos, pues, a una familia de productores informales independientes que producen y venden mercancía en el mercado; pensemos en productores de chicharrón. Si esta familia no cuenta con más patrimonio que su hogar, utilizan su domicilio como lugar de reproducción y de producción. Si, además, no tienen medios técnicos más que mínimos, su único factor de producción significativo es su fuerza de trabajo. Se infiere que no contratan fuerza de trabajo externa a la propia mano de obra familiar. Asumamos que la familia está compuesta de cuatro integrantes, dos adultos y dos niños. Los dos adultos se dividen la elaboración de los chicharrones, su venta y además las tareas domésticas y el cuidado de los hijos.

Estos pequeños productores independientes de chicharrones no sólo compiten con miles de otros similares a ellos, sino también contra los grandes monopolios de productos chatarra como PepsiCo o CocaCola. Para incrementar su eficiencia o productividad, una alternativa es mecanizar la producción, introducir tecnologías modernas que les permiten producir más a menor costo unitario, pero sin acceso a financiamiento para ello, es una alternativa que se antoja difícil. 

Las opciones para estos productores precarizados y marginados es extender su jornada de trabajo y/o intensificar su esfuerzo en la jornada laboral ya dada, además de contar con la participación de los hijos en el negocio familiar, si es que están en edad productiva.

Con el incremento del desgaste físico y mental al que se someten diariamente, se compensa la falta de medios de producción que les permitirían ser más eficientes mediante las prácticas ya mencionadas. De esa manera pueden enfrentar la competencia desmedida que encuentran en el mercado. Obviamente, al llegar al mercado, la mercancía se vende por el valor equivalente al trabajo medio socialmente necesario para la producción de chicharrones y, en esta operación, se transfiere valor a los productores más desarrollados, modernizados y productivos.

Autoexplotación no significa que el trabajador sea culpable de explotarse. Significa que, al no poder competir mediante tecnología, crédito barato o escala productiva, se ve obligado a competir con su propio cuerpo, su tiempo y el trabajo no pagado de su familia.

En la formación social capitalista, las fuerzas de la competencia no alcanzan para eliminar completamente a estos productores independientes menos productivos, al contrario, su existencia les permite a los productores capitalistas más avanzados aprovecharse de los productores más ineficientes, ya sea de producción capitalista o doméstica. Es el equilibrio en el que se encuentran países como Mexico ante un cambio estructural que se antoja difícil mientras se siga viendo a la informalidad como el “emprendimiento” de los pobres. La solución tampoco es culpar a quienes venden en la calle, producen en casa o sobreviven sin patrón. Se resolverá cuando el Estado deje de tratar a millones de trabajadores como si fueran empresarios individuales y reconozca que detrás del autoempleo hay jornadas extendidas, hogares endeudados, trabajo familiar invisible y una transferencia permanente de valor hacia los sectores más productivos de la economía. 


Escrito por Arnulfo Alberto

Maestro en Economía. Candidato a doctor por la Universidad de Massachusetts Amherst, EE.UU.


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