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Esténtor Político
Redadas y protestas en EE. UU., ¿casualidad o necesidad?
El imperialismo enfrenta graves problemas en Estados Unidos (EE. UU.) y arriesga la estabilidad social y la paz mundial.


El barco del imperialismo norteamericano “está haciendo agua” y ha empezado su hundimiento porque se acumularon ya graves problemas sociales derivados del modelo económico y político que en nada representa al progreso ni el bienestar, sino sufrimientos. Hace varios años, los “dueños” del sistema idearon un plan de emergencia para rescatar al barco; ésa fue la tarea del expresidente Joe Biden y ahora Donald Trump, cuyo discurso sobre la democracia gringa y “la defensa de los derechos humanos” luce rancia y únicamente atraen a la opinión pública interna y mundial para resaltar al imperialismo, contrarrestar su hundimiento y alargar su inevitable putrefacción.

El imperialismo enfrenta graves problemas en Estados Unidos (EE. UU.) y arriesga la estabilidad social y la paz mundial. Parece que las campanas de la historia no tardarán en repicar a “duelo” por el salvaje sistema capitalista. En EE. UU. se ha profundizado más la desigualdad social durante los últimos meses: el 10 por ciento de los estadounidenses más ricos posee el 71 por ciento de la riqueza, mientras que la mitad de la población sólo posee 1.5 por ciento; hay 38 millones de personas viviendo en pobreza y unos nueve millones de niños en pobreza infantil, y un incremento considerable en el consumo de drogas.

 Se sabe que en EE. UU. existen 653 mil indigentes (homeless); presenta déficit de vivienda correspondiente a 7.3 millones de unidades; por cada millón de personas de entre uno y 19 años, se registraron 36.4 muertes por armas de fuego; el sistema de salud es el más caro del mundo y resulta inaccesible para 30 millones de personas (9.2 por ciento de la población) sin seguro médico; y en educación, por ejemplo, hay más de 45 millones de estadounidenses deudores de préstamos estudiantiles, con pagos extendidos por décadas: la educación representa una trampa monetaria.

Se suman otros problemas como la xenofobia, el supremacismo racial, fanatismo religioso, discriminación y el asunto migratorio exhibido mediáticamente en días recientes, cuyas cifras conservadoras plantean 12 millones de inmigrantes, de los cuales seis millones son mexicanos. Estos avatares están fracturando la “unidad” del pueblo norteamericano y se agudiza la lucha de clases entre la pequeña oligarquía plutocrática y los trabajadores más pobres. 

En el mundo, las guerras, casi siempre disfrazadas como luchas defensoras de la democracia y los derechos humanos, generan gastos incalculables que el pueblo gringo debe pagar; incluso, el mismo Producto Interno Bruto (PIB) norteamericano ha caído y provoca que su economía pierda dominio mundial; más ahora que otras naciones como China y Rusia “le pisan los talones”.

 Desde el seis de junio, cuando el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE en inglés) incrementó las deportaciones –cuyo objetivo consistió en obedecer las órdenes de Trump de aumentar las detenciones a tres mil diarias– las redadas desataron una ola de protestas y movilizaciones durante varios días, que han escalado a enfrentamientos, porque se extendieron a varias ciudades estadounidenses; ante este escenario, Trump decidió enviar a dos mil elementos de la Guardia Nacional y 700 marines a Los Ángeles para reprimir a los manifestantes.

Otra arista difundida por expertos se desprende de la provocación al interior de EE. UU. mismo para justificar el uso de la fuerza policiaca y someter la inconformidad para esconder la cruel política migratoria de Trump.

La expresión social se multiplicó en protestas y, sin justificar la violencia en algunas de ellas, no parecen casualidades, sino una prueba de las debilidades del modo de producción; y “la muleta” que intenta ponerse, no da resultados. La indignación, el temor y el abuso de la policía contra inmigrantes sólo provocará más inconformidad. 

En EE. UU. existe una crisis y ahora se profundiza; las protestas por la política migratoria develan la necesidad inevitable de aquel país y el mundo de otra forma de gobernar, una más justa y que mejore la vida de la sociedad. El imperialismo gringo ya está descompuesto, se está pudriendo desde dentro y por consecuencia morirá y alumbrará un modo de producción mejor y más humano. Mientras, debemos condenar la represión contra las legítimas protestas y denunciar el abuso de poder imperialista que también existe en nuestro país. Por el momento, querido lector, es todo. 


Escrito por Miguel Ángel Casique

Columnista político y analista de medios de comunicación con Diplomado en Comunicación Social y Relaciones Públicas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).


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