El incremento de pasivos se debió a la apreciación del peso y debilidad en la inversión por condiciones de incertidumbre.
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Apelar a una resistencia puramente moral y ética hacia la política fascista de Donald Trump revelaría un desconocimiento profundo de las leyes de la historia y de la lógica misma del capital. Trump no se representa sólo a sí mismo; Elon Musk no es sólo el desquiciado de turno que, enfermo de poder, revele su fanatismo nazi porque se sepa inmune al castigo; Jeff Bezzos, Bill Gates, Mark Zuckerberg, etc., no por casualidad son los promotores del trumpismo y de la nueva política imperialista. Todos los grandes dueños del capital están detrás de la brutalidad y la barbarie de esta nueva era. Los fondos de inversión BlackRock y Vanguard, tras de los que se esconde el capital de muchos de los mencionados y otros más, representan la verdadera amenaza, la fuerza anónima que, por ejemplo, destruye en este momento Palestina para construir una nueva Riviera sobre una inmensa pila de cadáveres de niños, mujeres y hombres.
La mutación del capitalismo ha hecho del “capital financiero” su forma predilecta. Éste se filtra como veneno a través de “inversiones” que se apropian de la soberanía de las naciones al hacerlo de su infraestructura, de su tierra, de sus mares, minas, etc. En confabulación con el Estado, al que ellos imponen directamente, se apropian paulatinamente de la riqueza de países y regiones enteras. A ello hay que añadir la “deuda” estatal que, a través de préstamos bancarios con tasas de interés altísimas, o de “compra de deuda” por parte de fondos buitre, termina por someter la soberanía de la nación. Después de cercenar al país y despojarlo de la mitad de su territorio, el imperialismo norteamericano vio más viable esta nueva forma de colonialismo para hacerse de las riquezas naturales de México y de una inmensa mano de obra que sin prestaciones, derechos laborales, seguro, etc., resultaba barata y útil a sus “inversiones”. El neocolonialismo se transformó en la herramienta predilecta del imperialismo.
No podemos hacer aquí un recuento de este largo proceso de enajenación económica que se remonta al Siglo XVIII. En todo caso, y para clarificar la postración que vive nuestro país, así como la sumisión en la que se encuentra el Estado respecto a este monstruoso poder, pasemos revista al verdadero dueño, hoy en día, del destino de la humanidad, al más importante poseedor de capital del mundo entero, al verdadero amo de México cuyas órdenes obedece sumiso el gobierno: el fondo de inversiones BlackRock. Es éste el principal accionista del 88 por ciento de las empresas ¡del mundo entero!, entre las que destacan: Exxon Mobil, Shell, Citigroup, Bank of America, JPM Chase, Apple, McDonald’s, Nestlé, etc., además de poseer activos en las compañías productoras de armas más poderosas del mundo: American Outdoor Brands Corporation, Sturm Ruger & Company y Vista Outdoor (José Ignacio de Alba). Esto último explica la necesidad perenne que de la guerra tiene el gran capital. Más guerras, más muerte, más armas y más ganancias.
En el caso de México es BlackRock el mayor inversionista de la Bolsa Mexicana de Valores, con acciones en 68 empresas, además de ser “uno de los mayores beneficiaros de la reforma energética, y uno de los principales accionistas de la mayoría de los bancos, medios de comunicación y de grandes empresas como Cemex, Femsa (CocaCola), América Móvil, Grupo Alfa, etc.” (https://www.business-humanrights.org). Fue, además, el “único postulante” para la construcción del Tramo 5 del Tren Maya y tiene bajo sus garras proyectos colosales como: autopistas, hospitales, minas, etc. En total tiene invertidos más de 37.5 mil millones de dólares en México.
Sería sencillo apuntar en abstracto a los Estados Unidos (EE. UU.) como los artífices de la tragedia nacional, pero no es el pueblo norteamericano al que nos referimos, así como no pensamos que Trump actúe sólo y movido por su locura al expulsar a los migrantes, propiciar la guerra y alimentar el fascismo sionista. Hoy los dueños de nuestra soberanía se esconden tras estos “fondos de inversión”; ellos están detrás de las decisiones políticas de casi todos los gobiernos del mundo –lo que se verifica en la sumisión de toda Europa a subir al cinco por ciento el presupuesto en “defensa”, dejando el camino libre a estos monstruos anónimos para seguir produciendo y vendiendo armas al mundo entero–.
¿Y en México? Lo mismo. Por ello no es de extrañar que, en las elecciones de 2018, BlacRock se reuniera con todos y cada uno de los candidatos presidenciales eligiendo, mucho antes que las urnas se “desbordaran”, al presidente en turno; el mismo que en 2020, después de una reunión con Larry Fink, presidente de dicho fondo de inversiones, declarara sobre su interlocutor: “Me expresó su confianza en México y agradecí su decisión de invertir en nuestro país”. López Obrador, expresidente de México, no fue más que el títere ocasional de la política económica del gran capital, que por siglos ha operado en México y que, hoy, no sólo no es la excepción, sino que ha alcanzado su realización total al encontrar en las marionetas de Palacio Nacional a los más sumisos, obedientes y abyectos espíritus. “El que paga manda” resume toda la política económica del morenismo.
Hoy, desde EE. UU. se lanzan nuevas amenazas de invasión. Desde el poder se burlan grotescamente de la debilidad de nuestro país. Prueba denigrante del desprecio a nuestro pueblo y a su sumiso gobierno son las declaraciones de Eric Trump, hijo del presidente norteamericano, que, “como ejemplo” del potencial armamentístico aseveró que podían destruir México en sólo cuatro minutos. Ningún país soberano aceptaría que se le rebajase de esta manera; la presidenta no pudo ni abrir la boca ante las ignominiosas declaraciones, simple y sencillamente porque eso implicaba retar al verdadero poder que dirige y gobierna nuestro país. Mientras tanto se nos incluye en la lista de “enemigos” de los EE. UU., y todo ello justificado con el discurso del narcotráfico y la violencia en México, lo que en el fondo no es más que una política económica alimentada por los intereses de estos depredadores de capital, quienes la critican a sabiendas de que la sufragan.
Calificar a México de “enemigo” de EE. UU., bajo cualquier pretexto, es realmente una amenaza embozada de invasión. La misma línea siguieron antes de perpetrar la guerra y anexión de la mitad de nuestro territorio; esa misma política fue la que instrumentaron en sus invasiones en Asia y Oriente medio. Antes de lanzarse al despojo, la guerra y la destrucción, legitiman su causa con cualquier infame pretexto. En Irak, Libia y Afganistán fue el terrorismo, en México es el narcotráfico. ¿Tendrá conciencia el gobierno mexicano de la nueva amenaza que se cierne sobre nuestro país? No lo sabemos. Lo que es un hecho es que el pueblo debe tener claridad al respecto. Sólo hay tres salidas posibles ante esta nueva amenaza imperialista: 1) el Estado se somete sin cortapisas a las nuevas y más arteras condiciones de sumisión y colonialismo que exija el decadente imperio; 2) se permite la intrusión y se avala una nueva “expedición punitiva” en México cuyo costo supere la humillación y el robo de 1847 y que termine en una posesión de facto del territorio y las riquezas nacionales; 3) se cambia la estrategia político-económica que durante siglos se ha mantenido respecto al poderoso y nada escrupuloso vecino del norte. Esta tercera vía, la única revolucionaria, la que permitirá a la nación recuperar su dignidad, no depende del Estado, sino de la organización popular.
El incremento de pasivos se debió a la apreciación del peso y debilidad en la inversión por condiciones de incertidumbre.
El 58 por ciento de los mexicanos considera que China es un socio confiable, frente al 34 por ciento que opina lo mismo de Estados Unidos. Además, siete de cada diez creen que Washington interfiere en los asuntos internos de otros países.
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Escrito por Abentofail Pérez Orona
Licenciado en Historia y maestro en Filosofía por la UNAM. Doctorando en Filosofía Política por la Universidad Autónoma de Barcelona (España).