Este gasto comprometerá el 40 por ciento del presupuesto de ingresos.
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Cuando los gobernantes no tienen mucho que ofrecer, recurren a las ocurrencias, a las superficialidades o a hacerse los graciosos. Estas actitudes conforman el nuevo ABC de los políticos de hoy; aunque desde los tiempos de la antigua Roma se afirmaba que con “pan y circo se mantiene al pueblo contento”. Pero ahora el problema está en que los gobernantes no se preocupan por el pan, creen que el circo basta. La experiencia nos dice que entre más vacío está el tonel, más ruido hace.
El actual mandatario de México está dando el mejor ejemplo de este tipo de banalidad. Y lo hace mediante el uso de un lenguaje vulgar y soez, que para algunos es una hábil forma de parecer empático y carismático con el pueblo; opino que el Presidente no finge, ni actúa, porque es una persona hecha por el sistema y a la medida del sistema; un producto superficial de la cultura del menor esfuerzo y de la educación de los medios televisivos y las instituciones religiosas. Su paso por la universidad, a diferencia de muchos jóvenes, fue sin pena ni gloria y su licenciatura fue terminada después de muchos años.
¿A qué nivel de decadencia ha llegado nuestro país para que lo gobierne un hombre tan pequeño, ignorante y tonto; pero que además se considera el líder moral de toda una corriente “izquierdista”? A pocos meses del término de este sexenio, entre los científicos sociales están surgiendo las interrogantes sobre cuáles fueron las causas que propiciaron tal abundancia de dislates, ocurrencias y disparates del farsante de las “mañaneras” que provocaron el encanto y el deslumbramiento de tanta gente.
Los males que deja este hombre en la cultura política de la sociedad mexicana, así como el recuerdo de su pésimo gobierno, tardarán en superarse, entre ellos la vieja práctica del paternalismo, la falta de trabajo fecundo y el centenar de mentiras diarias desde Palacio Nacional, entre las que destacan la de que el país ha vivido una nueva “transformación”, una fantasía que puede rayar en una tragedia sobre quienes la crean.
Una organización internacional que habló con la voz de Gerardo Esquivel, un economista “cuatrotero”, reconoció que el actual gobierno “no neoliberal” ha propiciado mayor desigualdad socioeconómica en México porque, bajo su amparo, muchos hombres se han hecho multimillonarios de la noche a la mañana (entre ellos los hijos del Presidente y sus amigos) y los que ya eran multimillonarios, como Carlos Slim y Ricardo Salinas Pliego, han visto crecer aún más sus enormes fortunas.
La lección es clara: el gobierno sirve para enriquecerse. Entonces ¿para qué esforzarse y estudiar una carrera, si uno puede ser rico a través del gobierno o del narcotráfico, al que aquél también ha favorecido?
A los jóvenes se les induce al camino fácil de las frivolidades y la banalidad. De ahí que el gobernador de Nuevo León, Samuel García, otro favorecido de la llamada “Cuarta Transformación”, no haya dudado en postularse primero como candidato a la Presidencia de la República y como representante de la juventud mexicana y renunciar cuando la normatividad estatal no se lo permitió.
Este episodio, sin embargo, permitió a los mexicanos ver a un candidato de lo más amorfo y vacío que, como si fuera un concurso de influencers o youtubers, no se mide al mostrar su pobreza intelectual y vulgaridad, jactándose de que ésta es la mejor forma de conectar con los jóvenes. Ninguna propuesta hizo para erradicar la pobreza, enfrentar la inseguridad, o crear empleos. Lo único que le importó fue ganarse el like de los jóvenes.
A quienes nunca han tenido necesidad de trabajar y ganar el salario mínimo, poco les importa alardear con su vulgaridad y falta de cultura. Para los que hacen uso de los ingresos generados por otros mexicanos, que significan muchas horas de trabajo, explotación y miseria, poco les importa gastárselo en la compra de votos de los programas clientelares; la cancelación de obras de desarrollo por “obritas” que no resistirán el paso del tiempo; y, peor aún, el robo de dinero público a manos llenas, como Latinus ha documentado durante estos días. ¡Cuánta pobreza moral hay en la clase gobernante! Hoy, lo único que puede sacarnos de este embrollo es una nueva forma de hacer política, profesional, humanista y científica, que convoque a la solución de los grandes problemas nacionales.
Este gasto comprometerá el 40 por ciento del presupuesto de ingresos.
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Escrito por Capitán Nemo
COLUMNISTA