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El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) era la institución encargada de medir la pobreza y el impacto de la política social en México, pero a mediados de este año sus funciones fueron transferidas al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Este último presentó el 13 de agosto de 2025 el reporte de medición de Pobreza Multidimensional 2024 donde se muestra una disminución de la pobreza. Por ello, el objetivo es abordar grosso modo el concepto de pobreza, la forma en que se divide a la población entre pobres y no pobres, para después, abordar los datos recientemente reportados y obtener algunas conclusiones pertinentes.
Para la pobreza no existe una definición universal, sino múltiples definiciones que responden a las corrientes de pensamiento que lo estudian, a la realidad social cambiante (la pobreza de la Edad Media no es la misma que la del Siglo XXI) y a muchos otros factores. Después de dos siglos de estudiarla sistemáticamente en el mundo, todavía a finales del Siglo XX su medición (estrechamente relacionada con su definición) se centraba fundamentalmente en el ingreso de las personas, pero eso cambió y se han agregado otros componentes del fenómeno, como el acceso a servicios de salud, educación, vivienda y seguridad social, dando lugar a la concepción de pobreza multidimensional. Esta concepción es la que se adoptó en México en 2006 y, a partir de una homologación de metodología en 2009, es la que se usa actualmente para medir la pobreza.
El proceso de la medición empieza por identificar a la población en situación de pobreza en dos etapas: primero, se determina si los ingresos de una persona son insuficientes para la satisfacción de sus necesidades y si presenta carencias sociales en 1) rezago educativo, 2) acceso a los servicios de salud, 3) acceso a la seguridad social, 4) calidad y espacios de la vivienda, 5) servicios básicos en la vivienda y 6) acceso a la alimentación nutritiva y de calidad; y, segundo, se combinan los indicadores generados en la etapa previa, a fin de reconocer a la población en situación de pobreza multidimensional. De ello se identifican dos grupos: 1) dimensión asociada al espacio del bienestar económico, la cual se mide operativamente por el indicador de ingreso corriente per capita y 2) dimensiones asociadas a los derechos sociales, es decir, con respecto a las seis carencias sociales.
Así, de la primera dimensión se identifican a los 1) pobres por ingreso (LPI): no cuentan con los recursos suficientes para adquirir los bienes y servicios que precisan para satisfacer sus necesidades (alimentarias y no alimentarias), que, para el año 2024, mensualmente, la línea de clasificación fue de tres mil 282 en zonas rurales y de cuatro mil 549 en zonas urbanas; y 2) a los pobres extremos por ingreso (LPEI): la población que, aun al hacer uso de todo su ingreso en la compra de alimentos, no puede adquirir lo indispensable para tener una nutrición adecuada, para el mismo año el umbral se fijó en mil 871 mensuales para zonas rurales y dos mil 328 para zonas urbanas. Es decir, todo aquel que esté por debajo de ese ingreso, dependiendo de su zona de residencia, puede ser clasificado como pobre, por ingreso o extremo. Y respecto de los derechos sociales se identifica a la población con al menos una carencia social en los indicadores asociados a este espacio, de la cual surge una medida agregada (o sea, una suma) que se denomina índice de privación social; cuando éste es mayor a cero, se considera que una persona experimenta carencias sociales.
Con lo anterior se llega a las siguientes cuatro clasificaciones de la población. 1) Población en situación de pobreza multidimensional: ingreso inferior al valor de la línea de pobreza por ingresos y que padece al menos una carencia social. 2) Población vulnerable por carencias sociales: presenta una o más carencias sociales, pero cuyo ingreso es igual o superior a la línea de pobreza por ingresos. 3) Población vulnerable por ingresos: no reporta carencias sociales y cuyo ingreso es inferior a la línea de pobreza por ingresos. Y 4) población no pobre multidimensional y no vulnerable, es decir, cuyo ingreso es igual o superior a la línea de pobreza por ingresos y no tiene carencia social alguna.
Pues bien, dada esa metodología y separación de la población entre pobres y no pobres, antes el Coneval y ahora el Inegi, toma la información estadística de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (Enigh) que se realiza de manera bianual. Ésta es la fuente primaria de la información. Más allá de los debates metodológicos, y de concepto, de expertos en el tema que ponen en duda que sea el instrumento ideal para la medición, porque sería como medir la temperatura con un reloj en vez de un termométro, los resultados de la pobreza de 2024 sí deben ser juzgados, por lo menos metodológicamente, igual en la serie que va de 2016 a 2024. Dicho esto, es necesario observar algunos resultados principales.
La pobreza multidimensional en 2024 alcanzó 29.6 por ciento de la población, lo que equivale a 38.5 millones de personas. Al desagregarse, la pobreza moderada abarcó 24.2 por ciento y la pobreza extrema 5.3 por ciento, es decir, 31.5 y 7.0 millones, respectivamente. Además, 5.8 por ciento fue vulnerable por ingresos y 32.2 por ciento lo fue por carencias sociales y sólo 32.5 por ciento no presentó vulnerabilidad alguna. De 2016 a 2024, la pobreza muldimensional disminuyó de 43.2 a 29.6 por ciento, 13.7 millones de personas, o lo que es lo mismo, pasó de 52.2 millones de personas a 38.5 millones. Los estados más pobres siguen siendo Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Veracruz y Puebla, medidos por el alto porcentaje de su población en pobreza.
Respecto a las carencias sociales, los resultados comparados en porcentaje de 2016 a 2024 son los siguientes. El rezago educativo casi se mantuvo igual, de 18.5 a 18.6. El acceso a servicios de salud empeoró, pasó de 15.6 a 34.2, hoy 44.5 millones de personas no tiene acceso a este servicio. El acceso a la seguridad social mejoró, pasó de 54.1 a 48.2 (es decir, de 65.4 a 62.7 millones de personas que no tienen seguridad social). Calidad y espacios de la vivienda mejoró, de 12 a 7.9. El acceso a los servicios básicos de la vivienda mejoró, de 19.2 a 14.1. Y, por último, también el acceso a la alimentación nutritiva y de calidad, con todas las comillas que esto amerite, mejoró de 21.9 a 14.4.
La explicación más fuerte de la disminución se debe al aumento del salario, no a la política de programas sociales del actual gobierno. El salario representó el 66 por ciento de los ingresos de los hogares en 2024, creció 171.5 por ciento en los últimos siete años, incluso, descontando la inflación, el crecimiento fue en más de 100 por ciento. El salario mínimo que subió sirve de referencia para el precio del trabajo en el mercado formal e informal y, como se ha sostenido en este semanario en torno a los cuatro puntos, el salario es una política redistributiva de la riqueza. El aumento del salario no se explica por la buena voluntad del gobierno de México, sino como una parte esencial del cumplimiento del tratado comercial entre Estados Unidos, Canadá y México, a la necesidad de igualar salarios para “evitar la competencia desleal” (ver Art. 23.3 del T-MEC laboral). Aunado a eso, si se considera que la linea de la división entre pobres y no pobres es verdaderamente tenue, no habría motivo para echar las campanas al vuelo.
Dos cosas más al respecto: 1) la política social del gobierno no es para los más pobres ni es la explicación de la disminucion de los números de la pobreza y, 2) las carencias sociales esenciales de la población siguen sin atenderse. Respecto a lo primero, en 2016, el decil uno de hogares (los más pobres) recibió 24 por ciento del dinero de los programas sociales, mientras que en 2024 sólo recibió el 14 por ciento; en el otro extremo, el decil diez (los más ricos), en 2016 recibieron cinco por ciento, mientras que en 2024 les fue asignado el 12 por ciento. De lo segundo, las carencias sociales sin atenderse son: educación –no se movió–, seguridad social –disminuyó poco– y salud –empeoró–; parte sustancial de la explicación es que la política social se ha centrado en transferencias monetarias directas y no en obras de infraestructura como escuelas, hospitales, carreteras, obras que pueden tener impacto trascendental en la vida de las personas y que verdaderamente ayudarían a superar los niveles de pobreza.
Por todo lo anterior, es necesario explicar la pobreza, cómo se mide, de qué cantidad de dinero deben disponer y qué servicios deben tener cubiertos para dejar de ser pobres y que la gente misma valore si eso representa o no superar la pobreza. La estadística reportada, como todos los promedios, esconde extremos, es un indicador, pero no es prueba absoluta de que la pobreza desapareció para esos 13.7 millones de mexicanos, muchos de ellos, seguramente, apenas saltaron esa línea por un peso. Si los mexicanos se dan cuenta de eso, será más fácil sostener que la lucha social por salario digno, las obras y servicios y la lucha por la toma del poder político por un gobierno verdaderamente popular siguen siendo tan necesarios como antes.
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Escrito por Rogelio García Macedonio
Licenciado en Economía por la UNAM.