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Arnulfo Alberto Emiliano
Santa Fe, desarrollo urbano y capitalismo mexicano
Recientemente leí el texto La constitución urbana y espacial de la ZEDEC Santa Fe: origen y desarrollo producto de la reestructuración urbana y símbolo del proyecto neoliberal mexicano de Gustavo Kunz.


Recientemente leí el texto La constitución urbana y espacial de la ZEDEC Santa Fe: origen y desarrollo producto de la reestructuración urbana y símbolo del proyecto neoliberal mexicano de Gustavo Kunz.Quiero decir que el documento ofrece una perspectiva introductoria de la problemática urbana y social de Santa Fe. Además, es un texto que permite conocer lo que significa Santa Fe en términos históricos, económicos y espaciales para la Ciudad de México (CDMX) y para el país. Para el que no tiene mucho conocimiento del desarrollo de esta área tan moderna de la ciudad lo ubica en el contexto de la evolución de la ciudad y de la nación.

Aunque no estoy de acuerdo con su marco teórico, pues el declive y resurgimiento de centros y subcentros urbanos está determinado en el capitalismo por la lógica de acumulaciones y la ganancia. Además, algunas de sus conclusiones y toma de posición no presentan suficiente evidencia, creo que sus aportaciones en términos de nociones son muy valiosas y ofrecen una visión panorámica útil para entender de dónde viene el desarrollo de la zona, lo que ocurre actualmente en Santa Fe y hacia dónde se dirige en el futuro. Esta zona de desarrollo especial se encuentra entre las alcaldías de Cuajimalpa y Alvaro Obregón.

En primer lugar, un poco de historia. El antecedente de Santa Fe es el pueblo de Santa Fe. Este último tiene un origen peculiar, ya que fue fundado en 1532 por Vasco de Quiroga bajo los principios utópicos de Tomas Moro. El célebre primer obispo de Morelia la concibió como una comunidad hospitalaria de apoyo para huérfanos, mujeres y ancianos, lo que representa un esfuerzo loable, aunque insuficiente, seguramente para las necesidades de la época.

Con los años, la zona aledaña fue ocupada por haciendas, molinos, fábricas, etc., gracias a su cercanía con la ciudad. Ya en el Siglo XX, esta área adyacente se vuelve una zona de minas y de relleno sanitario. A partir de la segunda mitad de este siglo, el pueblo de Santa Fe es alcanzado por los desequilibrios producto del crecimiento industrial anárquico de la época y la población marginada crece por los cuatros costados, apropiándose incluso de zonas de alto riesgo.

Es con la llegada del neoliberalismo, a partir de la década de los ochenta, que la zona cercana al bosque de Santa Fe, y que anteriormente ocupaban minas que posteriormente se convirtieron en rellenos sanitarios, se vuelve epicentro de un desarrollo posmoderno de primer orden pero que no escapa a las múltiples contradicciones del capitalismo tardío.

Esta etapa neoliberal del capitalismo mexicano, impulsado por una alianza entre el gobierno y la iniciativa privada, lo promueve como un símbolo del desarrollo impulsado por el mercado y la estrategia de desarrollo volcado al comercio exterior.

La lógica histórica que ha llevado a la división de la ciudad en un sur-poniente de clases altas y un oriente y norte de clases bajas se ve reflejado claramente en la constitución de Santa Fe. Ciertamente no pudo haber emergido en el oriente, aunque quizá en el norte. Pero su ubicación natural era el poniente por estar cerca de lugares tradicionalmente hegemónicos y adyacentes a lugares de clase alta como Polanco, Lomas de Chapultepec e incluso Paseo de la Reforma y el centro de la CDMX.

El oriente ha sido tradicionalmente una zona de alta pobreza y marginación. Muchas de las tierras de conservación, lugares que antes fueron parte del lago de Texcoco, fueron convertidas a uso residencial o comercial por las autoridades en turno ante el descontrol en el crecimiento poblacional de las ciudades. Actualmente, éstas son las zonas de mayor vulnerabilidad por inundaciones.

Pero veamos cómo ocurrió el crecimiento de la CDMX en anillos cada vez más amplios que terminó por engullir terrenos de todo tipo. Primero se urbanizó la llamada ciudad interior con epicentro en Cuauhtémoc. Esto ocurrió en las primeras tres décadas del Siglo XX. Un anillo de áreas intermedias se desarrolla entre 1930 y 1950 e incorpora a la mancha urbana alcaldías como Álvaro Obregón, Azcapotzalco, Coyoacán, Gustavo A. Madero, Iztapalapa e Iztacalco.

Un segundo anillo amplía la ciudad hasta alcanzar los municipios mexiquenses de Naucalpan, Tlalnepantla y Ecatepec, además de alcaldías como Magdalena Conteras, Xochimilco y Tlalpan. Esto ocurre entre 1950 y 1970.

Es durante el desarrollo de este segundo anillo en que la zona de Santa Fe pasa a formar parte de la dinámica citadina.

Un tercer anillo, posterior a 1970, incluye ya a muchos más municipios del Estado de México de la actual zona metropolitana.

Santa Fe surge en este contexto de expansión urbana con el desarrollo capitalista y la necesidad de encontrar espacios cada vez más especializados, en este caso en el sector financiero, tecnológico y, en general, de servicios. La saturación de zonas económicas importantes como Paseo de la Reforma, la dificultad de encontrar lotes de tamaño relevante y los problemas que presenta el suelo en las partes céntricas, contribuyen a acelerar este proceso de descentralización. Grandes firmas internacionales con deseos de extraer plusvalía en el mercado mexicano buscan espacios acordes a sus necesidades, donde construir sus oficinas corporativas es prioritario, así esta área se ha convertido en la sede de múltiples corporaciones, como Banamex, HP, Ford, etc.

Es un ejemplo también de cómo el capitalismo mexicano es capaz de crear zonas de alto desarrollo en tierras antes desprovistas de todo valor y que se comparan a cualquier distrito financiero de países tradicionalmente ricos y desarrollados y, sin embargo, ser incapaz de resolver los profundos problemas de pobreza, marginación y desigualdad, ya no digamos del país ni de la CDMX, ni siquiera de la zona poniente, sino de las barrancas inmediatamente adyacentes a Santa Fe. Esta contradicción es patente no sólo para el observador que pasa por el área, sino para los mismos habitantes de las torres ultramodernas, que tienen que soportar un horizonte gris que les recuerda que siguen en México, en una isla posmoderna, como acertadamente dicen los autores.

Lo cierto es que el capitalismo es un modo de producción inmanentemente contradictorio y la modernidad que presenta en algunos espacios es una sola cara de una moneda que en el reverso presenta un rostro de miseria y marginación entre ubicaciones geográficas. En el caso de Santa Fe, este efecto ni siquiera requiere un gran esfuerzo intelectual, pues es visible para todos de manera inmediata.

Con todo, es importante destacar que Santa Fe ha alcanzado ya su fase de apogeo; y este punto representa su declive. La escasez de más tierra de uso comercial o habitable y su consiguiente encarecimiento, la saturación de servicios, el difícil acceso a la zona, llevan inevitablemente al capital a moverse a otros sitios que se vuelven más competitivos, como la zona de Paseo de la Reforma-Polanco, Insurgentes y el sur de la CDMX. 


Escrito por Arnulfo Alberto

Maestro en Economía. Candidato a doctor por la Universidad de Massachusetts Amherst, EE.UU.


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