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Esténtor Político
En México hay 33 millones de trabajadores informales
Cifras redondas muestran 33 millones de personas trabajando informalmente en México.


Cifras redondas muestran 33 millones de personas trabajando informalmente en México. Es decir, 55 de cada 100 se emplean en este sector y no poseen un contrato que les garantice prestaciones y seguridad social (salud, pensiones, seguro de desempleo, etc.), lo que evidencia la débil economía nacional que perjudica, como siempre, a las clases populares más desprotegidas.

 En el último trimestre de 2025, la informalidad creció de 54.5 a 55 por ciento de la población ocupada, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi); esto preocupa al gobierno y a la sociedad, sobre todo porque conlleva muchos otros problemas económicos como el bajísimo crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB).

La encuesta citada estima que 493 mil 821 personas se sumaron a la informalidad sólo durante 2025; con cálculos mínimos, tenemos que por día fueron mil 352 mexicanos los que se quedaron sin trabajo y pasaron al empleo informal: en promedio 56 cada hora; las cifras, que son oficiales, necesariamente lanzan un grito de auxilio para la autoridad federal y las estatales.

En este contexto,hay preguntas obligadas: ¿por qué se da este grave aumento en el trabajo informal?, ¿por qué en México no se absorbe la mano de obra disponible? y ¿qué se necesitaría para revertir esta situación y generar el empleo necesario y bien remunerado para los mexicanos en edad de trabajar?

Sin indagar mucho, economistas y especialistas han establecido que en el país domina una economía con muy baja productividad y su capacidad resulta muy limitada para absorber la mano de obra existente. El mercado laboral, aceptando sin conceder, impulsa la ocupación, cuya parte considerable de ella corresponde a empleos precarios: sin seguridad social ni derechos laborales; además, en la estructura productiva mexicana abundan las unidades económicas pequeñas, productividad baja y menor, y existe un limitado acceso al financiamiento, lo que dificulta la formalización.

Ante un escaso o bajo crecimiento de empleo formal, el sector informal representa una opción por ser “más sencillo” y “menos costoso”; porque aunque se sabe, con datos oficiales, que 1.4 millones de jóvenes ingresan a la Población Económicamente Activa (PEA) al año, cantidad que debería ser atendida con verdaderas fuentes de empleo; no se logra porque tendría que incrementarse, obligatoriamente, el PIB a cuatro o 4.5 por ciento; pero en los últimos ocho años de gobiernos morenistas, el crecimiento apenas ha alcanzado 1.4 por ciento anual.

Un aspecto que también juega en contra deriva de la precarización en el empleo formal, es decir, que los salarios resultan insuficientes; y que quien, “por suerte o gracia divina”, cuenta con un empleo formal, debe buscar un empleo más, que casi siempre lo encontrará sólo en la informalidad. Las políticas públicas no han dado resultado, es decir, los gobernantes han fallado a los mexicanos en garantizar empleo para los que están en edad de trabajar; y aunque esto no ocurre solamente en el gobierno actual, sino en los de varios decenios anteriores también, durante los ocho años de morenismo, este problema se ha profundizado.

Hoy, al saber que cinco o seis de cada 10 mexicanos, 33 millones en total, trabajan en la informalidad, debemos concluir que no existe otro culpable que el neoliberalismo, un modelo que decide y controla el desarrollo mundial, donde México no es la excepción; la economía nacional está sometida y depende del gran capital; y no permite que la clase trabajadora alcance una mejor vida ni bienestar social.

Por tal motivo, la única solución a futuro tendrá que surgir desde raíz: ayudar al pueblo mexicano a que se organice, que los trabajadores, con empleo formal o informal, descubran la rapacidad del capitalismo y busquen terminar con él porque nos empuja cada vez más hacia la miseria y el hambre. El pueblo unido, todos los pueblos unidos, debe implantar un modelo económico nuevo, diferente, que se preocupe por los seres humanos y por su bienestar social en todos los sentidos. Eso es lo que se necesita, debemos conquistarlo. Por el momento, estimado lector, es todo. 


Escrito por Miguel Ángel Casique

Columnista político y analista de medios de comunicación con Diplomado en Comunicación Social y Relaciones Públicas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).


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