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Resulta difícil prever, al día de hoy, si la decisión del presidente Javier Milei, de que la República Argentina forme parte, como país fundador, del Board of Peace, organismo internacional creado por Donald Trump, podría ofrecer a futuro algún beneficio concreto al país sudamericano.
De hecho, aún es muy incierto el futuro del propio organismo, el cual parecería pretender poner en cuestión a la Organización de las Naciones Unidas, o incluso reemplazarla a futuro, aunque, en lo inmediato, hay más dudas que certezas, ya que su estatuto se parece más al documento fundacional de un club de amigos que a un organismo multilateral, con un presidente vitalicio que elegirá a su sucesor, entre muchas otras curiosidades.
De todos modos, esta nueva decisión impulsiva de Milei, motivada más por sus afinidades personales que por una mirada sobre los intereses de la Argentina o de una estrategia geopolítica, nos permite hacernos algunas preguntas interesantes, que habitualmente la clase política nacional no suele abordar, tal vez abrumada por las cuestiones domésticas, mientras el mundo entero está presenciando algunos de los cambios más grandes, a nivel geopolítico, de los últimos ochenta años, los cuales determinarán las relaciones entre los países y darán forma al equilibrio mundial durante los próximos dos siglos, tal como afirmó el presidente chino Xi Jinping a su homónimo ruso, Vladimir Putin, durante una visita a Moscú.
Es indisimulable la afinidad y el alineamiento ideológico y hasta espiritual de Javier Milei, con Estados Unidos (EE. UU.) e Israel, poniendo esta preferencia personal por encima de cualquier análisis objetivo de los intereses argentinos. En este sentido, también quiero enfatizar que la sumisión del primer mandatario sudamericano a los designios de la Casa Blanca, no es sólo por pertenencia ideológica con Trump, ya que en la era Biden, Milei mostró la misma genuflexión para con los intereses estadounidenses, como la toma de posición de la Argentina, abiertamente a favor de Kiev y hostil hacia Moscú, respecto del conflicto de la OTAN contra Rusia o el rechazo a la invitación del grupo BRICS al país, para integrarse al mismo como miembro de pleno derecho. Ambas cuestiones estuvieron sobre la mesa, el 28 de noviembre de 2023, en la reunión que mantuvo, el por entonces, presidente electo Javier Milei con el asesor de Seguridad Nacional de la administración Biden, Jake Sullivan. Durante ese mismo viaje Milei tuvo un almuerzo muy cordial y productivo con el expresidente demócrata y ultra woke, Bill Clinton.
En definitiva, todo lo que tenga la bandera de las barras y las estrellas o el Magen David, va a contar con la incondicionalidad del presidente libertario, sin evaluar los intereses objetivos de la Argentina o un posicionamiento geopolítico coherente y serio. Claro que esto es inescindible de la supina ignorancia de Milei en estos asuntos, e incluso en cuestiones de ideología o pragmatismo político, como pudimos ver hace pocos días, al declarar de forma grandilocuente, en el Foro Económico de Davos, que: “Maquiavelo ha muerto”, metáfora no muy elaborada para dar marco a algunas ideas, aparentemente éticas y morales del presidente argentino, declarado admirador y seguidor ideológico de su homónimo estadounidense, quien en el mismo foro suizo afirmó: “Algunos me han dicho que yo era un dictador, pero hay veces que necesitas un dictador”, declaración que define el pensamiento pragmático puro y duro del magnate neoyorquino, y algo a lo que se podría haber referido Nicolás Maquiavelo, con eso de que “el fin justifica los medios”.
Analicemos tres cuestiones: ¿EE. UU. e Israel favorecen económicamente a la Argentina? ¿Cómo se beneficiará realmente Argentina de su pertenencia al Consejo de Paz de Trump? y ¿Tiene Argentina otras vías alternativas, a las anglo-sionistas, para desarrollar su potencial?
Los dos principales socios comerciales del país son China y Brasil, países fundadores del grupo BRICS, junto con Rusia, amigo histórico de la Argentina. Ninguno de estos países condiciona las políticas exteriores de sus socios o aliados, mientras que Washington y Tel Aviv se empeñan en condicionar el rumbo geopolítico de sus socios, como en los casos, ya citados en este artículo, de la renuncia al ingreso a los BRICS o la hostilidad hacia Moscú, con el consiguiente enfriamiento de las históricamente amistosas y cercanas relaciones bilaterales entre ambos países. De hecho, la ignorancia, el prejuicio ideológico y el seguidismo ciego a EE. UU., llevaron a la casi ruptura de las relaciones entre Buenos Aires y Beijing, debido a los exabruptos y groserías dichas por Milei acerca de China y su gobierno para, promediando su mandato, reconocer públicamente que se había sorprendido gratamente por lo buen socio que era China, lo cual es tan sorprendente como descubrir que el agua moja.
Respecto a la conveniencia de la participación de la Argentina en el Board of Peace, es difícil saberlo aún, pero si hay datos muy curiosos a tener en cuenta. Salvo los EE. UU. y el Estado hebreo, prácticamente no hay países de los que el presidente libertario ama tomar como ejemplos a seguir. El rechazo del “Occidente colectivo” fue casi unánime, mientras que China estudia le respuesta a la invitación de Trump y el Kremlin hace lo mismo, pero ya puso a disposición del Consejo de Paz, mil millones de dólares, de los fondos soberanos rusos congelados en EE. UU., para que sean utilizados en la reconstrucción de Gaza y la ayuda al pueblo palestino. También es revelador que la mayor parte de los Estados que ya confirmaron su participación en el Consejo, son países que forman parte de la “Mayoría global” (el mal llamado “Sur global”), y los cuales tienen excelentes y muy cercanas relaciones estratégicas con Rusia y China, como son Bielorrusia, Vietnam, Kazajstán, Mongolia, Pakistán, Uzbekistán, Camboya, Indonesia, Hungría, Egipto y las monarquías del golfo, por nombrar sólo algunos de ellos. En la práctica, el idealismo libertario naif y la ignorancia geopolítica de Milei, parecen estrellarse contra el realismo pragmático de Donald Trump, aunque el presidente argentino aún no se dé cuenta.
Para finalizar, en el mundo multipolar de hoy, el cual ya nació y se está desarrollando (muy a pesar de los globalistas corporatocráticos), las opciones de asociación y crecimiento entre países son cada vez mayores y con mejores condiciones para la realización de acuerdos mutuamente beneficiosos, con una lógica de “ganar-ganar”. Sin embargo, nada de esto es posible si no hay una mirada estratégica, una ética soberanista y no se persigue la concreción de objetivos de desarrollo nacional.
En definitiva, la disyuntiva de Milei sería gobernar como un estadista al servicio de su Patria y de su pueblo o como un extravagante, ególatra y caprichoso rockstar, empeñado en satisfacer sus deseos personales y sus caprichos. Parece evidente que el libertario se ha decantado por la segunda opción.
Mientras tanto, la Argentina se halla perdida en el laberinto infinito de la ignorancia geopolítica del presidente Javier Milei.
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Escrito por Christian Lamesa
Analista geopolítico, fotógrafo y escritor. Autor del libro La paternidad del mal. Los cómplices de Hitler.