“Dos linajes solos hay en el mundo, como decía una agüela mía, que son el tener y el no tener”: Miguel de Cervantes.
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Nació el cinco de mayo de 1818, en la Roma del Norte, es decir, en Tréveris, Alemania, en la región Renania; y murió el 14 de marzo de 1883 en Londres, Inglaterra. Fue un gran filósofo, economista y un incansable defensor de los intereses de los trabajadores del mundo.
A la edad de 17 años, cuando debía decidir qué estudiar, escribió frases en una carta que intituló Reflexiones de un joven en la elección de una profesión”: “Si uno sólo trabaja para sí mismo, quizás puede volverse un famoso del aprendizaje, un gran sabio, un poeta excelente, pero nunca puede ser perfecto, verdaderamente grande. La historia eleva a los hombres como los más grandes, a los que se han ennoblecido trabajando por el bien común; la experiencia aclama como el más feliz a quien ha hecho el más grande número de personas felices”.
Una de sus primeras obras de mayor relevancia, que sería clave para la posterior elaboración de El Capital, su obra cumbre, fue el Manifiesto del Partido Comunista que escribió con Federico Engels en 1847, en Bruselas, cuando vivía ya desterrado de su natal Alemania. En tal obra nos legó esta figura político-literaria por demás profunda y revolucionaria:
“Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases. Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra: opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada unas veces y otras franca y abierta; lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases en pugna.
“Dondequiera que ha conquistado el poder, la burguesía ha destruido las relaciones feudales, patriarcales, idílicas; ha desgarrado sin piedad las abigarradas ligaduras feudales que ataban al hombre a sus superiores naturales, para no dejar subsistir otro vínculo entre los hombres que el frío interés, el cruel pago al contado; ha ahogado el sagrado éxtasis del fervor religioso, el entusiasmo caballeresco y el sentimentalismo del pequeñoburgués en las aguas heladas del cálculo egoísta; ha hecho de la dignidad personal un simple valor de cambio; ha sustituido las numerosas libertades escrituradas y adquiridas por la única y desalmada libertad de comercio. En una palabra, en lugar de la explotación velada por ilusiones religiosas y políticas, ha establecido una explotación abierta, descarada, directa y brutal. La burguesía ha despojado de su aureola a todas las profesiones que hasta entonces se tenían por venerables y dignas de piadoso respeto. Al médico, al jurista, al sacerdote, al poeta, al hombre de ciencia, los ha convertido en sus servidores asalariados”.
En su obra Las tres fuentes y las tres partes integrantes del marxismo, Vladimir Ilich Uliánov, Lenin, afirma: “La doctrina de Marx es todopoderosa porque es exacta. Es completa y ordenada y da a la gente una concepción monolítica del mundo, una concepción intransigente con toda la superstición, con toda la reacción y con toda defensa de la opresión burguesa. El marxismo es el sucesor natural de lo mejor que la humanidad creó en el Siglo XIX: la filosofía alemana, la economía política inglesa y el socialismo francés”.
En El Capital se halla la síntesis de su pensamiento y la aplicación práctica de su filosofía. Es un ejemplo de uso del materialismo dialéctico e histórico y una crítica demoledora al sistema capitalista pues, con base en los principios dialécticos, demuestra que el capitalismo no es eterno y que quien tiene en sus manos la tarea y la capacidad de cambiar las cosas para la construcción de una sociedad más justa y mejor es la clase trabajadora, que es la productora directa de la riqueza, así como la que más sufre tanto por las extenuantes jornadas laborales como por los exiguos salarios que percibe y que apenas le alcanzan para comer y sobrevivir.
El pensamiento de Karl Marx sigue vigente como lo demuestra la actualidad de sus postulados políticos más conocidos:
El materialismo dialéctico, tesis sobre el desarrollo humano elaborada con su camarada de lucha y trabajo, Federico Engels: “la doctrina del desarrollo en su forma más completa, más profunda y más exenta de unilateralidad, la doctrina de la relatividad del conocimiento humano, que nos da un reflejo de la materia en constante desarrollo”.
Ley general de la acumulación capitalista: conforme se desarrolla el capital y se crea más riqueza, lejos de que mejore la condición de los trabajadores que producen la riqueza, empeora porque hay más desempleo y quienes tienen trabajo, lo realizan en condiciones de explotación más brutales, pues saben que si son despedidos hay muchos otros que pueden sustituirlos de inmediato y prefieren vivir mal, pero con un ingreso bajo pero seguro.
La acumulación originaria del capital. Los campesinos son despojados de sus tierras por la fuerza para convertirlas en grandes praderas donde pasten animales o haya grandes explotaciones agrícolas. Los campesinos desplazados migran a la ciudad y venden su fuerza de trabajo a los patronos. El capital chorrea sangre y lodo desde su nacimiento, escribe Marx.
La plusvalía al descubierto. El trabajador no vende su trabajo al patrón, sino su fuerza de trabajo; es decir, su capacidad para trabajar. Sin embargo, a diferencia de las demás mercancías, la fuerza de trabajo produce más valor del que ella misma cuesta y, por ende, con el trabajo crea más riqueza de la que recibe. Al trabajo realizado pero no remunerado, Marx le llamó plusvalía y ésa es la fuente de la ganancia de los patrones.
La jornada laboral puede dividirse en dos partes: a) Trabajo necesario, con el que los trabajadores generan un valor equivalente a su salario, que es lo justo para reponer su fuerza de trabajo y b) Trabajo excedente, con el que los trabajadores generan la plusvalía, que es la ganancia del capitalista.
La contradicción fundamental del capitalismo: la producción de la riqueza tiene un carácter eminentemente social, pues en ella participa la inmensa mayoría de los trabajadores. Sin embargo, la apropiación de la riqueza tiene un carácter privado, por ello, sólo unos cuantos disfrutan de la riqueza producida: precisamente los que no trabajan.
En su discurso ante la tumba de Marx, en High Gate, Inglaterra, Engels advirtió: “El 14 de marzo, a las tres menos cuarto de la tarde, dejó de pensar el más grande pensador de nuestros días. Apenas le dejamos dos minutos solo, y cuando volvimos, le encontramos dormido suavemente en su sillón, pero para siempre… Marx era, ante todo, un revolucionario… Su nombre vivirá a través de los siglos, y con él su obra”.
Sirva el ejemplo de Marx y su pensamiento como guía de las acciones encaminadas a construir un cambio revolucionario en nuestro país. Sirva a los jóvenes de guía para que puedan convertirse en dirigentes de los trabajadores y del pueblo trabajador; para saber que es posible un mundo mejor; que en sus manos está la construcción y con ésta su liberación.
“Dos linajes solos hay en el mundo, como decía una agüela mía, que son el tener y el no tener”: Miguel de Cervantes.
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Escrito por Brasil Acosta Peña
Doctor en Economía por El Colegio de México, con estancia en investigación en la Universidad de Princeton. Fue catedrático en el CIDE.