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Brasil Acosta Peña
Teatro Aquiles Córdova Morán
El pasado cinco de abril fue inaugurado el Teatro Aquiles Córdova Morán, un edificio construido con el esfuerzo del Movimiento Antorchista Nacional.


El pasado cinco de abril fue inaugurado el Teatro Aquiles Córdova Morán, un edificio construido con el esfuerzo del Movimiento Antorchista Nacional, una organización social y política que vive del trabajo colectivo de sus militantes y dirigentes, y no de los “moches”, como en alguna ocasión afirmó el expresidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), quien sabía que, para subsistir, Antorcha, no requería los recursos públicos, como se constató cuando su gobierno canceló los que destinaba a las organizaciones sociales con la creencia de que, con tal intención, acabaría con el Movimiento Antorchista Nacional. 

Antorcha no recibía ni recibe “moches”; y lo que entonces declaró AMLO fue una gran mentira para desprestigiar a una organización que nació y vive para ayudar a los mexicanos pobres. Sí, Antorcha tiene vida propia, recursos propios, fuerza propia, convicciones propias y sabe adaptarse a las circunstancias duras; pues su tarea de construir una sociedad nueva, más justa y mejor, le exige la mayor vitalidad para superar las pruebas que, en su larga vida, le quedan por delante. 

 Un ejemplo de su vitalidad consiste en la construcción del Teatro Aquiles Córdova Morán, una obra arquitectónica moderna que cuenta con los recursos físicos, mecánicos y artísticos necesarios para representar todas las expresiones del arte escénico y que, sin exagerar, se equipara al Palacio de las Bellas Artes de la Ciudad de México, pues dispone de una sala con capacidad para albergar a dos mil personas en cómodas butacas, con aire acondicionado, acústica de primer nivel, un escenario con luces de primera línea y el foso orquestal bastante amplio. 

Su frontispicio es una réplica del Partenón de Atenas y sus esculturas reproducen la batalla de los centauros contra los lapitas. Anabella Squiripa, especialista en la historia de la Grecia antigua, describe así esa contienda: “Cuenta la leyenda que la celebración de una boda acabó en un trágico enfrentamiento entre los invitados por un exceso de pasiones y alcohol. Este mito de enfrentamiento entre lapitas y centauros fue la metáfora perfecta para los griegos a la hora de representar el triunfo de la civilización sobre la barbarie.

“El mito comienza con la boda que se celebró entre Pirítoo e Hipodamía, también llamada Deidamía. (Vale aclarar que no se trata de la misma Hipodamía del mito de Pélope). Ésta era la joven más bella de su generación. Pirítoo, rey de los lapitas (habitantes de Tesalia) compartía un lazo sanguíneo con los centauros, criaturas híbridas, mitad hombres, mitad caballos, que habitaban las montañas de la región. Cuando organizó la lista de invitados, invitó a sus parientes centauros, aunque todos sabían que éstos eran salvajes bebedores empedernidos, groseros y muy agresivos.

“La boda se efectuó sin problema alguno, pero luego de que hubo corrido la comida y la bebida, los centauros, ya completamente borrachos, intentaron violar nada más y nada menos que a la desposada y raptar a las invitadas. Entre los lapitas se encontraba el héroe Teseo, amigo inseparable de Pirítoo, quien no vaciló en responder a las agresiones de los centauros, lo que desembocó en una sangrienta batalla.

“Luego de algunas bajas y heridos, los centauros fueron derrotados y finalmente expulsados de Tesalia. Nunca más se volvió a saber de ellos, pero los griegos retomaron esta leyenda para simbolizar la victoria de la civilización racional sobre la fuerza bruta de la barbarie. El frontón del templo de Zeus en Olimpia y las metopas del Partenón nos relatan, en imágenes arcaicas y clásicas, esta mítica batalla de la Centauromaquia que, junto a la Gigantomaquia y la Amazonomaquia, fue una de las favoritas de los helénicos, luego retomada por artistas como Miguel Ángel y Rubens”. (sobregrecia.com).

El Teatro Aquiles Córdova Morán es un monumento que expresa la cumbre cultural del Movimiento Antorchista, una muestra de la política cultural cuando gobierne México: un triunfo de la civilización sobre la barbarie y un ejemplo de la capacidad que tiene el pueblo cuando sus integrantes hacen a un lado intereses egoístas, se organizan, actúan colectivamente, se educan, se deciden a romper las barreras que el atraso impone y a construir una sociedad mejor.

Durante su programa inaugural participaron los grupos de teatro nacionales del Movimiento Antorchista Nacional con la escenificación de Bodas de sangre, de Federico García Lorca, en cuyos episodios concurren la poesía en verso, la música y el baile para evidenciar las contradicciones entre la clase rural pobre y terrateniente de la España de principios del Siglo XX. La obra exhibe el talento, la capacidad creadora y la fuerza del pueblo, y el brillo opaco del oro y las debilidades de los poseedores de viñedos. 

El joven pianista Cristian Alan Romero Méndez, nativo de Guerrero, hizo un recorrido por las obras de grandes compositores europeos como Frédéric Chopin, Franz Liszt y Serguéi Rachmáninov; así como de Manuel M. Ponce, uno de los primeros autores del país en utilizar temas y tonalidades de la música popular mexicana en sus piezas clásicas. Liszt tocó el piano forte, obra compuesta en un piano de clase D, manufacturado por la casa Steinway and Sons; esta compañía sólo fabricó cinco pianos, dos desparecieron: uno está en un museo y otro más en una colección privada.

La inauguración del Teatro Aquiles Córdova Morán se desarrolló durante la XXI Espartaqueada Cultural del Movimiento Antorchista Nacional, cuyo inicio ha destacado por el derroche de talento popular. Niños, jóvenes y adultos de toda la República ya conocieron su nuevo recinto de arte; y desde su escenario mandamos un mensaje claro a México: el Movimiento Antorchista es la solución a los problemas de nuestro país porque es la única organización popular con capacidad para sacar de la barbarie delictiva que azota al país y brindar apoyo a los mexicanos que requieren empleo, educación, salud, vivienda, etcétera. 

 


Escrito por Brasil Acosta Peña

Doctor en Economía por El Colegio de México, con estancia en investigación en la Universidad de Princeton. Fue catedrático en el CIDE.


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