Pito Pérez atisba otra forma de ser del hombre en el fondo de una botella, y justo es reconocer que no conmina a volverse alcohólico como él.
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En junio de 1872, apenas dos meses después de que los ejércitos de Francia y Alemania sofocaran la rebelión de la Comuna de París, el periodista británico R. Landor, corresponsal del diario World de Nueva York, entrevistó al filósofo y dirigente de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIM) con el propósito de que le dijera por qué la Primera Internacional había inducido a los líderes y los trabajadores franceses a rebelarse contra la monarquía que Napoleón III restauró en Francia. El fundador del comunismo científico, consciente del impacto público que sus respuestas podrían tener a una pregunta planteada en el marco de una típica entrevista de “barandilla” política, aclaró que esa decisión había sido adoptada por los internacionalistas franceses y no por la AIM desde Londres.
De la entrevista, que duró un par de horas, que se realizó en la oficina de la AIM con la posible presencia de Federico Engels (a quien Landor no conocía y lo alude como otro “alemán” que dominaba plenamente el idioma inglés) y de la que el World sólo publicó “los momentos más destacados de mi conversación con este hombre notable”, sobrevivió también gracias a que Landor elaboró el retrato físico e intelectual de Marx con base en la puntual descripción de sus rasgos, gestos y movimientos físicos más relevantes. Los párrafos siguientes son una muestra del retrato del transformador del proceso de desarrollo histórico más reciente del orbe:
“Ha entrado, me ha saludado cordialmente y estamos sentados frente a frente. Sí, estoy téte a téte con la encarnación de la revolución, con el auténtico fundador y guía espiritual de la Asociación Internacional, con el autor de un discurso que le dice al capital que si le declara la guerra a los trabajadores no puede esperar menos que la casa arda hasta los cimientos. En pocas palabras: me encuentro frente a frente al apologeta de la Comuna de París…
“¿Recuerdan aquel busto de Sócrates, aquel hombre que prefirió morir que creer en los dioses de su tiempo, aquel hombre de frente despejada y hermoso perfil mezquinamente rematado por una especie de gancho hendido que hacía las veces de nariz? Imaginen ese busto, pónganle una barba oscura salpicada aquí y allá con pinceladas de gris. Seguidamente, unan esa cabeza a un tronco corpulento propio de un hombre de estatura media y tendrán ante ustedes al doctor Marx. Si cubren con un velo la parte superior de su rostro, podrían estar en presencia de un miembro nato de la junta parroquial protestante. Si dejan al descubierto su rasgo más esencial, su inmenso ceño, sabrán de inmediato que se encuentran frente a la más formidable conjunción de fuerzas: un soñador que sueña, un pensador que piensa”.
Landor remata la entrevista con Marx con la aserción de que, al margen de que la Primera Internacional pudiera haber participado o no en la rebelión de la Comuna de París, “podemos tener la seguridad de que la Asociación Internacional es un nuevo poder en el seno del mundo civilizado con el que éste tendrá que echar cuentas, para bien o para mal, más pronto que tarde”.
Pito Pérez atisba otra forma de ser del hombre en el fondo de una botella, y justo es reconocer que no conmina a volverse alcohólico como él.
La consigna era esperanzadora: “arte para todos”.
Con esta obra se cebó el cuete de los viajes interestelares e intergalácticos hacia nuestro hogar terráqueo en todo el pasado y en el futuro próximo.
La belleza expresiva del lamento de Gilgamesh por la muerte de su amigo ha sido comparada con los cantos elegíacos por la muerte de Patroclo, Sigfrido, Rolando y otros héroes legendarios.
En este cuento filosófico del Siglo XVIII hallamos los antecedentes ideológicos directos de la barbarie a la que nos ha conducido el imperialismo dominante.
Gilgamesh era dos tercios divinos y un tercio humano y, sin embargo, lo humano se impone constantemente a través de sus defectos y sus virtudes.
Para el futuro autor de Veinte poemas de amor y una canción desesperada, los ensayos y relatos cortos de Anatole France aportaron una doble revelación que siempre estaría presente en su vida literaria.
Los secretos más íntimos de Gabo y Fidel.
Estos recuerdos son el equivalente a un viaje al pasado en el que Jean vivió con intensidad un amor genuino hacia personas que le correspondieron en este tipo de relaciones, pero no en lo carnal.
La primera edición de Chesil Beach apareció en 2007.
Las historias fueron recogidas del habla popular por W. B. Yeats durante su adolescencia y escritas entre 1893 y 1901.
Es evidente que Héctor Aguilar Camín eligió, sin ambages, contar una historia desde el poder con el discurso construido para reprimir la disidencia.
La novela es una obra notable y contiene una denuncia impecable de la destrucción de comunidades, costumbres y vidas por parte de los imperialismos occidentales.
Su primera novela fue La cabeza en las nubes (1989).
“La literatura latinoamericana, en especial los géneros narrativos, nacieron comprometidos fundamentalmente con la realidad social…”
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Escrito por Ángel Trejo Raygadas
Periodista y escritor.