Nacida en marzo de 1946 en la Ciudad de Guatemala, Delia Quiñónez Castillo fue la más joven de los siete poetas que, en 1968, fundaron el grupo literario Nuevo Signo.
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Qué sé yo cuántos ataúdes salen de un árbol,
yo sólo sé que se están acabando los bosques…
No es Luis Alfredo Arango (Totonicapán, Guatemala, 1935 - Guatemala, 2001) un poeta contemplativo, nostálgico, que añore la idílica belleza del entorno rural de su niñez, la vida sin complicaciones ni sobresaltos en un pueblo en el que nada ocurre ni cambia, como expresa en las primeras estrofas de El andalón, uno de sus más conocidos poemas, en el que la idealizada paz infantil se desvanece ante la cruda realidad de opresión en todas sus formas: la miseria y el hambre, la depredación y la codicia, la inequidad implícita en los roles de género, el desempleo, el envilecimiento de los hombres, la desigualdad, los vicios, la represión y la violencia sistemática del Estado; la realidad, en fin, más aterradora que la suma de todos los cuentos de terror para espantar a unos niños pueblerinos. Y todo esto expresado en una forma capaz de estremecer a las almas sencillas de su pueblo. Un poema al mismo tiempo local y universal, que partiendo del entorno rural de su infancia, hace que el lector vea, más allá de la plaza polvorienta, cómo se mueven los engranajes de un sistema injusto.
Teníamos miedo a los fantasmas,
miedo a lo irreal
y nunca,
jamás nos espantó lo triste,
lo absurdo de la vida en esos pueblos polvorientos,
taciturnos,
que sueñan embriagados
de su propia ingenuidad,
de su pobreza.
¿Fantasmas? Claro que sí:
los niños que no comen,
los que mendigan,
los hombres que tienen que robar,
o matar,
o aceptar indignidades por un mísero centavo.
Los sombreros sin cabeza…
Ahora me dan frío
la viejecita gris con su gato, sus tiestos de violetas
y su desamparo;
la muchacha en el balcón –y la azucena–
que esperan impacientes
a quien ha de marchitarlas;
los hombres sin trabajo
y los que trabajan y trabajan
para su compadre rico.
Me irritan las frutas que maduran
para quien pueda comprarlas.
Viví en pueblos que cabían
en un trozo de cristal
o en el fondo de una botella de aguardiente;
viví sordo, ciego, alucinado,
atento solamente a los colores, a los trapos de anilina,
a las compresas en las sienes de los montes,
a los cofrades y sus mujeres,
azules, verdes, rosados…
Ahora no me importan ya las cosas pintorescas.
He crecido. He comprendido.
Sé muchas cosas:
no hubo sólo un Cristo
sino muchos;
no sólo el que acuchilla es asesino
sino el que mata de hambre,
no sólo los ladrones roban,
sé quiénes matan la ilusión,
quiénes aplastan la alegría y la esperanza
en esos pueblos que
caben
en la mira de un fusil.
Nacida en marzo de 1946 en la Ciudad de Guatemala, Delia Quiñónez Castillo fue la más joven de los siete poetas que, en 1968, fundaron el grupo literario Nuevo Signo.
Fiel a la postura estética del grupo Nuevo Signo, la efectividad en los versos de José Luis Villatoro viene de una sinceridad y una elegancia verbal que nace del adjetivo preciso, colocado en el sitio correcto.
El poema evoca a Rumiñahui retando al invasor, recordándole la superioridad numérica y la fortaleza de su tribu y cómo, tras su muerte, su espíritu sigue ahí.
Toda su obra es un profundo, vigoroso y sostenido grito de combate colectivo.
El espíritu revolucionario se nutre de grandes gestos; y este acto de escribir.
En Er boga chaclatan (El boga charlatán), uno de los 16 poemas incluidos en Cantos populares de mi tierra (1877), el personaje afrodescendiente presume sus conquistas amorosas y relata sus aventuras, riñas y tretas para escapar.
Hijo natural de un hacendado y una lavandera negra, la infancia del poeta, dramaturgo y traductor colombiano Candelario Obeso (1849-1884) transcurrió en medio de la precariedad en su natal Mompox, dos años antes de la abolición de la esclavitud en su país (1851).
Al contemplar las sorprendentes construcciones antiguas y modernas, a menudo se olvida el esfuerzo realizado por sus creadores.
Nacido el 18 de marzo de 1809, fruto de la unión libre de una bailarina española y un barbero afrocubano, Plácido fue entregado a la “Casa Cuna del Patriarca San José”.
Considerada la obra de su madurez como poeta, y fundamental para entender su obra, Centro del Mundo es un extenso poema dividido en 17 cantos.
Así canta a su patria cubana, por la que luchó toda la vida, la escritora, crítica literaria y poetisa revolucionaria Mirta Aguirre Carreras.
Poetas acráticos es el nombre que Julio Molina Núñez y Juan Agustín Araya (Óscar Segura Castro) dan, en Selva lírica.
La muerte, que en figura femenina se presenta puntualmente a ajustarnos las cuentas.
Es la poetisa uruguaya Juana de Ibarbourou referente obligado para entender la participación femenina en el modernismo.
“Este poeta abanderado puede enseñar poesía pura a un regimiento de oscuristas, pero prefirió la transparencia y con ella algo más: la poesía (…)"
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Escrito por Tania Zapata Ortega
Correctora de estilo y editora.