El Canciller reveló que la medida será gradual con un plan escalonado que comenzó en abril y se extenderá hasta diciembre para sustituir a 412 integrantes de la brigada cubana.
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Guatemala tiene un río Pensativo
y otro que se tiñó de sangre...
Tiene un Volcán de Agua,
otro de Fuego
y una montaña
de huesos y cadáveres.
Poesía lunática y chingona.
El poeta y narrador Luis Alfredo Arango nació en Totonicapán, Guatemala, en 1935, en el seno de una familia relativamente acomodada de “ladinos”, término empleado, más allá de lo racial, para referirse a las personas que no tienen o conservan costumbres indígenas en un país con mayoría maya. Habiendo concluido su educación primaria y secundaria, emigró a la capital del país para obtener el título de Maestro en Educación Primaria Urbana, ejerciendo por primera vez su profesión en San José de Nacahuil, a 20 kilómetros de la capital; ahí presenciaría en toda su crudeza el hambre, la miseria, la enfermedad, la muerte a edad temprana y una interminable lista de injusticias que dejarían profunda huella en su vida y su obra. Su profundo conocimiento de la literatura universal terminaría por desarrollar en él una gran inconformidad ante el atraso económico y espiritual de su pueblo, doblemente despojado de su invaluable herencia nacional y de la posibilidad de acceder a los grandes monumentos de la cultura mundial, como expresa en el poema Diálogo donde me sincero, en el que se dirige al gran rapsoda para explicar la tragedia que significa el desarraigo, la ignorancia y la miseria en que está sumido el pueblo guatemalteco.
Anoche hablé con Homero y le dije:
Mire Don,
¿ya se fijó qué tragedia?
No hay Ulises que valga porque
no sabemos griego,
no podemos deleitarnos
traduciendo sus hexámetros.
Pero eso no es nada:
¡Ni siquiera podemos entender
al Rey Pascual de Olintepeque!
Somos huérfanos de padre y madre;
nacimos en esta tierra tan linda y
tal vez aquí nos moriremos,
sin ser grecolatinos, ni quichés,
ni gachupines.
¡Qué tragedia, Don Homero!
En 1968, junto a los poetas Roberto Obregón, Julio Fausto Aguilera, Delia Quiñónez, José Luis Villatoro, Antonio Brañas y Francisco Morales Santos, participó en la fundación del grupo Nuevo Signo, que daría un importante impulso a la literatura guatemalteca en los años 60. Fue el primero en recibir el Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias, que le fue otorgado por la totalidad de su obra en 1988.
Admirador de la pasada grandeza maya, su poesía no puede etiquetarse como indígena, pero está llena de símbolos imposibles de ignorar. Relieves de memoria es su homenaje a los vestigios de las grandes metrópolis: Bonampak, Uaxactún, Tikal; pero Luis Alfredo Arango no se detiene en la vana contemplación de sus ruinas; mientras observa los despojos invadidos por la selva piensa en los hombres de carne y hueso que levantaron a costa de su vida aquellas majestuosas ciudades, en el ancestral pueblo sufriente, el que vivió los hechos que hoy los vencedores cuentan como la “historia verdadera”.
En Bonampak la tierra tiene ingravidez de plumas
dibujadas por el Sol;
la tarde pinta murales de cadmio anaranjado;
cenizas de volcanes extinguidos se levantan
y en el aire inventan dioses y batallas.
Porque después de todo el sueño es nuestra única heredad;
en Uaxactún me quedo a descifrar la piedra donde duermen
–más que números y fechas– estas huellas de gente que murió,
que amaba, que también cortaba flores y aleteaba
tras el anca del jaguar y las sonoras pisadas de la lluvia.
En Tikal, escalinata prodigiosa,
soy un pobre forastero deslumbrado.
Recuperadas lunas de otra edad,
fino envoltorio de polvo que guardo en la memoria,
no quiero más tesoro que estos nombres que descorren cielos verdes,
ceremonias emplumadas con fragancia de copal y miel silvestre.
Te sitiaron los pumas, Quiriguá,
te devoraron águilas y tigres amarillos
que tenían en los ojos jeroglíficos tallados
de un antiguo calendario.
Beso el barro,
amo el estuco delicado,
me inclino ante los sabios estelares,
ante el pueblo que contaba los luceros y escribió sobre basalto
la única historia verdadera que se ha escrito en esta tierra.
Siendo uno de los poetas guatemaltecos más importantes de la segunda mitad del Siglo XX, su obra, en la que denuncia los vigentes problemas sociales de su patria, tiene hoy tan escasa difusión que bien vale el esfuerzo divulgador al que hoy contribuye esta Tribuna.
El Canciller reveló que la medida será gradual con un plan escalonado que comenzó en abril y se extenderá hasta diciembre para sustituir a 412 integrantes de la brigada cubana.
Poeta, pintor, diplomático y miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua, Diego Dublé Urrutia (1877-1967).
A los 13 años, el poeta cubano Regino Pedroso (1896-1983) abandonó los estudios para trabajar en una fábrica de acero, en un taller ferroviario y como jornalero en la zafra.
Nacido en el seno de una familia de trabajadores rurales y poeta autodidacta, la singularísima obra del uruguayo Juan Cándido da Cunha Dotti (1910-1985) hoy es, fuera de su país, apenas una breve nota en el ámbito académico y no forma parte del canon poético latinoamericano.
La Luna, ese tópico de la literatura universal, presente en los más antiguos mitos fundacionales de todas las culturas, reinando en los cielos cuando el Sol se oculta.
Un ejemplo sintético de las ideas de Juan Ruiz de Alarcón (Taxco, Nueva España, 1581–Madrid, España, 1639) en torno al rol femenino se encierra en el Tercer acto de Todo es ventura.
Nacida en marzo de 1946 en la Ciudad de Guatemala, Delia Quiñónez Castillo fue la más joven de los siete poetas que, en 1968, fundaron el grupo literario Nuevo Signo.
Las embajadoras atenderán temas relacionados como el convenio firmado en Calakmul relacionado con el corredor de la Selva Maya.
Fiel a la postura estética del grupo Nuevo Signo, la efectividad en los versos de José Luis Villatoro viene de una sinceridad y una elegancia verbal que nace del adjetivo preciso, colocado en el sitio correcto.
El poema evoca a Rumiñahui retando al invasor, recordándole la superioridad numérica y la fortaleza de su tribu y cómo, tras su muerte, su espíritu sigue ahí.
Toda su obra es un profundo, vigoroso y sostenido grito de combate colectivo.
El espíritu revolucionario se nutre de grandes gestos; y este acto de escribir.
En Er boga chaclatan (El boga charlatán), uno de los 16 poemas incluidos en Cantos populares de mi tierra (1877), el personaje afrodescendiente presume sus conquistas amorosas y relata sus aventuras, riñas y tretas para escapar.
Hijo natural de un hacendado y una lavandera negra, la infancia del poeta, dramaturgo y traductor colombiano Candelario Obeso (1849-1884) transcurrió en medio de la precariedad en su natal Mompox, dos años antes de la abolición de la esclavitud en su país (1851).
Al contemplar las sorprendentes construcciones antiguas y modernas, a menudo se olvida el esfuerzo realizado por sus creadores.
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Escrito por Tania Zapata Ortega
Correctora de estilo y editora.