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Según un reportaje de The New York Times (TNYT), la administración estadounidense habría evaluado tres planes de acción contra el gobierno de Nicolás Maduro —desde ataques a infraestructura militar hasta operaciones de captura u ocupación estratégica—, opciones que varían en riesgo y en implicaciones legales y políticas.
La opción de menor riesgo consiste en ataques aéreos dirigidos contra instalaciones militares seleccionadas, bajo el argumento de que dichas bases “facilitan el tráfico de drogas”. El objetivo declarado sería debilitar el apoyo militar a Maduro y forzar un colapso de su respaldo. Sin embargo, funcionarios citados por el diario norteamericano advierten que una agresión externa podría también consolidar apoyos en torno al presidente.
Un plan más agresivo contempla el despliegue de fuerzas especiales —como unidades tipo Delta Force o SEAL Team 6— con la misión explícita de “capturar o matar a Maduro”. Para justificar legalmente una acción de ese tipo, la administración evaluaría presentar a Maduro como “el jefe de una banda narcoterrorista”, categoría que, según el artículo, se ha usado antes como fundamento para operaciones limitadas en la región.
El escenario más complejo y arriesgado implicaría la ocupación de infraestructura estratégica: toma de aeródromos, campos petroleros y otros activos energéticos mediante fuerzas antiterroristas. TNYT señala que esta alternativa conlleva riesgos “mucho mayores” tanto para los comandos estadounidenses como para la población civil, especialmente en contextos urbanos como Caracas.
“Cualquier intento de destituir a Maduro sometería al gobierno a un mayor escrutinio sobre cualquier fundamento jurídico que ofrezca, dada la vaga mezcla de razones que ha ofrecido hasta ahora para enfrentar a Maduro. Entre ellas se encuentran el narcotráfico, la necesidad de acceso estadounidense al petróleo y las afirmaciones de Trump de que el gobierno venezolano liberó prisioneros en Estados Unidos”, afirma TNYT.
Según los funcionarios citados por el periódico, Trump se inclina por opciones que minimicen el riesgo para tropas estadounidenses, como el uso de drones navales y armas de largo alcance. Esas capacidades estarían disponibles una vez que el portaviones USS Gerald R. Ford se posicionara en la región.
Todos los escenarios, sin embargo, derivarían en consecuencias políticas y diplomáticas: desde la posibilidad de un endurecimiento del régimen de Maduro, una mayor inestabilidad regional hasta cuestionamientos legales por acciones que podrían interpretarse como violaciones e intervencionismo sobre un Estado soberano.
Fuente: The New York Times
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Escrito por Adamina Márquez
Directora editorial de buzos web. Egresada de la Licenciatura de Ciencias de la Comunicación por la UNAM.