Es imposible abordar el tema de la realización de un nuevo campeonato mundial de futbol sin referirse a la rápida evolución de los gravísimos acontecimientos en torno a Venezuela.
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Las llamadas Once tesis sobre Feuerbach constituyen un documento importante para darnos una idea de lo que Marx criticaba a los dos extremos del razonamiento filosófico y, por lo tanto, contribuye a clarificar lo que ahí mismo se anuncia como el nuevo materialismo. El documento se trata de frases que condensan toda una concepción del mundo, según las palabras de Engels, pero que ya no se desarrollaron después, por lo menos no en un libro donde se mostrara el despliegue de las ideas y de los conceptos, como gustaba a la filosofía de antaño. Aun así, es posible rastrear algunas de las ideas que marcaron el pensamiento de Marx en textos posteriores.
El nuevo materialismo que Marx busca es uno que se desprende del avance de las posturas anteriores. En contra de aquellos que plantean una total ruptura con el pensamiento tradicional –hay que decir que en esto Marx también se asemeja a Hegel– la superación de la que habla no niega por completo lo anteriormente construido por la tradición, sino que lo integra y, en algunos casos, lo supone. Del materialismo de Marx podemos decir que su intención es entender el sistema de producción capitalista en su totalidad concreta, delimitando lo que es y cuáles son las contradicciones internas que lo hacen desarrollarse y determinarse como lo conocemos hoy día, o como lo conoció Marx. Pero, ¿por qué es el sistema de producción capitalista el que se tiene que conocer en su totalidad concreta? Porque de su postura materialista se desprende que en las explicaciones de la relación entre el sujeto y el objeto la parte determinante es el objeto, que la realidad que se compone de cosas e ideas, en última instancia, está determinada por el medio material que las unifica en determinado sistema total-concreto.
El ser social es lo que determina a la conciencia social. Pero dentro de todas las manifestaciones materiales que determinan la vida del ser humano hay una que llama poderosamente la atención de Marx: la economía. El pensador alemán no empieza su interés por la economía solamente subsanando una curiosidad más, para él es fundamental entender qué es lo que determina la “esencia” del ser humano, aquello que hace que la sociedad se modifique y cambie de forma. La humanidad está determinada por su entorno, y si bien aquélla también transforma el lugar en donde vive entablando una relación dialéctica, el horizonte de posibilidades en el que se desenvuelve la humanidad está determinado por la realidad efectiva, por lo posible, de acuerdo con los medios existentes.
De todas las necesidades humanas hay algunas fundamentales, como comer y protegerse del medio exterior, hostil por naturaleza. En torno a éstas se crean los medios necesarios para que la humanidad pueda sobrevivir, se crea una actividad económica que produce determinadas relaciones sociales, se construye una forma de pensar también determinada, en última instancia, por esa forma de conseguir lo que necesitamos para vivir cada vez de mejor manera. El planteamiento materialista le dice a Marx que ha de buscar en el objeto la explicación de todo el entramado social que quiere transformar; y de entre todas las relaciones materiales es importante para él aquella que se le muestra como la más determinante de todas, es decir, el desarrollo de la economía de una sociedad.
Por lo anterior, el estudio y crítica de la economía política como ciencia es una necesidad desde el punto de vista materialista de Marx, aunque el método se asemeja al de la ciencia desarrollada por Hegel, pues solamente estudiando las determinaciones del sistema de producción capitalista podemos entenderlo y transformarlo. Desde las primeras páginas de El capital se muestra la intención de comenzar desde lo abstracto e ir ascendiendo cada vez más a lo concreto en el problema específico llamado “sistema de producción capitalista”.
Es imposible abordar el tema de la realización de un nuevo campeonato mundial de futbol sin referirse a la rápida evolución de los gravísimos acontecimientos en torno a Venezuela.
La realidad puede engañarnos a la vista, jugarnos una broma y hacernos creer que progresamos; sin embargo, los hechos se imponen –suave, lenta, pero efectivamente– a nuestras ideas, ilusiones o percepciones.
Como siempre ocurre en el capitalismo, cuando hay un proceso de modernización o gentrificación, el daño colateral suele recaer en los más empobrecidos y en quienes carecen de poder.
Para albergar las mayores reservas petrolíferas, los venezolanos han tenido que hacer muy poco o nada.
La deuda pública ha aumentado en los gobiernos de la “Cuarta Transformación” (4T); ciertamente, una tendencia que ya venía abriéndose paso.
No se equivocan mucho quienes en ese movimiento político calculan que el atractivo de todas las ayudas para el bienestar no les alcanza para llegar al peso electoral que tuvieron en las pasadas elecciones.
El cerebro humano no distingue con facilidad entre la realidad física y la virtual o sugerida.
Carlos Marx otorga un lugar central al trabajo en su concepción de ser humano.
La razón de la historia, es decir, aquello que explica el movimiento social y los cambios históricos en las distintas etapas históricas, no son las figuras de los grandes hombres.
Después de pretender justificar la captura acusando al presidente Nicolás Maduro de dirigir una supuesta organización de narcotraficantes, el “Cártel de los Soles”, Estados Unidos ha reconocido implícitamente que el dichoso cártel no existe.
El lunes 12 de enero se terminaron las vacaciones, los niños y jóvenes volvieron a la escuela. No obstante, el peligro se cierne sobre ellos.
En una búsqueda por las redes sociales encontré este comentario como contexto sobre el municipio de Tecomatlán.
En alguna parte Marx escribió –citando a Hegel– que la historia se repite como si dijéramos dos veces.
El polen es ese polvito que desprenden las flores. La transferencia del polen de una flor masculina a una femenina se llama polinización.
Las luchas sociales en sí mismas no son revolucionarias.
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Escrito por Alan Luna
Maestro en Filosofía por la UAM.