Benjamín Netanyahu enfrentó un rechazo masivo de diplomáticos en la ONU antes de tomar la palabra. La sala se vació en un gesto que marcó su comparecencia ante el foro multilateral.
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En las recientes elecciones presidenciales de Estados Unidos (EE. UU.), los grandes capitales norteamericanos se enfrentaron en las urnas a través de los candidatos Kamala Harris, del partido Demócrata, y Donald Trump, del partido Republicano. En términos generales, cuando menos desde la caída de la Unión Soviética (1991), las políticas implementadas por esos partidos no han sido muy distintas. Cuando han tenido oportunidad de gobernar, han procurado, de manera indistinta y en formas cada vez más agresivas, bloquear el acceso, encarcelar y deportar a los migrantes ilegales. Demócratas y republicanos han permitido los excesos policiacos contra la población afrodescendiente. Cada vez más onerosamente, los dos partidos han supeditado la economía y el Estado mexicanos a los capitales y designios estadounidenses. Igualmente, ambos fomentan la existencia del Estado genocida de Israel, la erradicación de los palestinos, y han acosado e invadido a las naciones que no se alinean con el imperio, destruyendo sus gobiernos, sus economías y masacrando a sus habitantes. Sin embargo, con el triunfo de los republicanos, existe un pequeño matiz que podría hacer alguna diferencia en el futuro próximo.
Durante el primer periodo de gobierno de Trump, las tropas americanas casi no incursionaron en el extranjero. Es cierto que se potenciaron las tensiones económicas con China y con Irán. Se castigó a los capitales asiáticos y se ordenó el regreso de varias empresas estadounidenses al seno de su territorio americano. De la misma manera, ese gobierno bombardeó Siria y mantuvo “bien aceitada la máquina” de matanza de Israel. Sin embargo, tal vez por mero olfato existencial, las relaciones estadounidenses con la superpotencia nuclear de la Federación Rusa se mantuvieron a “una temperatura manejable”. Fue así, sobre todo desde 2017, cuando se abandonó el camino de animadversión del gobierno de Barak Obama hacia Rusia (se llegó a hablar incluso del desmembramiento de la OTAN). En otras palabras, si el discurso de odio de Trump parecía augurar una violencia inédita en todos los frentes de su administración, esa virulencia retórica no escaló más allá de los límites alcanzados por la administración de Obama en términos de las relaciones internacionales. Este último, con todo y las “verbosidades” cultas que lo caracterizan, fue un presidente más belicoso: mantuvo tensiones con Teherán, Beijing, Moscú, promovió el auge y prosperidad del Estado Islámico (cuando menos, no lo atacó nunca de manera contundente), inició la destrucción de Ucrania, a partir de su incursión en el Euromaidán de 2014, y destruyó Libia, Irak y Siria.
Los republicanos perdieron las elecciones de 2020. Ascendió Joe Biden, un político del corte de Obama. Bajo la administración actual se robustecieron los aires de guerra por todos lados. En cuanto al asunto peliagudo de Taiwán –que podría provocar un conflicto catastrófico en el planeta–, es el grupo gobernante quien está otorgando de facto un reconocimiento de independencia a la isla de Formosa, violando los acuerdos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Este gobierno demócrata promete asistencia al gobierno taiwanés y envía navíos armados para provocar al gobierno de Xi Jinping. De la misma manera, las guerras actuales, en Ucrania y en Oriente Próximo, las financia y auspicia la administración de Joe Biden. La masacre entre ucranianos y rusos está directamente pagada por el presupuesto militar de la Casa Blanca. Lo mismo ocurre con el exterminio de los palestinos, con el bombardeo de inocentes en el Líbano, Irak y Siria, así como con los ataques directos de Israel contra Irán. Todo esto lo paga el Estado norteamericano.
Ahora volvió a ganar Donald Trump. Es muy probable que muchas cosas no cambien. En especial, permanecerá intacta la creciente sinofobia de los capitalistas estadounidenses; parece que Israel no se detendrá y el discurso antiinmigrante del presidente electo seguirá a la orden del día. Pero probablemente la dirección de la guerra en Ucrania tenga un giro radical. Los gobiernos otanistas de Europa y el de Zelensky se mostraron inquietos cuando conocieron los resultados de la elección, pues tanto Trump como varios políticos y comentaristas relacionados con él han criticado duramente la incursión de EE. UU. contra Rusia. Posiblemente esta nueva administración republicana de discursos violentos no sea, en un periodo de cuatro años, una amenaza de apocalipsis nuclear en el mundo.
Benjamín Netanyahu enfrentó un rechazo masivo de diplomáticos en la ONU antes de tomar la palabra. La sala se vació en un gesto que marcó su comparecencia ante el foro multilateral.
El presidente Mahmoud Abbas, advirtió ante la ONU que el pueblo palestino atraviesa uno de los momentos más peligrosos de su historia y pidió medidas urgentes para evitar más muertes y desplazamientos.
La Policía de Nueva York arrestó a activistas que bloquearon una avenida de Manhattan durante una protesta contra el primer ministro israelí. Entre los detenidos estuvieron la actriz Susan Sarandon, la candidata demócrata Darializa Ávila Chevalier y el concejal Chi Ossé.
"Si esto no se cuestiona, amenaza la libertad de prensa y el derecho del público a un periodismo independiente, libre de la interferencia del gobierno", aseguraron.
Las élites ucranianas continúan hablando exclusivamente en ruso en la vida cotidiana, fuera del campo de los medios.
Lo cierto es que nunca nadie había colocado al pueblo en tanto peligro como los funcionarios actuales.
Washington no puede seguir sosteniendo simultáneamente sus dos frentes convencionales, Rusia e Irán.
El Servicio de Inteligencia Exterior ruso afirmó que la Comisión Europea presiona a Kiev para reclutar mujeres y facilitar el retorno de refugiados ucranianos; la Unión Europea rechazó la acusación y Ucrania sostiene que no existe ningún plan para una movilización femenina obligatoria.
Este proyecto de seguridad fronteriza genera profundas críticas locales y nacionales, y suspende leyes ambientales, entrelazándose con la narrativa de control migratorio y políticas de tierras federales.
Dos países definen su bando en la guerra contra el neocolonialismo; y en las urnas, sus ciudadanos expresan el deseo de soberanía y autodeterminación.
La causa más profunda, sistémica, que empuja al imperio a cometer tantos crímenes es la necesidad de expansión del gran capital.
Hoy Irán ha demostrado que, para los países que se encuentran bajo amenaza estadounidense, no es indispensable poseer armas nucleares para infligir un daño inaceptable.
La Comisión Europea ha aprobado un calendario de pagos para Ucrania por un monto que asciende a los noventa mil millones de euros, para los próximos dos años.
El crudo Brent alcanzó su mayor nivel en cuatro meses ante el temor de una prolongación del conflicto y posibles afectaciones al suministro mundial de petróleo.
"Ucrania acusa a la víctima de su propio crimen", replicó el embajador.
Trabajadores del ISSSTE, IMSS y ambientalistas protestan durante visita de Sheinbaum en Sonora
Antorcha alerta sobre posible secuestro de dirigente en Ocozocuautla, Chiapas
Pintas con logo CH desatan polémica política en la Cuauhtémoc; Citlalli Hernández niega estar detrás
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Documental NAZA llegará a todo el mundo a través de internet y será gratis
Escrito por Anaximandro Pérez
Doctor en Historia y Civilizaciones por la École de Hautes Étus en Sciences Sociales (EHESS) de París, Francia.