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Brújula
Tiempos de vacas flacas
Con una economía que depende de más del 60% del comercio exterior, los efectos de recesión para México no serán menores. La pregunta es ¿estamos preparados para enfrentarla?


José El Soñador se convirtió en el favorito del faraón no por sus cualidades físicas, sino por su capacidad para interpretar los sueños. Sin embargo, hoy en día, nadie paga por interpretar sueños; así que no lo piense como una buena opción. Y más si lo que resolvió El Soñador resulta tan obvio como recomendar que en épocas de abundancia se deben tomar las previsiones para periodos menos afortunados; esto es prepararse para la temporada de vacas flacas.

Y lo anterior viene a colación porque para nadie es desconocido que el mundo se encuentra en franca recesión. En lo que va de este siglo, es frecuente escuchar que nos encontramos en una recesión global; y todo ello se profundizó con la llegada de la pandemia de Covid-19 y por el conflicto que los países miembros de Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) fomentaron en Ucrania. La recesión se traduce en un estancamiento en la economía, el desempleo aumenta y las empresas venden menos porque los consumidores se mueven con cautela. Esta falta de crecimiento global repercute directamente en la baja inversión y ha llevado a trasnacionales catalogadas como gigantes tecnológicos: Meta, Twitter, Amazon, y recientemente Google a despedir personal; en promedio, 12 mil cada una, con un efecto multiplicador en varios países del mundo; tan solo en Estados Unidos (EE. UU.) suman cerca de 100 mil los afectados. Y estas importantes firmas no reparan en señalar que sus empleados, después del recorte de personal, deben trabajar más tiempo y ser más productivos, eso sí, por el mismo salario.

En el de México, cuya economía tiene una dependencia de más del 60 por ciento con el comercio exterior, los efectos no serán menores; con la caída del ingreso de los principales países consumidores, la demanda de productos mexicanos en el mercado internacional se redujo drásticamente; por ello, la pregunta no debería ser si la recesión global afectará a México, sino más bien si estamos preparados para enfrentarla. Y, desgraciadamente, la respuesta es no.

Aún quedan dos años para que termine este sexenio y no hay esperanza de que el gobierno reaccione y establezca una política económica acorde a los tiempos que vivimos; muy al contrario, el sexenio de AMLO se ha caracterizado por su frivolidad e improvisación en el uso de las variables macroeconómicas, así como ineficiencia en la aplicación del ingreso nacional, además de frecuentes escándalos por casos de corrupción y enriquecimiento de los miembros de la autollamada “Cuarta Transformación” (4T). No se promueve la creación de empleo a través del aparato productivo, porque para ello se requieren inversiones trascendentes del sector privado y del público. No hay acciones para modernizar la endeble estructura productiva, lo que se traduce en un atraso en los tres sectores productivos; un campo que luce abandonado, una industria incipiente y un sector comercial y de servicios cada vez más informal. Los pocos éxitos que se tienen y que se muestran como exportaciones hoy resienten el freno de un mercado internacional dominado por la incertidumbre.

Es preciso insistir en que las cosas no se vislumbran mejores en el corto plazo para el ciudadano de pie que vive al día; y que hace mucho se ha resignado a su suerte. Es difícil seguir las recomendaciones de Enrique Quintana, economista distinguido de El Financiero, “cuidar el empleo y en caso de perderlo, cuidar el gasto y ahorrar”, porque el trabajador no tiene para donde hacerse, desde siempre conoce en carne propia el desempleo, y los empleos formales son precarios, con jornadas extenuantes, salarios bajísimos y con el estrés laboral en aumento; y ya ni qué decir de autoemplearse en la informalidad. Es por ello que, para los mexicanos, la tentación de emigrar o la de enrolarse en el crimen organizado como medidas desesperadas para obtener ingresos están latentes. Y volviendo a los sueños, ahora que los pobres se han convertido en la estrategia favorita del faraón que gobierna en Palacio Nacional, la verdad es que nadie vive de sueños y discursos.


Escrito por Capitán Nemo

COLUMNISTA


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