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Hubiera sido deseable que la estrategia fallida de Culiacán, como ocurre con toda derrota, quedara huérfana. El Secretario de Seguridad Pública, la Secretaria de Gobernación y el titular del Poder Ejecutivo intentaron deslindarse de su responsabilidad en ese incidente tan grave, pero lo único que lograron fue minar el prestigio de las fuerzas armadas y ponerlas peligrosamente, con sus familias, en la mira de los grupos delincuenciales.
Por ello, el general Gaytán manifestó el malestar del Ejército mexicano, al que se encomiendan tareas de represión contra civiles que no les son gratas y que además realiza prácticamente inerme frente a los malhechores. El militar fue claro, pero a la vez mesurado cuando advirtió que las estrategias y la forma en que el Ejecutivo se conduce están polarizando a México. Sin embargo, esta correcta invitación a rectificar el camino de quienes tienen la difícil tarea de salvaguardar la soberanía y la seguridad de la Nación, fue escandalosamente tergiversada y el gobierno de la “Cuarta Transformación” (4T) hizo todo un circo en torno a lo dicho por el general Gaytán.
En los principales medios se habló de un “golpe de Estado” y, como si se tratara de una conspiración real, el Presidente declaró que tiene el apoyo popular y que éste no permitiría un golpe de Estado. Lejos de actuar con mesura, el Ejecutivo prominó otra bofetada a las fuerzas armadas, a las que ahora metió en el mismo saco de los “conservadores”. Su confusión raya en lo cómico, en lo irracional y con estas actitudes agrede a todos los mexicanos.
Pero empecemos por diferenciar las preposiciones con frecuencia asociadas al concepto Estado, porque no es lo mismo “golpe de Estado”, “golpe al Estado” y “golpe del Estado”. Veamos cada uno de estos enunciados: Un golpe de Estado es la toma del poder político de forma violenta por un grupo de poder, generalmente respaldado por el ejército. Esto no está sucediendo en estos momentos. Las fuerzas armadas se han mostrado leales a los principios democráticos del país. No hay un ápice de duda respecto a este hecho, razón por la que el gobernador de Veracruz y algunos otros mandatarios estatales “leales” al Presidente pueden dormir tranquilos, sin temor a que deban enfrentar al fantasma del “golpismo”.
En lugar de hacer ridículas declaraciones debían ponerse a trabajar para el bienestar y la seguridad de los habitantes de sus entidades. Además de que bien harían en reconocer que quien golpea una y otra vez “al Estado” es el mismo Presidente de la República, cuyas declaraciones y decisiones políticas menoscaban peligrosamente el Estado de Derecho. Los casos más recientes de políticas erradas del gobierno de la 4T fueron la ampliación del mandato del gobernador de Baja California, entidad en la que la Secretaria de Gobernación (Segob) salió balconeada cuando manifestó a éste su apoyo político frente a los “conservadores”; la negociación abierta de la libertad de un narcotraficante al que previamente se había capturado y la terrible masacre de niños y mujeres en Sonora.
El tejido social se desgasta y el Presidente parece divertirse con ello. Pero las malas decisiones del gobierno tienen graves consecuencias en los grupos más vulnerables, que no están preocupados por un “golpe de Estado” sino por los golpes que “el Estado” les da diariamente en lo más sensible de su vida cotidiana, pues los empleos prometidos no aparecen por ningún lado; en la mesa de los trabajadores, los alimentos son cada vez menos y de la peor calidad; el salario mínimo no alcanza para costear las necesidades más urgentes; la carestía aumenta; los desayunadores, el Seguro Popular y Prospera ya no existen; en los pocos hospitales faltan médicos y medicinas; y los caminos, las carreteras y la infraestructura social ya ni siquiera existen como promesas de campaña política.
No, en México no hay “golpe de Estado”; lo que hay es “golpe al Estado” por cuenta de políticos ineptos y “golpe del Estado” contra el pueblo trabajador y pobre. En rigor, lo que existe en México es un profundo malestar que deriva de la desigualdad, que crece día a día. Si en algún momento se pensó en un cambio favorable para las masas populares, lo que hoy queda de esa promesa es la pregunta ¿cómo hemos llegado a esto?; la misma pregunta que ya se hacen muchísimos mexicanos de esos 30 que votaron por el actual Presidente. No, no es golpe de Estado, es desencanto. Pero también es la oportunidad de optar por la educación y la organización de las masas. ¡Ya basta de sembrar vientos, porque se corre el riesgo de cosechar huracanes! Al tiempo.
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Escrito por Capitán Nemo
COLUMNISTA