Cuentan que en el Mundial de México 1986, entre el fervor futbolístico, era común escuchar una rechifla incómoda para las autoridades: “No queremos goles, queremos frijoles”.
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La cultura no es prioridad para el gobierno actual ni lo fue para el anterior. Desde que se creó la Secretaría de Cultura, hace casi diez años, hasta ahora, el presupuesto destinado a la cultura ha ido en descenso. Este año se ha proyectado en el Presupuesto de Egresos de la Federación de 2025 (PEF 25) un recorte a la cultura del 30 por ciento con respecto al año anterior. Los hechos no dejan lugar a especulaciones. En el gobierno de la llamada “Cuarta Transformación” (4T) la cultura es un privilegio, uno que sólo pueden costearse las clases altas y, en ocasiones, las clases medias.
En gran medida, la caída en el promedio de lectura de los mexicanos se explica por los precios elevados de los libros, periódicos y revistas. Así sucede con cualquier expresión cultural. Las entradas al cine, al teatro o a un concierto siguen la misma tendencia. Por ello, el precio para acceder a la cultura en México en tiempos de la 4T es un bien del que no todos pueden gozar.
Pues bien, el actual recorte presupuestario a la cultura en México no es un hecho aislado; es parte del modelo neoliberal que tiende a tratar a la cultura y a otros servicios como bienes de consumo, subordinándolos a las leyes del mercado. Si bien los gobiernos actuales han intentado distanciarse del neoliberalismo, estas decisiones muestran que la lógica de austeridad fiscal, característica de este modelo, sigue marcando el rumbo.
Viene a cuento como botón de muestra la declaración que, con cierta ingenuidad o cinismo quizá, hace un par de años hizo Marx Arriaga, entonces director de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y ahora uno de los formadores de las escuelas de cuadros de Morena, quien expresó la concepción del neoliberalismo por excelencia respecto a la cultura cuando dijo que leer por puro placer era un acto de consumismo. Es precisamente el neoliberalismo el que ha promovido esa narrativa en la que la cultura es un lujo, no una necesidad.
Esta postura ignora que la cultura sea una necesidad esencial para el desarrollo social. Por esa razón, la cultura no es una prioridad para los gobiernos actuales. Antes y mucho antes que las necesidades básicas como la salud y la educación, se encuentran los anzuelos gubernamentales para mantenerse en el poder. Las prioridades del gobierno saliente y el entrante fueron y son los programas sociales y los megaproyectos. El continuismo del gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) es la marca del gobierno de Claudia Sheinbaum.
Quienes defienden estos recortes argumentan la necesidad de reducir el gasto público y priorizar en áreas “más importantes”. Sin embargo, en México, el presupuesto destinado a cultura ya era bajo en comparación con otros países, pues ni siquiera alcanza el uno por ciento del PIB mínimo recomendado por la Organización de la Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). En 2023, representó apenas el 0.2 por ciento del PIB, mientras que en países como Francia supera el uno por ciento.
La austeridad neoliberal, adoptada durante décadas, ha desmantelado progresivamente las estructuras públicas de apoyo a la cultura. De acuerdo con El Economista, instituciones culturales como el Instituto Nacional de Antropología e Historia, (INAH), el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI) y el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) son algunas de las instancias que sufrirán esos recortes, así como estímulos para artistas independientes, son sólo algunos ejemplos del abandono sistemático de este sector. Paradójicamente, esta lógica no reduce desigualdades ni fomenta el desarrollo, sino que lo profundiza.
Cuentan que en el Mundial de México 1986, entre el fervor futbolístico, era común escuchar una rechifla incómoda para las autoridades: “No queremos goles, queremos frijoles”.
La pregunta suena sencilla, pero no lo es tanto.
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Escrito por Victoria Herrera
Maestra en Historia por la UNAM y la Universidad Autónoma de Barcelona, en España.