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Lecciones del beisbol revolucionario cubano
El beisbol revolucionario de Cuba ha demostrado su dominio y calidad en el escenario internacional. Figuras como Yulieski Gourriel, Frederich Cepeda, Héctor Olivera, Alexei Bell y Ariel Pestano han dejado una huella perdurable en el beisbol cubano, ganándose el respeto de los aficionados.


Cuba es reconocida como un bastión del beisbol. Este reconocimiento se basa en los logros nacionales e internacionales, así como en su significado como deporte nacional y su profunda influencia en la identidad cultural cubana. Esta tradición arraigada en el país se consolidó a partir de la segunda mitad del Siglo XIX, cuando el sentimiento patriótico encontró en el beisbol la oportunidad de unificar comunidades, asi como expresar resistencia y rechazo a la dominación española y norteamericana en diferentes momentos de la historia de Cuba.

Inicialmente, las autoridades españolas no estaban de acuerdo con la práctica de este juego debido a las preocupaciones políticas y los posibles lazos que pudieran crear los grupos que se reunieran a practicarlo; sin embargo, el beisbol ganó terreno, se fue haciendo más popular y aumentó el número de participantes en la capital y otras ciudades de La Isla.

Al principio, los juegos se centraban en la distracción y no había una nómina de jugadores; los equipos estaban compuestos por jóvenes de la clase alta. Con el tiempo, se hizo necesario incorporar jugadores de diferentes estratos sociales para reemplazar a los que se retiraban. Esto marcó la transición del mero entretenimiento a una profesión, pues se comenzó a proporcionar una compensación económica a los jugadores humildes para sufragar sus gastos. La inclusión de jóvenes de diversos orígenes ayudó a moldear el carácter de muchos de ellos, algunos de los cuales más tarde se destacarían en la lucha por la independencia.

Durante la Guerra de Independencia de 1895, el capitán general de La Isla, Arsenio Martínez Campos, llegó a considerar los juegos de beisbol como focos de conspiración y recaudación de fondos para los insurrectos, por lo que prohibió los campeonatos, sin embargo, después de la guerra, las actividades se reanudaron.

Un momento histórico del beisbol cubano tuvo lugar el 14 de enero de 1962, cuando luego de escuchar las notas del Himno Nacional y las de La Internacional, los mentores de los equipos competidores avanzaron hacia Fidel Castro para que inaugurara la primera Serie Nacional de Beisbol y Castro planteó: “… la pelota también ha pasado a manos del pueblo. En primer lugar son pueblo, muchachos humildes que han tenido la oportunidad de jugar a la pelota…” Esta iniciativa marcó el comienzo de la idea de “Deporte para todos”, con la participación de jugadores de diversas clases sociales.

Dejar atrás el beisbol rentado era una tarea difícil, pero después de la Revolución, que tenía la fuerza suficiente para cambiarlo todo, el beisbol aficionado floreció, reemplazando, con el Torneo Nacional de Beisbol de Aficionados o, simplemente, Torneo del INDER, a la liga profesional que había existido durante 83 años.

A lo largo de los años, después de la primera Serie Nacional, el beisbol cubano se consolidó como un deporte de masas y se expandió, cumpliendo la visión de Fidel Castro de llevar el beisbol a las provincias. “… Algo muy importante de este nuevo sistema deportivo es que por primera vez los pueblos del interior han tenido la oportunidad de ver competencias de alto nivel de pelota, antes sólo veían juegos de exhibición…”, y así, el beisbol se convirtió en una parte integral de la cultura cubana y un motivo de orgullo nacional.

La internacionalización del beisbol cubano comenzó en 1969, cuando Cuba obtuvo una victoria espectacular sobre el equipo de Estados Unidos en la Copa del Mundo celebrada en la República Dominicana. Este éxito marcó el inicio de una serie de triunfos internacionales que llevaron a Cuba a lo más alto del beisbol amateur, desafiando la idea de que los jugadores de las Grandes Ligas eran superiores y haciéndose realidad la frase “… nosotros vamos a tener grandes peloteros y les vamos a ganar a los americanos en la pelota…” planteada por Fidel Castro.

El beisbol revolucionario de Cuba ha demostrado su dominio y calidad en el escenario internacional y ha superado las expectativas de todos. Figuras destacadas como Yulieski Gourriel, Frederich Cepeda, Héctor Olivera, Alexei Bell y Ariel Pestano han dejado una huella perdurable en el beisbol cubano, ganándose un lugar en la selección nacional y el respeto de los aficionados.

En conclusión, el beisbol cubano 1) fue útil para unir a la sociedad, resaltando la importancia de la unidad y la cooperación en la búsqueda de objetivos comunes. 2) Ha enfrentado desafíos, sin embargo, los cubanos no renunciaron y continuaron luchando por su deporte. 3) Abrió las puertas a jugadores de todas las provincias y clases sociales y, a pesar de ser deportistas amateur, han demostrado una calidad excepcional en el beisbol internacional; esto refleja que el esfuerzo de los hombres organizados supera las limitaciones de recursos y sistemas. 4) Ha demostrado capacidad para desarrollar talento en el beisbol desde edades tempranas, destacando la importancia de invertir en la formación y el desarrollo de habilidades desde una etapa temprana. 5) Los éxitos del beisbol cubano en torneos internacionales han demostrado que, incluso en situaciones difíciles, un país puede competir.

Aprendamos, pues, de las lecciones que el beisbol revolucionario cubano nos ofrece para enfrentar los problemas políticos, económicos y sociales que aún tienen vigencia, no sólo en Cuba, sino en México y en todo el mundo.


Escrito por Janeth Hernández Huerta

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