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La guerra en Ucrania pertenece a las estrategias que la clase dirigente estadounidense ha diseñado para perpetrar la colonización del mundo. La burguesía financiera sí busca controlar los recursos naturales y la riqueza de esa región. Recuérdese al senador Lindsey Graham declarando en televisión que “Ucrania está sobre 10 o 12 trillones de dólares de minerales críticos. Podría ser el país más rico de Europa. No quiero dar ese dinero y esos activos a Putin para que los comparta con China” (Face the Nation, 2024). Al mismo tiempo, busca invertir sus capitales en la reconstrucción del país, de hecho. BlackRock y JPMorgan están interesados en invertir 15 billones de dólares para ese fin (Bloomberg, 2024); y también busca ganar por la venta de armas y de gas a Europa. Pero Ucrania es sólo un medio para algo más grande, no el objetivo final. Es una plataforma desde la cual se puede atacar a Rusia. Con sus recursos naturales, su armamento nuclear y su vasto territorio, Rusia es el verdadero botín que anhela conseguir la burguesía financiera estadounidense.
Tras el golpe de Estado de 2014, el gobierno instalado en Kiev abrió las puertas al capital financiero y se ofreció como plataforma para aumentar el cerco militar a Rusia. Buscó ingresar a la Unión Europea y a la Organización para el Tratado del Atlántico Norte (OTAN) mientras rechazaba las expresiones culturales rusas y combatía a las fuerzas independentistas del Donbás. La facción que tomó el poder en 2014 pertenecía a la burguesía compradora; se alineó totalmente con los intereses de la burguesía estadounidense y alentó el surgimiento de expresiones nazis como medida para gobernar con mano dura.
Durante la primera década de los 2000, la burguesía rusa no se había visto amenazada por la ucraniana, pues ni una ni otra necesitaban expandir su territorio para aumentar sus ganancias, por lo que incluso podían colaborar. En 2014, esa burguesía nacional fue expulsada violentamente del poder y se estableció una burguesía abiertamente procapitalista estadounidense. Esto fue percibido por la burguesía rusa como una amenaza, pero no realizó acciones militares para intervenir en el país vecino, salvo la anexión de Crimea, un punto estratégico fundamental para Rusia. 2014 significó también la imposición de sanciones de la burguesía estadounidense sobre Rusia. Eso dejó muy claro a la burguesía rusa que las posibilidades de cooperar con sus pares estadounidenses y europeos disminuían cada vez más.
La clase dirigente estadounidense realmente gobierna en Ucrania desde 2014. El golpe de Estado contra la burguesía nacional fue operado en el terreno por la burguesía compradora y los grupos neonazis, que fueron financiados y apoyados por la burguesía financiera estadounidense. Quizá la prueba más clara de ello sea la filtración realizada de una conversación que mantuvieron Victoria Nuland, Secretaria Asistente del Departamento de Estado de EE. UU., y Geoffrey Pyatt, embajador de Estados Unidos en Ucrania, en el contexto del golpe de Estado de 2014 (BBC, 2014). En esa conversación, Nuland y Pyatt discuten cuál presidente instalar para sustituir al derrocado Victor Yanukovich y expresan su desprecio por la Unión Europea, ya que ésta no se decidía por una posición clara respecto a la crisis de Maidan. Así, directamente, EE. UU. impuso al gobierno ucraniano posterior al golpe de Estado y aún lo hace en la actualidad. El gobierno ucraniano no tiene ninguna independencia, depende en todos los sentidos de la clase dirigente estadounidense, que usa a Ucrania como instrumento para alcanzar sus objetivos estratégicos.
En 2022, la burguesía rusa optó por la medida más drástica posible para evitar la que sería su ineludible aniquilación en caso de que el brazo armado de la burguesía estadounidense lanzara un ataque militar desde Ucrania. En esas circunstancias, Rusia lanzó su Operación Militar Especial. El objetivo primero era dar un golpe sobre la mesa y obligar a la clase dirigente ucraniana a tomar acuerdos con la clase dirigente rusa. Fundamentalmente se buscaba la neutralidad militar y el abandono de las posiciones nazis anti rusas en el gobierno. Las negociaciones de Estambul 2022 fracasaron por la intervención de la burguesía inglesa, representada por Boris Johnson. Desde entonces, la guerra ha continuado, con el apoyo económico, militar y diplomático de la burguesía estadounidense y sus burguesías subordinadas en el mundo.
Parafraseando a Lenin, podríamos decir que esta guerra se hizo para ver qué fracción de la burguesía gobierna en Ucrania: si la fracción compradora asociada a la burguesía estadounidense, comprometida con la destrucción de la burguesía nacionalista rusa como paso necesario para colonizar al mercado ruso con sus capitales; o la fracción que puede convivir armónicamente con la burguesía rusa, es decir, la burguesía nacional ucraniana. Para la burguesía rusa es una guerra existencial, pues si pierde la guerra en Ucrania su destrucción está asegurada. Para la burguesía estadounidense es una guerra estratégica, de gran importancia, pero no existencial.
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Escrito por Gladis Eunice Mejía
Maestra en Economía por la UNAM.