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Con bombo y platillo, muy al estilo morenista y de la “Cuarta Transformación” (4T), la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, presentó el Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2025-2030, proyecto que, al correr de los días, ha sido cuestionado y calificado con opiniones y análisis de especialistas, sobre todo en el ámbito económico, porque aseguran que es sólo un conjunto de buenas intenciones, ilusorio y demagógico, como ocurrió en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador (AMLO).
Sin embargo, y más allá de otorgar “una estrellita” al Gobierno Federal o de reconocer las “buena intenciones” de la mujer de Palacio Nacional, deberíamos presentar e intentar conformar un plan que fomente el desarrollo económico, basado en la inversión de las empresas extranjeras y mexicanas y generar más empleos que activen nuestra débil y estancada economía, pero el proyecto gubernamental está incompleto y sin sustento real para cumplir sus metas.
La presentación mostrada frente a algunos empresarios carece de bases sólidas que garanticen el éxito; y más bien parece un plan para avisarle al nuevo gobierno gringo que México aceptará las medidas ordenadas por él contra las importaciones de origen chino; a esto se suma que ambiciosas propuestas se podrán lograr con dificultad; pero el tiempo lo dirá.
Algunos de los aspectos faltantes –porque así lo están calificando economistas serios– se centran en la ausencia de una política de recaudación fiscal; es decir, la parte de los contribuyentes que mucho ayudaría en estos momentos de crisis a alimentar las arcas del Gobierno Federal que, como ellos mismos han manifestado, están casi vacías; el dinero ya se acabó y no tienen de dónde obtener recursos si no es mediante el crecimiento de la deuda pública. Sustituir importaciones aumentando aranceles sobre algunas mercancías, como se plantea, tampoco es la solución.
Otro aspecto ausente es el impulso a la infraestructura digital de conectividad con banda ancha y de alta velocidad, requerida para desarrollar la tecnología, como debe hacer todo país que tenga la disposición de avanzar hacia la modernidad y el desarrollo; esta tecnología, por ejemplo, se debe establecer en las industrias de todos los ramos, inclusive en los procesos productivos automatizados; si se olvida esta área, un programa de desarrollo tan “ambicioso” será deficiente.
El Plan México contempla ya, según Sheinbaum, un registro de dos mil proyectos de inversión por 277 mil millones de dólares (mdd) de empresas que pretenden radicar en México (ojo: apenas quieren venir); no firman todavía un acuerdo para venir o traer sus empresas a nuestro país; es evidente, incluso, la forma en que muchos empresarios e inversionistas de verdadero calado no se presentaron al evento, quizá porque están esperando al 20 de enero, cuando Donald Trump se instale en la presidencia estadounidense.
Uno de los puntos destacados del plan es la espectativa de que México podría llegar al top 10 de las mejores economías en el mundo (hoy somos la 12 o 13); esto se logrará –sostiene el documento– fortaleciendo el mercado interno y la participación internacional; pero no se dice cómo impactará en el bienestar de los mexicanos. Para considerarse viable, un programa de este tipo debe plantear el crecimiento del Producto Interno Bruto, mostrando cómo crecerá la economía en beneficio de la población. Para que México ascienda en el ranking de las economías mundiales no basta expresar buenos deseos que difícilmente se harán realidad.
Otro aspecto que también parece una simple ilusión es la supuesta creación de 1.5 millones de empleos en el sector manufacturero entre 2024 y 2030; para lograr ese objetivo se necesitaría que, antes de finalizar 2030, se creen poco más de 11 millones de empleos en el sector, obteniendo una tasa promedio anual de 2.5 por ciento; sin embargo, en el sexenio de AMLO, la creación de empleos corrió a una tasa promedio anual de 1.2 por ciento: nuevamente, no se explica cómo se logrará tal meta.
Aunque nadie conoce en su totalidad el Plan México, porque aún no está terminado, es posible que no quede más que en una dosis más de la demagogia que ha caracterizado a la 4T: está incompleto y las 13 metas que plantea parecen una lista de puras ilusiones. Es cuestión de tiempo para demostrar que Morena y la 4T no saben planificar y mucho menos gobernar. Por el momento, querido lector, es todo.
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Escrito por Miguel Ángel Casique
Columnista político y analista de medios de comunicación con Diplomado en Comunicación Social y Relaciones Públicas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).