La protección civil en el país se encuentra rezagada y, en algunos casos, en el abandono.
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“La gentrificación es un proceso de reestructuración de relaciones sociales en el espacio. Hace referencia a que distintos sectores de la población con mayor capacidad económica se apropian de espacios urbanos que presentan ciertas cualidades”. Esta definición del geógrafo e investigador de la UNAM Luis Alberto Salinas Arreortua funciona como una excelente introducción a nuestro tema: la gentrificación y su impacto en las prácticas culturales locales.
Originalmente, el término gentrificación fue acuñado por la socióloga inglesa Ruth Glass en 1964, hace ya 60 años. Glass lo utilizó para denominar un proceso particular que identificó en el centro de Londres: la reapropiación del centro urbano por parte de las clases medias y altas, lo que ocasionaba el sistemático desplazamiento hacia la periferia de las clases obreras que habitaban esos barrios centrales. Pero el concepto, originalmente empleado en la sociología y el urbanismo, y usado al principio sólo en contextos muy locales, hoy ha alcanzado a las prácticas culturales de poblaciones enteras, y lo hace, además, a escala planetaria.
La gentrificación en la cultura no sucede por sí misma, sino precisamente como una consecuencia inevitable de la gentrificación estudiada por la sociología. Este desplazamiento poblacional, que tiene en su origen motivos económicos, viene acompañado necesariamente de una modificación radical de las prácticas culturales de las poblaciones locales. Y la modificación, ya sea frontal y abierta, ya sea sutil e imperceptible, termina por imponerse.
En México sobran ejemplos de casos en los que el debate público se ha ocupado de este tema. Recordemos episodios algo lejanos como la adopción artificial de un desfile de día de muertos tras el rodaje de una película hollywoodense en nuestro país, o la prohibición de los rótulos en los locales ambulante de la delegación Cuauhtémoc en la Ciudad de México. Tenemos también casos muy recientes, como el de los organilleros del Centro Histórico o el de la banda sinaloense en las playas de Mazatlán.
Es necesario insistir en que la cultura es un universo vivo y dinámico. Las prácticas culturales no permanecen petrificadas frente al paso de los siglos, sino que se modifican constantemente.
Sin embargo, este debate contiene otro elemento de importancia cardinal: la diversidad cultural. El argumento más reciente en el debate acuñó una premisa indiscutible: la diversidad de prácticas culturales debe primar frente a las tendencias homogeneizantes. Una sociedad culturalmente más diversa ofrece a sus miembros oportunidades potenciales de desarrollo más plenas que una sociedad culturalmente homogénea.
Esta premisa sobre la importancia de la diversidad cultural, sin embargo, se presenta en el capitalismo actual como una paradoja: las lógicas de dominación global por parte de unos pocos polos de poder determinan también una tendencia de homogeneización en las prácticas culturales. Pero esta modificación es ilegítima: no se trata de un sincretismo o de una apropiación, sino de una imposición abusiva y unidireccional que tiene su origen, en última instancia, en las enormes asimetrías económicas que imperan en el capitalismo de hoy.
Éste es el fenómeno que hoy observamos en México, en América Latina e incluso en países cada vez más empobrecidos del propio Norte Global, como España y Portugal. Las élites económicas –extranjeras o locales– además de desplazar a las poblaciones locales de sus espacios de habitación, comercio y esparcimiento, reclaman su lugar en las prácticas culturales.
En principio, toda práctica cultural es legítima y tiene, por tanto, el derecho de ser respetada. Y por tanto, la defensa de estas prácticas culturales locales constituye un acto de resistencia colectiva contra la dominación cultural, especialmente en regiones ya de por sí profundamente dependientes, como América Latina.
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Escrito por Aquiles Lázaro
Licenciado en Composición Musical por la UNAM. Estudiante de la maestría en composición musical en la Universidad de Música de Viena, Australia.