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editorial
La violencia institucionalizada contra la mujer
La discriminación, el maltrato, la agresión física hasta llegar a la violencia extrema son formas en que se presenta en muchos países el grave problema de la violencia contra las mujeres.


La discriminación, el maltrato, la agresión física hasta llegar a la violencia extrema son formas en que se presenta en muchos países el grave problema de la violencia contra las mujeres; ambos géneros son, por igual, víctimas de la explotación capitalista, pero la mujer sufre una doble opresión: es tratada injustamente ¡por el simple hecho de haber nacido mujer! En el mundo, ellas tienden a ser la mitad de la población, pero en México ya son la mayoría. La opresión de la mujer deriva de la desigualdad social, de la explotación clasista, es decir, del dominio de una clase minoritaria sobre la inmensa mayoría de la sociedad. Esta característica de la sociedad dividida en clases la conservó la sociedad capitalista, aunque a veces se disfrace y la opresión se presente en formas más sutiles. 

En México, la desigualdad de género es una realidad innegable y se ha agudizado en los últimos tiempos; se atenta contra los derechos de la mujer y se le discrimina, se aplica violencia en todas las formas y grados. La nuestra es una sociedad en la que no se hace justicia a las mujeres, aunque presenten pruebas, testimonios, notas periodísticas, declaraciones de médicos, enfermeras y otros trabajadores de la salud. 

La violencia contra las mujeres no es un caso aislado ni excepcional, sino una situación generalizada, es un problema nacional cada vez más conocido en toda su magnitud gracias a la lucha de todas aquellas que se han organizado para exigir equidad, justicia, respeto a sus derechos y castigo a sus agresores. Sin embargo, esta lucha no ha logrado siquiera atenuar en forma importante la violencia de género; por esto es urgente extender la denuncia por todo el país, secundar la movilización femenina con acciones en el mismo sentido para que las autoridades actúen en contra de este trato injusto, de la discriminación, y de todas las formas de violencia contra ellas. 

El problema, que se ha extendido y agudizado por todas las regiones y entidades federativas del país, tiene grados; va de lo imperceptible hasta la violencia extrema que culmina en el feminicidio; los medios de comunicación han difundido casos de agresiones a las mujeres por parte de su pareja hasta llegar al extremo del asesinato; pero hay formas de violencia que no se han dado a conocer lo suficiente e incluso se invisibilizan desde el poder; y muchos mexicanos no han tomado conciencia de la necesidad de protestar para exigir la erradicación, por ejemplo, de la violencia médica y la violencia psiquiátrica, en otras palabras, de la violencia institucional que sufren las mujeres en los sistemas judicial y de salud. 

La violencia médica y la violencia institucional representan una doble injusticia: hacen aparecer a la víctima como culpable de la agresión sufrida. Es difícil aceptarlo, pero con frecuencia, ante las denuncias, médicos, psicólogos y autoridades llegan al extremo de acusar a la demandante de haber provocado al agresor y, en lugar de considerarlo un delito, recomiendan a la víctima la retractación o el perdón; y es sorprendente hasta dónde han penetrado el maltrato, la discriminación y la violencia contra la mujer en el sistema de salud mexicano. 

Nuestro Reporte Especial de esta semana da voz a varias sobrevivientes de violencia extrema y que, ante su demanda de apoyo oficial, lo único que han recibido es negligencia e incluso malos tratos, hasta llegar a la violencia médica e institucional. El Día Internacional de la Mujer es uno de los mejores momentos para extender por todo México estas denuncias.  


Escrito por Redacción


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