La agresión, los ataques violentos y la muerte persiguen a los comunicadores por los cuatro puntos cardinales del país.
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Si uno de aquellos indómitos “pieles rojas”, pobladores originarios de lo que hoy es el territorio estadounidense, hubiera escuchado a Donald Trump, diría: “cuando hocico largo habla, habla su dios”. Nosotros podríamos traducir: cuando Trump amenaza, amenaza el imperialismo.
El cumplimiento de las amenazas de Donald Trump, lanzadas durante su campaña electoral, es un problema complejo y a la vez fácil de entender y hasta de simplificar si se toma en cuenta que cuando un gobernante imperialista se expresa, lo hace en nombre de los intereses que representa, en nombre de la clase social que le designó y a la que sirve incondicionalmente, en este caso a los dueños de los corporativos, quienes amenazan por su boca.
Tiene varios aspectos la complejidad del problema: la aplicación de aranceles repercutirá en la elevación de los precios de los productos mexicanos para los consumidores estadounidenses y también afectará a empresas extranjeras ubicadas en México; pero esto no parece preocupar al magnate estadounidense, que está dispuesto a aplicar fuertes aranceles a países con los que ha firmado un Tratado de Libre Comercio e imponerles condiciones más duras que a su principal enemigo comercial, pues a los productos chinos solamente les aplicará aranceles de 10 por ciento.
Las amenazas de Trump, comenzando con la imposición de aranceles de 25 por ciento a los productos mexicanos que aquel país importa, no eran increíbles, ni siquiera “poco creíbles”, como algunos llegaron a afirmar.
Debe tomarse en cuenta el hecho bien comprobado de que el de Estados Unidos es un gobierno belicista que en los últimos tiempos ha promovido, impulsado y aun encabezado guerras que resulta innecesario enumerar, basta mencionar la que promovió contra la Federación Rusa y la que mantiene y financia en la Franja de Gaza contra el pueblo palestino, usando al gobierno asesino de Israel. Y también hay que considerar las guerras comerciales que patrocina contra sus competidores de Europa, Asia, África y América, obligando a sus aliados, socios o lacayos a secundar su política arancelaria, confiscatoria e injerencista.
La guerra arancelaria contra México se ha aplazado unos días, pero el arma no deja de pendular sobre la cabeza de los mexicanos; las amenazas son serias y su realización está calendarizada y a punto de comenzar, como aseguran algunos funcionarios gringos.
La sumisión de los gobiernos de América Latina es algo muy codiciado por el imperialismo, cuyo látigo restalló en los oídos del gobierno mexicano para obligarlo a someterse en forma absoluta a su mandato. México ha prometido cooperar con la agenda del buen vecino y amigo comercial y hoy acepta la agresiva política migratoria de Trump; pero su obediencia no ha sido suficiente para aplacar el hambre de dominio del gobierno yanqui.
Así inaugura su política el gobierno encabezado por Donald Trump; sus amenazas, acusaciones y presiones le sirven para probar hasta dónde puede llegar con su política provocadora.
La agresión, los ataques violentos y la muerte persiguen a los comunicadores por los cuatro puntos cardinales del país.
Los comunicadores en México no sólo enfrentan hoy amenazas, campañas de desprestigio, demandas judiciales y estigmatizantes discursos oficiales, sino también desapariciones forzadas y ataques mortales.
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Escrito por Redacción