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Plan nacional de seguridad alimentaria
Unos 91 millones de mexicanos viven en pobreza, pero 48 millones de ellos sobreviven en pobreza extrema.
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En estos momentos de crisis y de cuarentena forzada por el coronavirus (Covid-19) se hace indispensable atender la salud de los mexicanos para evitar que la pandemia los amenace y que el hambre los acose con la pérdida de sus empleos, ya que muchos de ellos viven al día o no cuentan con un trabajo permanente y digno.

En el primer caso, es necesario que el Gobierno Federal atienda la demanda de insumos en los hospitales, deje de lado sus mezquindades “conservadoras” o “neoliberales” y llame a los sectores productivos y a los científicos de México para que se sumen a la lucha contra el Covid-19. Estos últimos pueden crear respiradores y equipos especializados que, hechos por manos mexicanas y avalados por la Comisión Federal de Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), sean distribuidos en todo el país.

En un artículo que recientemente publicó en estas mismas páginas, el ingeniero Aquiles Córdova Morán describe el problema sanitario con precisión meridiana; plantea la necesidad de que el Gobierno tome cartas en el asunto; que confíe más en el pueblo y en sus científicos; que habilite más recursos al financiamiento de sus investigaciones y que deje de decirles que son “fifís”.

En el segundo caso, la grave situación socioeconómica en el país requiere que el Gobierno reflexione sobre la suerte de millones de personas que no tienen ingresos seguros y que, por lo mismo, no tienen qué comer. Es decir, los mexicanos que no tienen trabajo fijo, los que viven del comercio informal; los que viven hacinados y no disponen de servicios urbanos básicos (agua potable, drenaje, etc.) y los campesinos que viven del autoconsumo y no podrán cosechar este año, porque carecen de dinero para adquirir semillas mejoradas o fertilizantes, ya que el Gobierno no los ha apoyado.

Si las instituciones no actúan, estos mexicanos vulnerables están en riesgo de sufrir hambruna y otras consecuencias terribles que naturalmente impactarán en la población general y en la situación del Estado.

91 millones de mexicanos viven en pobreza, pero 48 millones de ellos sobreviven en pobreza extrema. Esta población debería ser el primer objetivo del Gobierno de la República en materia de atención social para brindarles alimentación. Un apoyo mensual de dos mil pesos por persona implicaría una inversión aproximada de 90 mil millones de pesos, cantidad que parece enorme, pero que en los críticos momentos que hoy enfrenta México es irrelevante, pues se trata de la vida y la salud de nuestros hermanos.

Además, la administración actual tiene dinero a la mano para hacer ese gasto. El gobierno tiene 41 mil 256 millones de pesos (mdp) destinados a la refinería Dos Bocas, proyecto que puede aplazarse o cancelarse. Pero ¿qué resulta prioritario para la llamada “Cuarta Transformación” (4T)? ¿Satisfacer los caprichos de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) o apoyar a los mexicanos que no tienen dinero ni alimentos?

Pero no solo está el dinero de la planta de Petróleos Mexicanos (Pemex). También están los recursos destinados al inútil proyecto del aeropuerto en Santa Lucía, que suman 27 mil 574 mdp y el Tren Maya, que tiene asignados 26 mil 730 mdp. La inversión total de estos tres proyectos es justamente el monto necesario para alimentar a los mexicanos que ahora son amenazados por el hambre: 95 mil 560 mdp.

El problema de fondo es que al gobierno de la 4T no le interesa atender a esta gente, aunque diga lo contrario. Tan es así, que la Comisión Federal de Electricidad (CFE), pese a la contingencia sanitaria y al gravísimo problema social que agobia a México, subió este mes la tarifa doméstica en 0.23 por ciento, en lugar de condonarla, prorrogar su pago o reducirla, ya que la mayoría de los mexicanos no tienen ni tendrán ingresos en los meses próximos.

Pero la insensibilidad social y política no es exclusiva de la 4T y afecta, por igual, a otros gobiernos. Tal es el caso del gobierno del Estado de México (Edomex); además de no haber entregado el apoyo con fertilizantes, que desde hace más de 10 años recibían los campesinos mexiquenses, hoy se niega a atenderlos a pesar de que se hallan en riesgo de hambruna y no se aprecia el mínimo indicio de que recibirá auxilio alimentario. Es indispensable que el gobierno estatal distribuya canastas con víveres en las comunidades más humildes del campo mexiquense. La misma solución es urgente en las colonias populares de la Ciudad de México (CDMX) y su área metropolitana, donde decenas de miles de familias se han quedado sin empleo ni sustento, precisamente cuando tienen que atender el llamado de quedarse en casa. ¿Qué se oculta detrás de esta inacción?

Primero: que la visión en la que se basan los gobiernos Federal y estatales es fundamentalista de mercado –aunque digan lo contrario– y, por lo mismo, cada uno de sus responsables pretende resolver la situación por propia cuenta, es decir, “rascarse con sus propias uñas”. Y, segundo, que dichos gobiernos aplican también una visión electorera a la hora de decidir apoyos económicos a la gente. En el Edomex, por ejemplo, es posible que el gobierno estatal no esté haciendo nada en este sentido para “quemar” o desacreditar al Gobierno Federal y al Movimiento Regeneración Nacional (Morena) de cara a las elecciones de 2021. Esta lectura es, desde luego, una hipótesis, no una afirmación categórica. Lo que sí es seguro, como ya lo demostramos, es que sí hay recursos públicos, pero están ocupados o etiquetados para los proyectos electorales, no para la gente.

Aquí se nota la diferencia que hay entre los dirigentes políticos de Estados Unidos (EE. UU.) y México, que se rigen con los principios del fundamentalismo de mercado y los de China, cuyos líderes se basan en los principios comunistas. En China se construyó un hospital en siete días; se efectuaron transferencias de dinero para la compra de alimentos a los habitantes de las ciudades en cuarentena y se realizó una limpieza profunda de las calles. En EE. UU., en cambio, con gran arrogancia, se menospreció a la población y se defendieron a ultranza los negocios por encima de la salud del pueblo. Por ello van más de 22 mil muertos y más de medio millón de infectados.

En México necesitamos una visión como la de China y no como la estadounidense. Es momento de grandes reflexiones y si el Gobierno Federal y los estatales no atienden las demandas del pueblo más humilde, entonces quedará probado lo que advertimos respecto al supuesto gobierno de “primero los pobres”: que no cumpliría sus compromisos y que es tan neoliberal como los anteriores. Este hecho nos obliga a decir que ha llegado el momento de que el pueblo se prepare para tomar en sus manos el poder político y hacer las cosas en serio en favor de los necesitados de México. Estoy seguro de que si el poder estuviera en manos del pueblo organizado, estaría instrumentándose ya el Plan Nacional de Seguridad Alimentaria.


Escrito por Brasil Acosta Peña

Doctor en Economía por El Colegio de México, con estancia en investigación en la Universidad de Princeton. Fue catedrático en el CIDE.


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