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Opinión invitada
Fase 5 de hambruna en Gaza y la neutralidad morenista
La tibieza del gobierno mexicano, en contextos de opresión extrema, no es una virtud diplomática: es una forma de alinearse con el opresor.


Gaza se está muriendo de hambre. Según el último informe del sistema internacional IPC (Integrated Food Security), más de 2.1 millones de personas —el 100 por ciento de la población de la Franja— está enfrentando o enfrentará inseguridad alimentaria aguda entre mayo y septiembre de 2025. De ellas, alrededor de 470 mil personas (22 por ciento) se encuentran ya en la fase 5, es decir, en condiciones de hambre catastrófica, el nivel más alto y letal en la escala alimentaria internacional. En otras palabras: exterminio por inanición, facilitado por el bloqueo total impuesto por Israel desde hace más de nueve meses (fuente: IPC www.ipcinfo.org).

La fase 5 no es un tecnicismo: es una sentencia de muerte colectiva. Según la definición del IPC, un hogar se encuentra en fase 5 cuando enfrenta desnutrición aguda severa y riesgo elevado de muerte por inanición. Una hambruna se declara cuando al menos el 20 por ciento de la población se encuentra en esta condición, junto con altos niveles de desnutrición infantil y tasas de mortalidad superiores a cuatro muertes por cada 10 mil niños menores de cinco años por día. Y aunque la hambruna aún no ha sido oficialmente declarada en Gaza —por falta de datos debido al cerco militar israelí—, organismos como la Organización mundial de la Salud (OMS) advierten que el colapso total es inminente (fuente: AP News https://goo.su/ejjd1G).

Lo que está ocurriendo en Gaza no es una anomalía del sistema, sino su expresión más descarnada: un capitalismo que no solo domina territorios, sino que produce poblaciones descartables. En este caso, el Estado sionista de ocupación, con apoyo financiero y militar directo de Estados Unidos y sus aliados europeos, ha destruido infraestructuras agrícolas, almacenes de alimentos, impedido la entrada de ayuda y restringido el acceso al agua potable. El hambre, aquí, no es un efecto colateral: es un método de guerra, un dispositivo de control colonial.

Mientras Gaza muere de hambre, la comunidad internacional ensaya su teatro habitual: condenas débiles, discursos evasivos y llamados vacíos a la “moderación” y al “entendimiento”. Por su parte, la Unión Europea combina discurso humanitario con apoyo económico y militar a Israel. Se condena “la violencia” en abstracto, pero se evita nombrar al ocupante, al agresor, al genocida. La distribución de comida se ha convertido incluso en un escenario de asesinatos: cientos de palestinos son masacrados por tropas israelíes mientras esperan alimento (fuente: El País https://goo.su/yuaCcM).

Por su parte, el Estado mexicano, gobernado por Morena, se ha sumado a esta estrategia global de ambigüedad diplomática. Aunque México reconoce al Estado de Palestina desde 2012 y ha condenado la “crisis humanitaria”, se rehúsa a nombrar el genocidio y se niega a señalar al Estado sionista como responsable del bloqueo que está matando de hambre a la población civil. La presidenta Claudia Sheinbaum reiteró en julio de 2025 su “preocupación” por la situación en Gaza, pero en ningún momento exigió el fin del bloqueo ni la rendición de cuentas del régimen israelí.

La tibieza del gobierno mexicano, en contextos de opresión extrema, no es una virtud diplomática: es una forma de alinearse con el opresor. No se puede tratar como iguales a un pueblo sin ejército, sin alimentos, sin electricidad, y a una potencia militar que lo bombardea, lo cerca y lo deja morir de inanición. El discurso de “ambas partes deben cesar la violencia” borra la relación colonial entre ocupante y ocupado, entre genocida y víctima. El pueblo palestino no necesita compasión, necesita justicia. Y la justicia empieza por decir la verdad, aunque incomode a los aliados de siempre.

Hoy, cuando más de 400 mil personas en Gaza enfrentan hambre catastrófica, el silencio no es una opción: es una traición. La comunidad internacional —y en particular, gobiernos como el de México— deben exigir el fin inmediato del bloqueo israelí, garantizar el ingreso sostenido de ayuda humanitaria y denunciar con valentía que lo que ocurre en Gaza es un crimen de lesa humanidad. Los mexicanos, con una larga historia de resistencia popular, tenemos el deber de presionar al gobierno para romper la neutralidad cómplice, pues hoy, la neutralidad mata, mientras que la solidaridad salva. Y hoy, Gaza nos necesita de su lado: del lado de la vida.


Escrito por Dante Montaño Brito

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM.


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