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Beijing emitió el 10 de diciembre de 2025 su tercer documento sobre la política de China hacia América Latina y El Caribe. El primer documento de este tipo lo publicó en 2008, bajo el liderazgo de Hu Jintao, y el segundo en 2014, ya siendo Xi Jinping presidente. Cada uno de los documentos representa un momento diferente en las relaciones China-América Latina y en la configuración del orden internacional.
En 2008, China estaba dando sus primeros pasos como potencia mundial. Ese año sorteó sin mayores dificultades la crisis financiera desatada en Estados Unidos (EE. UU.) y celebró con bombo y platillo los Juegos Olímpicos de Beijing. China venía de décadas de tener altas tasas de crecimiento económico y su ingreso a la Organización Mundial del Comercio, en 2001, potenció más su presencia económica internacional. En ese contexto, Beijing planteó un marco de relaciones con América Latina, con el propósito de fijar los principios de la relación, los ejes de trabajo y las metas a alcanzar. El interés que tenía China en la región quedó de manifiesto en las visitas de alto nivel que realizó el presidente Hu Jintao a Brasil, Argentina, Chile, Cuba, México, Costa Rica y Perú entre 2004 y 2008.
En 2014, China acababa de iniciar una nueva etapa, con Xi Jinping a la cabeza. Xi había llegado a la presidencia en 2013 y desde el principio mostró una gran actividad diplomática y una iniciativa internacional inusitada. Desde su arribo al poder, Xi lanzó la Iniciativa de la Franja y la Ruta y la Comunidad de Futuro Compartido para la Humanidad, dos grandes macro proyectos de política exterior que han sido centrales por más de una década en las relaciones internacionales de China. Con un lugar ya bien establecido en la escena internacional, Beijing tomó la iniciativa estratégica para seguir impulsando el orden multipolar, la globalización económica y para continuar su desarrollo siguiendo estándares de alta calidad y nuevas tecnologías.
El presidente Xi Jinping visitó Trinidad y Tobago, Costa Rica, México, Brasil, Argentina, Venezuela y Cuba entre 2013 y 2014. En el contexto del interés renovado de China hacia la región, Beijing publicó su segundo documento de política hacia América Latina y el Caribe. En ese material, China impulsó nuevos mecanismos de cooperación y enriqueció los que ya existían. Aumentaron las áreas de trabajo y propuso trabajar conjuntamente con la región a través del Foro China-CELAC, además de las relaciones bilaterales con cada país latinoamericano. Los proyectos e iniciativas que se derivaron de ese documento sentaron las bases para la agenda bilateral posterior.
La llegada de Trump a la presidencia en EE. UU. dio inicio a una reconfiguración del orden internacional de manera clara. Washington se vio obligado a renunciar a su lugar de potencia hegemónica unipolar y se replegó para controlar sólo algunos espacios que considera como naturalmente suyos. La fracción que gobierna en la Casa Blanca aceptó que el mundo multipolar era ya una realidad y que países como China y Rusia jugarían un papel importante en él. En el terreno económico comenzó una campaña contra la globalización y a favor de la relocalización de empresas, con el objetivo de hacer a EE. UU. menos dependiente de China y al mismo tiempo frenar el desarrollo de China negándole productos clave de alta tecnología, como los chips más avanzados.
En el nuevo orden internacional, EE. UU. pretende consolidar su predominio económico, político y militar sobre América Latina, empleando para ello una política de fuerza. Las amenazas contra México por el narcotráfico, contra Panamá por la presencia de empresas chinas en el canal interoceánico, la campaña militar contra Venezuela, y la intromisión en asuntos internos de Brasil, Argentina, Honduras y Colombia son algunos episodios puntuales de la nueva política de mano dura de EE. UU. Trump busca que los gobiernos de la región se alineen geopolíticamente con Washington y que China se retire de una zona que considera exclusivamente suya. América Latina, por su parte, se debate entre gobiernos que permanentemente cambian de color y de programa político. Sin una integración regional en términos económicos y políticos, cada país se posiciona en el escenario internacional conforme se lo exigen las circunstancias, sin una visión estratégica de largo plazo.
El documento sobre la política de China hacia América Latina y El Caribe publicado en 2025 busca no sólo hacer un recuento general de las áreas de cooperación que existen entre China y la región, sino también fijar una posición estratégica ante la política de EE. UU. en el nuevo orden multipolar. Para China, Améria Latina no es una esfera de influencia natural de Washington, sino una “fuerza indispensable en el proceso de multipolarización mundial”. Beijing ve a la región como un actor importante con el cual se debe trabajar coordinadamente, en lugar de imponerle políticas unilaterales. En esa lógica, el documento propone cinco grandes programas de trabajo conjunto: solidaridad, desarrollo, civilizaciones, paz y de los pueblos. Cada programa contiene sus propios capítulos de cooperación, que en total suman 44, abarcando todos los espacios posibles de interacción entre China y América Latina.
Por supuesto, las grandes iniciativas de política exterior propuestas por Xi Jinping son parte fundamental del documento: la Comunidad de Futuro Compartido, la Iniciativa de la Franja y la Ruta, la Iniciativa de Desarrollo Global, la Iniciativa de Seguridad Global, la Iniciativa de Civilización Global y la Iniciativa de Gobernanza Global tienen un papel central. Son especialmente interesantes las propuestas que se refieren al trabajo conjunto para la reducción de la pobreza, la transferencia de tecnología, el desarrollo industrial, el apoyo al proceso de integración latinoamericana y el apoyo a América Latina para que desempeñe un papel más importante en los asuntos internacionales.
En el mundo multipolar de hoy, EE. UU. ha reajustado su estrategia de seguridad internacional y toda su política exterior. En esa gran estrategia, el lugar de América Latina es el de una colonia económica, política y militar. Por su parte, China también ha reajustado su estrategia internacional, interpelando a los países del Sur Global, a los BRICS y a los países del Norte Global, para que entre todos reorganicen la economía y la política mundial, superando los moldes coloniales e imperialistas que han caracterizado la gobernanza internacional en los últimos quinientos años.
Para China, América Latina tiene un papel protagónico que jugar en este contexto y está dispuesta a trabajar en conjunto con la región. América Latina está colocada entre dos visiones del mundo totalmente diferentes: la estadounidense y la china. ¿Hacia dónde se moverá? Por lo pronto, su desorganización, su fragmentación y su falta de visión estratégica son elementos que la colocan, objetivamente, como una pieza más que responde al gran diseño de Washington.
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Escrito por Ehécatl Lázaro
Columnista de politica nacional