Además de La Ciudad Indecible es autora de los poemarios Un Modo de Cantar, Viaje en la Arena, En la Orilla del Vuelo, Al Oído del Viento, Grabados y Poemas y Mi Patria Tiene Fomia de Esperanza.
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La literatura de La India es una de las más antiguas del mundo y, sin duda, antecedente de innumerables monumentos literarios. Es innegable que muchas culturas de la antigüedad se influyeron recíprocamente; sus lazos y las condiciones en que interactuaron pueblos alejados geográficamente se pierden en la noche de los tiempos; a pesar de ello, existen pruebas de que la cultura moderna es depositaria del milenario legado hindú preservado, por citar solamente los documentos más famosos, los Vedas, las Upanishadas, los Puranas, las Leyes de Manú y sus dos grandes epopeyas: El Ramayana y El Mahabarata; ambos poemas épicos, atribuidos respectivamente a Valmiki y a Vyasa (cuyo nombre significa “el compilador”), pero que no pueden ser sino obra colectiva del pueblo hindú y reflejan su historia, cosmovisión, filosofía y moral, como todos los grandes momentos literarios de la antigüedad, incluyendo los libros sagrados de las grandes religiones del mundo. Pocas culturas han sido tan mixtificadas y distorsionadas como la hindú, usada hoy como una alternativa “novedosa” ante el desgaste de los grandes sistemas monoteístas.
Todas las criaturas que me han ofendido quedarán anegadas en siete días por un Diluvio; pero tú te salvarás en un Arca milagrosamente construida. Así, toma siete varones justos con sus mujeres y parejas de todos los animales y entra en el Arca sin temor, que entonces verás el Dios y obtendrán respuestas todas tus preguntas…
Este texto no corresponde al libro sagrado de los hebreos; está tomado del Bhagavata Purana, colección de textos religiosos, en el Yajur-Veda, que data de 1500 o 400 a.C. Matsia, manifestación de Vishnú, agradecido con el Rey Manú por haberlo ayudado a crecer cuando era un pequeño pez, lo previene de un inminente diluvio y le aconseja construir un gran barco para salvar no sólo a su familia sino a todos los seres vivientes de la Tierra, poniéndolos a salvo durante la tempestad. Este mito, recurrente en varias culturas de la antigüedad, sustenta la hipótesis de que una o varias inundaciones destruyeron en algún momento su mundo conocido y los sobrevivientes atribuyeron la catástrofe a la cólera y al castigo divino.
La naturaleza exuberante y fecunda del extenso territorio de La India, cercado por los ríos Ganges, Indo y Brahmaputra y por el Golfo de Bengala y el Mar de Omán, produjo en sus pobladores el asombro, la admiración y el terror ante la furia de los elementos naturales. Para explicar su mundo crearon una religión politeísta en la que dioses, héroes y demonios representaban las fuerzas materiales y luchaban para imponer su dominio. El argumento central del Ramayana son las hazañas de Rama, quien se ve obligado a sobrevivir a su destierro en la selva, acompañado de su esposa Sita, a quien rescata heroicamente de las garras de un demonio que la ha raptado. Particularmente emotivo es el siguiente fragmento en el que Sita pide a su esposo que la lleve con él; en el texto se traslucen los roles masculino y femenino y los valores aceptados por la sociedad Hindú en el Siglo III a.C.
Sita quiere acompañar a Rama al destierro
Si partes ahora, ¡oh descendiente de Raghú!, para la selva infranqueable, caminaré delante de ti, pisando las espinas de hierba kusa ¡Desecha la envidia y la cólera como se desecha el agua que queda después de haber bebido, y llévame, ¡oh, héroe!, con toda confianza! No hay en ello ningún mal para mí. Bajo las bóvedas del palacio, en los carros, en el surco de los pájaros, donde quiera que se encuentre, la sombra de los pies de un esposo tiene primacía. He sido instruida por mi madre y por mi padre en muchas cuestiones; no necesito ahora que me digan cuál ha de ser mi conducta. Iré en la selva infranqueable, desierta de hombres, llena de bestias de todas clases, frecuentada por tigres. Viviré feliz en la selva como en la casa de mi padre, sin preocuparme por los tres mundos y sólo atendiendo a mi única ley de esposa. Siempre obediente, sumisa, casta, tú serás mi placer ¡oh héroe!, en los bosques de suaves perfumes (…) Iré a la selva infranqueable, poblada de gacelas, de monos y de elefantes. En ella moraré como en la casa de mi padre, acurrucándome a tus pies, complaciente. Mi corazón, enamorado de su señor, no alberga otro sentimiento, y si he de vivir separada de ti, estoy dispuesta a morir. ¡Llévame, atiende a mi ruego, no seré una carga para ti!
Además de La Ciudad Indecible es autora de los poemarios Un Modo de Cantar, Viaje en la Arena, En la Orilla del Vuelo, Al Oído del Viento, Grabados y Poemas y Mi Patria Tiene Fomia de Esperanza.
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Poema de Atrahasis o del “muy sabio”
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Escrito por Redacción