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Tribuna Poética
Carlos Garrido Merino, poeta ácrata chileno
Hoy viene a la Tribuna este poeta casi olvidado.


“Las libertades no se dan, se toman”: P. Kropotkine. Tal es la cita que acompaña al encabezado de El Hambriento, publicación mensual peruana de filiación anarquista que, en su número 19 de diciembre de 1906, junto a la reseña de las huelgas de los obreros tejedores de Vitarte y de los motoristas y conductores del Urbano, en Lima, publicaba el combativo poema del chileno Carlos Garrido Merino titulado ¡Cuidado!

Antologado previamente en Poesías ácratas (Santiago de Chile, 1904), compilación hecha por el zapatero e impresor socialista Policarpo Solís Rojas, y probablemente tomado de ahí, la aparición de este poema en la prensa obrera no es una casualidad, sino el resultado de la estrecha relación que existió entre los movimientos anarquistas de aquella época en todo el continente americano.

Fundador y editor de diversas publicaciones de la prensa obrera como La Antorcha (1899-1900, Revista Quincenal de Sociología, Arte, Ciencias, Filosofía y Variedades) y El Ateneo de la juventud (1900), Carlos Garrido Merino forma parte de esa estirpe de escritores que han puesto su pluma al servicio de los desposeídos de la Tierra.

Proscrito por su actividad política y sus publicaciones en la prensa anarquista chilena de finales del Siglo XIX y principios del XX, no es extraña la ausencia de suficientes datos biográficos de Carlos Garrido Merino; la famosa antología Selva lírica lo descarta de un injusto plumazo, colocándolo en la lista de versificadores triviales, aunque en abstracto reconozca la labor del “… poeta ácrata, el poeta rojo, el poeta que levanta el amenazante pabellón de los descontentos sobre las cabezas estremecidas por agitaciones huelguistas o revolucionarias”.

Completamente fuera del canon de la poesía chilena, hoy viene a la Tribuna este poeta casi olvidado que, al comparar un mitin obrero con el rugido iracundo e invencible de leones decididos a romper sus cadenas, hiciera un llamado al levantamiento popular, en una bien lograda advertencia a los tiranos y a los poderosos que, en su soberbia, consideran eterno su dominio.

Formado por seis cuartetos endecasílabos, reproducimos a continuación el poema ¡Cuidado!, respetando las mayúsculas de relevancia o “enfáticas”, como recurso estilístico y la ortografía original de la época, empleando cursivas para destacar las diferencias con el español actual.

 

Es la voz de la Plebe la que se alza

aclamando al ideal que la enaltece,

es el rujido del océano altivo

que de olímpicas iras se estremece.

Es el grito del león que no se humilla,

aunque la audacia humana lo encadene;

es la aguda blasfemia que a la altura

alza el simoun que del Oriente viene.

¡Tiranos!, no estéis sordos a ese grito;

no despreciéis el ronco clamoreo

de la Plebe, que ha visto ya su aurora

a través de los prismas del deseo.

¡Poderosos!, no juegue en vuestros labios

la irónica sonrisa del desprecio;

quien no tiene conciencia del Peligro,

no es un valiente, sino que es un necio.

Nada hai eterno en la existencia; todo

está sujeto a evoluciones varias,

¿o vosotros creéis que siempre el Mundo

ha de dar vida a una lejion de parias?

No juguéis con el león esclavizado,

porque es un juego de peligros lleno;

el león es siempre león, aunque dormite,

porque un alma de león lleva en su seno. 


Escrito por Tania Zapata Ortega

Correctora de estilo y editora.


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