No puede evadirse la realidad, la sociedad humana está profundamente dividida en dos clases sociales fundamentales.
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“En 2022, el 48.1 por ciento de los niños menores de seis años se encontraban en situación de pobreza, superando el 36.3 por ciento de la población en general en esta misma situación”, reveló el estudio "La Deuda Pendiente: Acceso a los derechos. Análisis de la pobreza multidimensional en primera infancia, México 2018-2022" de la investigadora Ixchel Beltrán Revilla.
Con base en los datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, en el estudio destaca que entre 2018 y 2022, alrededor de 1.4 millones de niños y niñas menores de seis años vivían en pobreza extrema.
Asimismo, refiere que “a pesar de un descenso promedio de 6.2 puntos porcentuales en la pobreza infantil entre 2020 y 2022, pasando de 54.3% a 48.1%, este avance se ve empañado por el hecho de que la pobreza extrema solo disminuyó marginalmente, de 11.8% a 11.6%. Esto se traduce en un incremento significativo de 1.6 puntos porcentuales en comparación con el 9.9% registrado en 2018”.
Además, en el informe resalta la desigualdad geográfica, misma que evidencia que las entidades del sur y centro-sur del país presentan un mayor porcentaje de niñas y niños de seis años en situación de pobreza.
Ante este panorama, el colectivo Pacto por la Primera Infancia, conformado por más de 500 organizaciones civiles, académicas y empresariales, hace un llamado urgente a los y las candidatas que aspiran a un puesto de elección popular en cualquier nivel de gobierno en México a que consideren un plan de acción que incluye 12 puntos clave para el desarrollo y bienestar de la niñez mexicana.
Entre los objetivos destacan: la reducción al 40 y el 9 por ciento de la pobreza y pobreza extrema en la primera infancia respectivamente; así como la disminución a un 8 por ciento de la destrucción crónica y el 5 por ciento de la anemia, sobrepeso y obesidad en menores de cinco años.
Finalmente, el colectivo busca asegurar que el 90 por ciento de los niños y niñas de dos años reciban todas las vacunas necesarias, y que el 20 por ciento de los menores de tres años accedan a educación inicial en cualquiera de sus modalidades.
No puede evadirse la realidad, la sociedad humana está profundamente dividida en dos clases sociales fundamentales.
El lema de “por el bien de todos, primero los pobres” se vuelve un sinsentido, una consigna vacua si analizamos lo que sucede en México.
En Chihuahua, miles de jóvenes están dejando la escuela porque no alcanza el dinero en sus casas.
El problema para los padres de familia consiste en sostener los estudios de los hijos, pero con trabajos precarios e inestables en el mercado laboral, poco se puede hacer.
La búsqueda de argumentos complacientes conduce a una justificación inútil que no está a la altura de los cambios que México, América Latina y el mundo están experimentando.
Este nuevo cine utilizó las viejas técnicas fílmicas producidas en la época de la dictadura de Mussolini; pero su enfoque era totalmente distinto.
Los índices de pobreza y marginación se concentran precisamente en la población indígena.
La consigna era esperanzadora: “arte para todos”.
Nuestro país es de los más ricos del mundo, pero con un pueblo sumido en la pobreza, y un reflejo de esto es la situación del campo.
La salida de una comunidad significa también dejar las actividades de las que dependía el ingreso familiar. Quienes vivían de la agricultura, la ganadería o trabajos realizados en sus localidades, deben buscar nuevas fuentes de sustento en las ciudades.
Fuera de las zonas hoteleras, la realidad es muy distinta; en las colonias populares y las comunidades humildes, miles de familias enfrentan diariamente la pobreza.
La expoliación de la clase trabajadora, sometida de mil y una formas al dominio de las grandes corporaciones, es lo que verdaderamente representa el imperialismo.
Donald Trump quiere arrojar del territorio de EE. UU. a la parte más vulnerable de la clase obrera que ha enriquecido internamente a los poderosos capitalistas norteamericanos.
La justicia social no significa pasar de año a los estudiantes o regalarles calificaciones, sino otorgar igualdad de condiciones para que nadie se quede sin preparación de calidad.
De estas comparaciones se deduce que México no tiene una política deportiva acertada, que es poco el dinero destinado por el gobierno para el deporte y que estos recursos se pierden por la corrupción.
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Escrito por Carolina Ruvalcaba
Periodista con casi 20 años de experiencia en el medio.