Un ejemplo sintético de las ideas de Juan Ruiz de Alarcón (Taxco, Nueva España, 1581–Madrid, España, 1639) en torno al rol femenino se enAcierra en el Tercer acto de Todo es ventura.
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La voz sobre la muerte es el título que da Regino Pedroso al último de los quince cantos de Más allá del mar, moderna epopeya en la que el héroe es el proletariado latinoamericano, cuyas raíces están hondamente afianzadas en su historia de sufrimiento y pérdidas colectivas; y que a través de los siglos, desde múltiples orígenes geográficos y étnicos, arribó a este nuevo mundo, en el que afrontará todavía incontables tormentos, triunfará sobre tiranos y opresores y donde está llamado a construir una sociedad libre de explotación.
Una cita de Rabindranath Tagore abre el canto decimoquinto de este extenso poema épico: “Moriré una vez y otra, y sabré que es inagotable la vida”. En otras palabras, una vida humana representa a todas y aunque uno muera, siempre está naciendo otro que lo sustituirá. Es la misma idea que otro gran poeta popular, Pablo Neruda, expresaría en El Pueblo, hermoso canto a los explotados del mundo, creadores de todo lo que existe, que en interminables generaciones “siguen naciendo y llenarán el mundo”.
Tres sonetos de altísimo registro forman el canto final. En el primero, el poeta se convierte en la voz de los pueblos explotados, que se rebelan ante el abuso, el expolio, la persecusión y la tortura y se aprestan a romper el yugo y alcanzar el “gran sueño humano”.
Aquí, muriendo en agua corrompida,
desangrado y negado y perseguido,
venciendo al odio y tu puñal de olvido,
mi voz se elevará sobre la vida.
En carne de Verdad y angustia herida
sueño fui, dolor soy, amor he sido;
no agotarán mi río estremecido
fuego, cicuta o hiel, azote o brida.
Por anchos cauces de un gran sueño humano
seguirá mi clamor; turbio ni preso
por tu lodo ha de ser; aún más profundo,
sobre mentira cruel y odio inhumano,
con luz de alma y con sangrar de hueso,
contra ti mismo salvaré mi mundo.
El segundo soneto expresa la convicción absoluta de que el futuro pertenece a los pueblos del mundo; el poeta profetiza el nacimiento de otros hombres, llamados a completar la gran obra colectiva de la Revolución y en la que todos los luchadores del pasado estarán presentes, en otras palabras, habrán alcanzado la inmortalidad a pesar de su finitud material.
Para el alba de amor que está cantando
canción de eternidad en la mañana,
quemo mi nave, y mi voz, quemando
desnudez de emoción, en luz se ufana.
Por mares de amargura voy sangrando;
y hacia una inmensidad ancha y lejana,
la llama de mi vida va soñando,
más alta en su dolor y más humana.
Podrás hacer de mí ceniza o roca;
en mármol de opresión sellar mi boca;
vencer mi carne y apagar mi aliento.
Con fuerza de infinito, sobrehumana,
el hombre vencedor del sufrimiento
clamará con mi voz desde el mañana.
El último soneto de Más allá del mar es un dignísimo final para esta obra maestra de la poesía revolucionaria que sintetiza la historia de los explotados, sus luchas y derrotas, la indoblegable esperanza y la certeza del inevitable triunfo sobre las tiranías. Un profético verso adicional, un estrambote, después de los 14 versos finales, borda la última puntada al rojo estandarte del poeta y revolucionario cubano.
Ante una lobreguez de antiguos cielos,
en ansia de otra tierra alcé mi lanza,
y quien bogó por mares de esperanza
vio turbios días naufragando anhelos.
Vida y clamor, en noches de desvelos,
lloraron siglos de desesperanza;
y ante esta sombra que al futuro avanza,
la angustia hoy sólo ve miseria y duelos.
Mas en la playa de azul el hombre espera,
–¡árbol de luz, canción de primavera!–
libre en olas de Sol, desnudo y fuerte.
Mientras tú pasarás hacia la nada,
con tu noche, tu crimen y tu espada,
entre aguas turbias y mudez de muerte!…
¡Y mi voz cantará sobre tu muerte!
Un ejemplo sintético de las ideas de Juan Ruiz de Alarcón (Taxco, Nueva España, 1581–Madrid, España, 1639) en torno al rol femenino se enAcierra en el Tercer acto de Todo es ventura.
El Mahâbhârata, la gran epopeya de la India, comprende 100 mil estrofas, generalmente de dos versos cada una.
Si este rasgo ideológico de Ruiz de Alarcón no bastara para identificar su moderna visión de las libertades femeninas, conviene echar un vistazo al Tercer acto de Todo es ventura
La India, fuente de la poesía moderna
Tratados académicos completos se han destinado a elogiar la musicalidad, la perfección en la rima y la métrica alcanzadas por los modernistas y para explicar el contexto económico y social del momento.
El Satapatha Brâhmana (o “Brâhmana de los cien caminos”) es uno de los textos sagrados más importantes del hinduismo, perteneciente al Yahur Veda.
Nacida en marzo de 1946 en la Ciudad de Guatemala, Delia Quiñónez Castillo fue la más joven de los siete poetas que, en 1968, fundaron el grupo literario Nuevo Signo.
En el vasto y enigmático telón de fondo de las antiguas tradiciones de la India, los Vedas se erigen como los fundamentos que sostienen la esencia espiritual y filosófica de toda una civilización.
Los Vedas constituyen unas colecciones de himnos religiosos, compuestos en una lengua que recibe por ello el nombre de védico, de la que eran portadores los invasores indoeuropeos que penetraron en la India.
Fiel a la postura estética del grupo Nuevo Signo, la efectividad en los versos de José Luis Villatoro viene de una sinceridad y una elegancia verbal que nace del adjetivo preciso, colocado en el sitio correcto.
La tercera colección de los Vedas es el Sama-Veda; está estrechamente vinculada al Rig-Veda y constituye una especie de manual para el culto, pues sus himnos estaban destinados a cantarse durante los sacrificios.
Es un rico conjunto de ritos domésticos, himnos nupciales y funerarios, fórmulas de conjuros contra enfermedades, de expiación de pecados, de conservación del amor, etc.
El poema evoca a Rumiñahui retando al invasor, recordándole la superioridad numérica y la fortaleza de su tribu y cómo, tras su muerte, su espíritu sigue ahí.
El Atharva Veda, uno de los libros sagrados de la India, nos ha llegado en dos recensiones, la de la escuela de los Shaunakiyas y la de la escuela de los Paippaladas.
Toda su obra es un profundo, vigoroso y sostenido grito de combate colectivo.
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Escrito por Tania Zapata Ortega
Correctora de estilo y editora.