“Dos linajes solos hay en el mundo, como decía una agüela mía, que son el tener y el no tener”: Miguel de Cervantes.
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Fábrica oscura es un concepto que se usa para designar a una instalación de producción altamente automatizada y que opera con una mínima o nula intervención humana por largos periodos de tiempo. Estas fábricas usan robots autónomos para realizar los procesos de la producción y están integrados con inteligencia artificial y machine learning (que aprende patrones a partir de datos y realiza predicciones o decisiones sin ser programada explícitamente para cada tarea) para optimizar los procesos, predecir los fallos y tomar decisiones en tiempo real. A diferencia de las fábricas comunes no necesita de obreros en sus instalaciones para producir, por lo que opera en total oscuridad, razón de la que deriva su nombre: fábrica oscura. Las fábricas oscuras representan un asombroso grado de desarrollo del progreso técnico y de las fuerzas productivas. Por ello, explicaremos grosso modo el progreso técnico y después algunas cuestiones sobre las fábricas oscuras.
La organización de la producción en la sociedad actual es privada, organizada por capitalistas en fábricas donde reúnen medios de producción y obreros para producir mercancías con el único objetivo de obtener ganancias al final de cada proceso de producción. Dado que todos los capitalistas están tras la máxima ganancia, buscan los métodos de producción más eficientes para incrementar la cantidad de mercancías producidas. Un indicador de la cantidad de producción es la productividad, es decir, cuántas mercancías se producen en una unidad de tiempo (hora, día, semana). Ahora bien, cuando se realizan cambios en el proceso de producción y aumenta la productividad del trabajo, se habla de progreso técnico.
La implicación del progreso técnico en la constitución del valor de las mercancías es la siguiente: dado que la nueva forma de producción provoca que el trabajo sea más productivo, cada unidad de tiempo, por ejemplo, una hora, produce más mercancías que antes, el trabajo que se incorpora a cada mercancía es menor que antes. Simplificando mucho, y dado que la unidad de medida del valor de las mercancías es el trabajo, la proposición anterior significa que con el progreso técnico el valor de cada mercancía producida es menor. Este progreso presenta una contradicción: mientras aumenta la cantidad de mercancías producidas en una unidad de tiempo, disminuye el valor de cada unidad de mercancía producida.
Ahora bien, pasemos a un caso. Supongamos que, en el sector textil de México, con la tecnología e intensidad de trabajo actuales, se necesitan cinco horas para producir una camisa; en esas circunstancias, una empresa innova una tecnología que reduce el tiempo a tres horas. Dado que el valor de la mercancía está determinado por el trabajo socialmente necesario para producirla y éste está dado por la tecnología promedio de ese sector, significa que la empresa innovadora lleva ventaja de dos horas a las demás empresas que producen con la tecnología promedio. Esta situación conduce a que la mercancía que produce la empresa innovadora tenga menos valor que el promedio del sector o el valor social, y la diferencia entre el valor individual de la empresa innovadora y del valor social se considera como plusvalía extraordinaria que obtiene la empresa innovadora. Es decir que en el sector la empresa innovadora obtiene más ganancias que las demás empresas que usan la tecnología antigua. Es, pues, dice Marx, el incentivo de esa ganancia extraordinaria lo que conduce en el capitalismo a un progreso técnico constante y acelerado.
La competencia intensa y continua entre capitalistas es una de las principales características del capitalismo. En esta competencia prosperan los que pueden obtener las ganancias más altas y una de las formas más seguras de hacerlo es reduciendo costos, por lo que en el corazón del capitalismo es incesante la búsqueda de métodos de producción que los reduzcan. En esa reducción de costos, dado que el trabajo es un insumo clave y costoso, existe un fuerte incentivo del capital para buscar y adoptar métodos de producción que utilicen menos trabajo. A esa exigencia responde el desarrollo tecnológico, por ello es frecuente que se sustituya mano de obra por máquinas.
La sustitución de obreros por máquinas conlleva a un problema que, visto de forma global, dado que todos los capitalistas buscan introducir más máquinas y menos mano de obra, la relación entre el capital variable y el capital constante se desplaza hacia este último. Para ser claros, el capital variable es la mano de obra, el capital constante es la parte del capital invertido en medios de producción –máquinas, herramientas, edificios, etc.– que no cambia su valor en el proceso de producción, sólo transfieren su valor a las mercancías, pero no crean nuevo valor, pues esa creación sólo la hace posible la fuerza de trabajo del obrero. Ahora bien, dado que la relación que se establece entre el capital variable y el constante en la producción es lo que determina la tasa de la ganancia, se puede determinar de forma clara que: a mayor capital constante, menor será la tasa de ganancia, si la plusvalía no crece en igual proporción. Esto nos conduce a concluir que en la medida en que el capital busca hacer crecer las ganancias con el aumento del capital constante, de forma global, la ganancia se reduce. A esto, grosso modo explicado, es lo que Marx denominó: ley de la caída tendencial de la tasa de ganancia.
La conclusión más importante es que si la tasa de ganancia tiende a caer por la lógica de competencia y cambio tecnológico se espera que esta dinámica lo lleve a su ruina. Para ser más precisos, en la medida en que hay progreso técnico, que es una fortaleza innegable del capital, también se presenta su contraparte, pues con ello crea las condiciones para disminuir las ganancias. Este análisis lo hizo Marx a mediados del Siglo XIX y el dinamismo y lógica del capital sigue un curso sorprendente de desarrollo.
Imaginar una fábrica que funciona 24 horas los siete días de la semana, sin luz para la iluminación porque no tiene obreros, sólo máquinas realizando tareas precisas y mecánicas repetidamente, que no necesita aire acondicionado, ni salas de descanso, ni cafeterías, ni baños, parece una historia de ficción, pero éstas son una realidad y, aunque son incipientes, están a punto de comenzar a revolucionar de forma sorprendente la producción industrial. De acuerdo con los apologistas de las fábricas oscuras, en ellas existen beneficios y algunos retos.
Los “beneficios” son: 1) un aumento de la eficiencia y productividad, porque tienen capacidad para producir 24/7 sin verse afectadas por descansos, vacaciones o bajas por enfermedad; 2) no necesitan estar ubicadas en zonas donde esté garantizada la afluencia de mano de obra, lo que significa que pueden establecerse en zonas donde los precios de los terrenos son más bajos o entornos más atractivos; 3) pueden ahorrar costos en energía, dicen, porque no necesitan iluminación o calefacción; 4) dadas las ventajas 1, 2 y 3, pueden disminuir costos operativos porque no existen tareas administrativas, un beneficio especialmente destacado en áreas con altos costos laborales; 5) el mínimo de trabajadores necesarios mejorán su seguridad, pues no participan directamente en la producción, sino sólo en tareas de supervisión y muy pocas veces asistencia; y, 6) todo esto puede conducir a una mejora de la calidad y el rendimiento, pues las máquinas altamente especializadas, supervisadas por una nueva generación de sistemas de información industrial integrados funcionan con una eficiencia inalcanzable para el ser humano, además de ofrecer recomendaciones relevantes al operador para evitar errores o apoyar la toma de decisiones. ¡Qué maravilla, pues, la producción de ensueño para todo capitalista, sin trabajadores o reducidos al mínimo!
De los retos: 1) el gasto de capital para construir una fábrica oscura es alto, ya sea que se modernice una ya existente o se inicie desde cero; 2) existe una barrera tecnológica porque no todo el mundo está capacitado tecnológicamente; para hacerlo se requiere IA, machine learning, red 5G, robótica, etcétera; y, 3) es necesario contratar trabajadores altamente capacitados para diseñar, instalar, mantener y operar los sistemas que harán funcionar estas plantas, pero no es fácil formarlos, se necesitan años de capacitación.
Lo anterior significa que, ¿el progreso técnico y las fábricas oscuras son malas? No. Éstas son herramientas, intrumentos, métodos, que el hombre ha creado para producir los bienes que necesita para reproducir su existencia biológica. Lo malo es que ese progreso técnico está en manos de una minoría que busca obtener ganancias privadas a pesar de que la producción es cada vez más social. La solución está en poner esa técnica y los frutos de la producción en manos de las mayorías sociales. Ése es el reto de nuestro tiempo.
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Escrito por Rogelio García Macedonio
Licenciado en Economía por la UNAM.