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Brasil Acosta Peña
División
México está dividido. Desde la época de los aztecas, los pueblos se dividieron; y cuando llegaron los conquistadores se dividieron aún más.


México está dividido. Desde la época de los aztecas, los pueblos se dividieron; y cuando llegaron los conquistadores se dividieron aún más; pues los conquistadores utilizaron como herramienta las disputas internas y se aliaron con los totonacos y los tlaxcaltecas, sin los cuales los españoles no habrían podido triunfar. A su vez, en la época de la Independencia de México surgió también la división entre posiciones progresistas como la del cura Miguel Hidalgo y Costilla y la de María Morelos y Pavón, Ignacio Allende, entre otros líderes; y, por el otro lado, las posiciones conservadoras del Virrey de la Nueva España: Francisco Javier Venegas y, por parte del ejército realista, Félix María Calleja.

Más tarde, durante la Reforma, hubo una división entre liberales y conservadores. En el bando de los liberales estaban grandes hombres como Benito Juárez, Vicente Riva Palacio, Ignacio Ramírez, Ignacio Manuel Altamirano, Melchor Ocampo, entre otros intelectuales. Por el otro lado: Lucas Alamán, Félix Zuloaga, Miguel Miramón, Juan N. Almonte, entre otros seguidores.

Durante la Revolución Mexicana, las cosas no fueron diferentes: los bandos que defendían los intereses de los ricos, de los terratenientes, de los capitalistas y los que defendían los intereses de los campesinos y los obreros, estaban divididos. Los había defensores del porfirismo y quienes estaban a favor de la “democracia”, aunque más bien a favor de los poderosos, como fue el caso de Madero quien, en el momento decisivo, no repartió la tierra y eso provocó que Zapata iniciara la guerra de nuevo con su Ejército Libertador del Sur, pero ahora ya no del lado de Madero, sino contra Madero mismo. La lucha de clases se reflejó más tarde a través de divisiones por el poder: mataron a Villa y a Zapata a traición, lo mismo que a Madero. Carranza, Obregón, Victoriano Huerta, pugnaron también por el poder. Pues bien, esta división sigue presente hasta el día de hoy entre liberales y conservadores; pero, como escribió Hegel, “la historia y los personajes parece que se nos presentan dos veces”, aunque –afirmó Marx– a Hegel le faltó decir que una vez como tragedia y otra vez como farsa. Hoy es una farsa, pues el bando de los liberales está muy mal representado por Morena y concede al bando de la extrema derecha que se abra paso y en un futuro tengamos un Milei en México, lo que resultaría muy peligroso.

Pues esa división se nota en las movilizaciones del pasado 15 de noviembre, en diferentes ciudades de México, pero particularmente la que se realizó en el Zócalo de la Ciudad. Estas movilizaciones de protesta fueron convocadas con el membrete “Generación Z México”. En su convocatoria, los manifestantes pedían alto a la violencia y alto a la inseguridad en el país (pues hubo conmoción en nuestro país después de la muerte de Carlos Manzo, presidente municipal de Uruapan); combate a la corrupción, justicia y revocación de mandato, alto al “narcogobierno”. Coincidieron en las marchas dos movimientos más: la Marcha de Bata Blanca, de médicos y enfermeras que exigen mejores condiciones de salud y el Movimiento del Sombrero, en alusión a la figura de Carlos Manzo Rodríguez, que siempre portaba un sombrero de Sahuayo de Morelos, Michoacán.

La realización de las marchas es un derecho constitucional que debemos respetar, la legitimidad de las marchas llega a cuestionarse por aquellos cuyos intereses se ven afectados y logran así, en muchas ocasiones, reducir su impacto o llevar la discusión a otros terrenos que no tienen que ver con las demandas legítimas planteadas. Nuestra experiencia nos lo revela permanentemente. Cuando el Movimiento Antorchista realiza una movilización, de inmediato se desencadena una cascada de ataques en diferentes medios señalando que se trata de una marcha con gente obligada a ir, o bien gente que fue pagada para asistir, o bien, que se creó un caos vial terrible, lo que afectó a terceros, o que fue una marcha violenta; cuando eso no fue así (tenemos el caso de que en una publicación de Televisa, con López Dóriga se pusieron imágenes de jóvenes vandalizando automóviles y comercios, pero que no correspondía con la marcha realizada por Antorcha, pues las imágenes pertenecían a la marcha del dos de octubre y la nuestra no había sido realizada en esa fecha hace algunos años atrás); por ende, ante la movilización de la que hablamos en este artículo, ya circulan versiones encontradas sobre la violencia en la marcha, sobre si había provocadores puestos por el propio gobierno para descalificar la marcha, etc.

Es verdad que en el ambiente hay zozobra, descontento y ello se debe a que el gobierno no ha estado haciendo bien las cosas y la gota que derramó el vaso fue la muerte de Carlos Manzo. En esta coyuntura y después de que la nueva Corte confirmara a Salinas Pliego un pago de más de 30 mil millones de pesos, algunos han difundido que la respuesta es una venganza contra la 4T. No lo puedo afirmar ni negar, pero sí puedo decir que hubo sectores movidos por los intereses de Estados Unidos que convocaron activamente a la movilización, de lo cual se deduce que se pretende hacer una “Revolución de colores” en México. Una de las organizaciones convocantes fue “Atlas Network”, patrocinada por Pfizer, Procter & Gamble, Shell, Phillip Morris (una de las casas tabacaleras más grandes del mundo, entre otros corporativos).

Las organizaciones que en México se relacionan con “Atlas Network” son: proyectos vinculados a empresarios como Caminos de la Libertad, fundación impulsada por el Grupo Salinas; otra más es Conciencia Nacional por la Libertad Religiosa (asociación de ultraderecha que promueve diálogos interreligiosos), entre otras instancias privadas.

No cabe duda que la ultraderecha está detrás de las movilizaciones, pero tampoco cabe duda de que eso no le conviene a México. Para acabar con esa división hace falta que el pueblo se levante, tome consciencia y luche para tomar el poder político y llamar a la unidad. Es el momento de hacerlo y no nos queda otra alternativa. La división nos va a llevar a la derecha extrema que es muy peligrosa: regresemos a ver la historia de la humanidad: Hitler, Mussolini, etc.

Que la coyuntura sirva no para confundirnos, sino para consolidar un punto de vista auténtico sobre la necesidad de que los trabajadores tomen las riendas del país, lo unifiquen y combatan la división y todos los males que aquejan a nuestra nación. Ése es el reto y la tarea. 


Escrito por Brasil Acosta Peña

Doctor en Economía por El Colegio de México, con estancia en investigación en la Universidad de Princeton. Fue catedrático en el CIDE.


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